La expansión de la vacuna: la Real
Expedición Filantrópica de la Vacuna
En España la
lucha contra el Covid 19, es apoyada con la “Operación Balmis”, desde el
Gobierno y el Mº de Defensa. Por otra parte, en todo el mundo se está buscando
con audacia la vacuna contra esta nueva, silenciosa y traicionera enfermedad,
SARS-CoV2 [Severe Acute Respiratory Syndrome (Síndrome Respiratorio
Agudo Grave) Coronavirus 2], provocada por este patógeno zoonótico (que
proceden de animales).
Por lo
pertinente del caso en la actualidad comentaremos del Dr. Balmis un par de sus
trabajos: la traducción y difusión del Tratado histórico práctico de la
vacuna del año 1803, y el Reglamento de orden de S. M. para que se
propague y perpetúe la Vacuna en Nueva España, de 1810.
Hasta hace
pocas fechas Balmis era conocido principalmente en ámbitos sanitarios y en su
tierra, Alicante. Ahora es un poco más conocido, incluso entre los que no están
relacionados ni con el ejército ni con la sanidad. El doctor Balmis, fue
cirujano y médico militar, profesor de medicina y académico, vivió a caballo
entre los siglos XVIII y XIX.
Para quien no
lo sepa, este personaje, que tal vez debería ser considerado como un referente,
casi un héroe en nuestro país, dirigió una gran hazaña sanitaria y de salud e
higiene pública, nunca realizada hasta aquel momento. Se podría decir que no se
ha vuelto a repetir en la historia: la Real Expedición Filantrópica de la
Vacuna, entre 1803 y 1806, y su continuación entre 1810 y 1813.
Gracias al Dr.
Balmis, a su tesón y cabezonería; y gracias, también, a Isabel Zendala y al Dr.
Salvany, se puso remedio a un gran mal que asolaba al ser humano: la viruela.
Sí, por la tenacidad, firmeza y empeño de este equipo, y sus ayudantes en la expedición,
gracias al apoyo del primer ministro Manuel Godoy y la financiación de la
Corona española de aquel tiempo, que estaba sobre la cabeza de Carlos IV.
Con estas
premisas los científicos y sanitarios españoles llevaron la salud a las tierras
americanas, a Filipinas, a China, a Macao, incluso a algunas localizaciones
británicas. Sí, amable lector, Balmis, firme partidario de las teorías de
Edward Jenner, difundió la vacuna contra la viruela, no solo por tierras
hispanas, sino, también, a nivel, digamos mundial; pues, a partir de la llegada
del fluido vacuno a Sudamérica y al sur de Asia, la vacuna fue extendida por el
planeta. Balmis la llevó, en su regreso a la Península Ibérica, a la isla
británica de Sta. Elena en el Atlántico sur.
La literatura
científica que podemos recopilar respecto a esta importante hazaña se ve
complementada por las novelas históricas que enriquecen el tema. Ciertamente
los artículos científicos y las monografías nos cuentan la verdad de los hechos
acaecidos de una forma erudita y académica. Pero una ficción novelada de los
sucesos del pasado puede ofrecer una lectura atractiva de las circunstancias de
aquellos sucesos. La ciencia histórica debería ser explicada de forma objetiva,
verídica y, además, sugestiva y sugerente, ya que la investigación del pasado
nos proporciona interesantes sorpresas.
Hoy nos hemos
de ocupar de los escritos del Dr. Balmis, pues queremos subrayar, con esta mini lectura para la historia de la sanidad,
la relevancia de las vacunas en la historia del ser humano.
Contra la
viruela, ¡por fin!
En otra
ocasión hablaremos de la importante labor de Isabel Zendala y del Dr. Joseph
Salvany. Se han escrito numerosos trabajos acerca de la misión y vicisitudes de
estos dos importantes personajes de la historia de nuestro país. De Zendala se
ha dicho que es la “primera enfermera de la historia de la medicina hispana que
(en la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna) acompañaba, entretenía y
serenaba… a los niños en las largas travesías marítimas…” (Ramírez, 2004, 35-36).
A su vez, el Doctor Salvany realizó un importantísimo trabajo de sanidad
pública en sus periplos por diversos territorios de Sudamérica extendiendo la
vacuna contra la viruela, obviamente, en estos países es considerado un glorioso
personaje.
Hemos de
indicar que en España la terapia de Jenner tuvo, durante el siglo XVIII,
poderosos detractores, como Vicente Ferrer Gorráiz Beaumont, profesor de
filosofía y teología y director del Real Gabinete de Historia Natural*; también
el profesor de medicina de la Universidad de Valencia Andrés Piquer.
(*) Con
argumentos un tanto más teológicos que científicos y sanitarios: La Razón
instruida, contra la inoculación justificada. Disertación teológico-médica, en
que se demuestra ser inútil, perjudicial y poco segura en conciencia, la
inoculación de las viruelas. Este autor, utiliza con frecuencia razones religiosas más que científicas o
sanitarias para oponerse a estas terapias: la inoculación y la vacuna.
La traducción del Tratado…, de
Moreau de la Sarthe
Seguidamente
leeremos algunos párrafos de la traducción que el Dr. Balmis hizo del libro Tratado histórico práctico de la vacuna,
del francés Jacques-Louis Moreau de la Sarthe, profesor de medicina y segundo
bibliotecario de la Escuela Médica de París.
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| Tratado histórico y práctico…, ilustración y portada (edición de 1803) |
Ya en las
primeras páginas del prólogo los argumentos científicos de las propiedades de la vacuna se mezclan con
una especie de consignas publicitarias contra los detractores de la vacuna y
contra los que apoyaban la denominada “falsa vacuna” (denominada así porque al no haber sido adecuadamente
conservada perdía sus propiedades y su capacidad de inmunizar). Y colaborar al
mantenimiento de una sociedad fuerte, sin enfermedad y productiva: «… y útiles brazos que puedan
emplearse en beneficio de la patria…» (Balmis,
prólogo, p. XXVII)
«… la divina
Providencia, compadecida del género humano, ha manifestado en nuestros días el
nuevo descubrimiento del cowpox
o viruelas de las vacas en Inglaterra, para libertarle del cruelísimo azote de
las viruelas por medio del inmortal Dr. Jenner, a cuyo zelo -sic- y
genio observador se debe el conocimiento, propagación y confirmación de este
nuevo hallazgo…» (Balmis, prólogo, p. IX)
“… esta saludable operación…”
«Este feliz descubrimiento, que los Franceses
acordaron llamar vaccine, y nosotros vacuna, por ser esta la formación
más análoga, derivándola de vaca como decimos ganado vacuno, y de aquí vacunar,
vacunado, vacunación &c. (etcétera)
liberta para siempre del contagio
varioloso a los que se la inxertan –sic-:
no es contagiosa por el ayre –sic- ni
por contacto: es tan benigna que no merece el nombre de incomodidad: no produce
por lo común erupciones, ni más granos que uno en cada picadura, por donde se
le inxiere-sic-: puede usarse sin el
menor inconveniente en todas edades y estaciones, en qualesquiera –sic- circunstancias, por más tiernos y delicados
que sean los niños… Estas ventajas están ya tan comprobadas y sancionadas, que
solo el egoísmo, la ignorancia y preocupación intentarán rebatirlas, mayormente
después de la publicación de este tratado
histórico y práctico de la vacuna…
»… Por falta de estos conocimientos vemos en el
día vacilante el crédito de esta saludable operación en la corte… citando
exemplares –sic- falsos para impedir que se extienda esta saludable práctica… si la
verdad no fuera bastante por sí misma para triunfar y distinguirse en medio de
las sombras con que intentan obscurecerla…
»La salud de los hombres es demasiado
interesante para que nos empeñemos en sostener lo que es perjudicial. Los
profesores honrados no deben dexarse -sic- llevar jamás del espíritu de partido… (Balmis, prólogo, pp. XIII-XIV)
La falsa vacuna y la verdadera vacuna
«El humor vacuno es muy susceptible de alterarse prontamente, y de
degenerar en pocos días. Si se expone al ayre –sic-se
seca fácilmente, y sin perder su trasparencia adquiere la dureza del vidrio: se
vuelve quebradizo, y se pega como un barniz a la substancia sobre que se
aplica, de la que se desprende con la mayor facilidad: por lo común oxida al
hierro, con lo que padece una descomposición que le hace mudar su naturaleza, y
en todos los casos suele ocasionar una enfermedad particular, que los prácticos
llaman falsa vacuna, la que de ningún modo goza de la propiedad
preservativa contra las viruelas…; y así siempre que se inocula con aquel pus
seco y degenerado, o que la persona vacunada
haya padecido anteriormente las viruelas, se presenta la falsa vacuna…» (Balmis,
prólogo, p. XV)
«… es necesario extraer el fluido en su debida sazón del grano de un
vacunado que le halle presente con todos los caracteres de la verdadera vacuna,
que es lo que llaman vacunar de brazo a brazo…» (Balmis, prólogo, p. XVII).
«En la verdadera vacuna no se manifiesta por lo común síntoma alguno de
indisposición general ni local hasta después de cumplidos los tres o quatro
–sic- días primeros de la operación…»
(Balmis, prólogo…, p. XVIII)
“… Madres sensibles, no os dexeis llevar…”
«… Madres sensibles, no os dexeis –sic- llevar de
los rodeos que ha inventado la ignorancia y preocupación: aprovechaos de este
beneficio que nos ha concedido el cielo para libertar a vuestros tiernos hijos de tan devoradora
plaga: apresuraos a vacunarlos, y a ponerlos a cubierto de un enemigo tan
cruel…» (Balmis, prólogo, pp.
XXII-XXIII)
«… Vosotros los que aún despreciáis este feliz
descubrimiento, y priváis a vuestros conciudadanos de su beneficio por el temor
y desconfianza que les infundís, declamando injustamente, y abusando de la
confianza que os dispensa el público, acercaos a ver, y admirad el prodigioso e
inesperado eficaz remedio preservativo contra una enfermedad, cuyas víctimas
habéis presenciado tan repetidas veces...» (Balmis, prólogo, pp. XXIII-XXIV)
«… Contribuid a que se cumplan las miras de nuestro sabio gobierno, que a
imitación de todos los de Europa desea
la propagación de esta saludable práctica por todos los dilatados dominios españoles,
ansioso de ver aumentado el número de robustos y útiles brazos que puedan
emplearse en beneficio de la patria, en vez de verlos convertidos en
débiles y tristes objetos de terror y compasión…» (Balmis,
prólogo, pp. XXV-XXVII)
«… Es evidente que ya no puede disputarse racionalmente sobre las
ventajas de la vacuna, y la cuestión es saber si esta práctica debe reemplazar
a la antigua inoculación que está enteramente decidida por la observación y la
experiencia…» (Balmis, prólogo, p. XXX)
Las palabras de Moreau y Jenner en versión de
Balmis
«… He creído pues poder dar al objeto de estas
consideraciones el título de propagación de la vacuna en los continentes…
»… Según la relación de muchos historiadores y
de diferentes viajeros –sic-, inoculaban desde tiempo inmemorial en las orillas del mar Caspio, en
aquel país de bellezas, la Circasia y Georgia. Se inoculaba entre las tribus de
los Tártaros, Turcomanos y Árabes, en las orillas del Eufrates, Tigris, más
abaxo –sic- de Bagdad, en las inmediaciones de Bassora, en Armenia &c (etcétera)…
»… Pero en Europa no se conoció la inoculación
hasta que Timoni *, médico en Padua, que la había visto practicar en
Constantinopla, y aun practicado él mismo durante su residencia de ocho o diez
años en aquella capital, hizo conocer sus ventajas, y modo de obtenerlas, en la
carta que dirigió al Doctor Woodvar en 1713, la qual –sic- se conserva
en las Transacciones filosóficas, núm. 339…
(*) Emanuel Timoni. Un documento de este sabio,
escrito en 1713, y traducido del latín, en una sesión de la Royal Society de Londres en 1714, recoge
por primera vez el término “inoculación” como terapia contra la viruela.
(Tuells y Ramírez, 2006, s/p).
»… Las Circasianas acostumbran desde tiempo
inmemorial inocular a sus hijos a los seis meses de edad, haciéndoles una incisión en el brazo, en la que
inxieren –sic- una pústula, que ellas
cuidadosamente han quitado del cuerpo de otro niño…
»… Aunque la inoculación fue tan bien recibida
desde luego en Inglaterra, y practicada baxo –sic- los más
felices auspicios, sin embargo, se vio después despreciada y proscripta como en
Francia, de modo que desde 1729 a 1738 llegó a estar casi abandonada…» (Moreau, Introducción al libro V, p. 105-108)
“… verdaderos amantes de la humanidad… Propagación de la vacuna en
general.”
Destacaremos en este apartado algunos de los impulsores de las vacunas contra
la viruela; experiencias que, posteriormente, dieron pie a nuevas
investigaciones para los tratamientos profilácticos frente a otras
enfermedades.
La difusión de la información, allá por el siglo XVIII y comienzos del
XIX, era, efectivamente, rápida. Los barcos con su continuo trasiego de
mercancías, personas e información dieron a conocer de forma temprana las
experiencias británicas del cowpox de Edward Jenner. Así, nos informa
Moreau que los bibliotecarios de la British Library «… fueron los primeros que dieron conocer el
descubrimiento de la vacuna, y los que la anunciaron a los sabios del
continente, que estaban admirados del resultado de los experimentos de Jenner…»
(Moreau, p. 118)
«… Entre
los médicos, verdaderos amantes de la humanidad, que contribuyeron mucho a
repetir y a confirmar estos experimentos, fue el Dr. de Carro, médico
ginebrino, avecindado en Viena… (Moreau, p 119)
Uno de los personajes que con su
espíritu investigador e innovador fue de los primeros que introdujo la vacuna
en España, para beneficio de sus pacientes, fue el doctor Francisco Piguillem i
Verdacer, que inoculó de manera preventiva a niños de Puigcerdà la “linfa que
le acaba de llegar de París” y después continuó la campaña de vacunación por
las poblaciones de la Cerdaña, Vic, e incluso la ciudad de Barcelona. Tradujo
el libro de François Colon, Ensayos sobre la vacuna. Esta obra del
médico catalán fue censurada por el doctor Ruiz de Luzuriaga, quien,
curiosamente poco después cambió de opinión y fue un destacado defensor de esta
terapia preventiva. (¡Cosas de la vida!) También publicó el Dr. Piguillem un
conjunto de cartas a su esposa sobre las experiencias con la vacuna, bajo el
título de La vacuna en España o cartas familiares sobre esta nueva
inoculación, Barcelona: Sierra y Oliver Martí, 1801. (Fuente: www.mcnbiografías.com)
Balmis y la
Real Expedición Filantrópica de la Vacuna
La Real
Expedición Filantrópica de la Vacuna (1803-1806), atravesó el Atlántico para
llevar la vacuna de la viruela a tierras americanas en la corbeta María Pita;
entre sus pasajeros había 22 niños (los niños “vacuníferos), al cargo de Isabel
Zendala. Después continuó por el océano Pacífico a tierras asiáticas, llevaban
la vacuna desde Centroamérica a Filipinas, China y Macao; para después regresar
a la península Ibérica bordeando África. El doctor Joseph Salvany, segundo
médico de la expedición, quedó en tierras sudamericanas extendiendo la vacuna
por las diversas posesiones hispanas.
Estos
personajes “estaban haciendo historia, historia médica, historia de salud
pública, historia a nivel planetario” (Angulo, 2014, s/p)
La expedición
salió del puerto de A Coruña el 30 de noviembre del año 1803, concluyendo está
primera parte del viaje el 14 de agosto de 1806. Primero hizo escala en la isla
de Tenerife el 6 de enero de 1804 y llegaron a Puerto Rico el mes de febrero de
este último año. A continuación, la expedición realizó un periplo por todas las
tierras que bordeaban el mar Caribe: Venezuela, Cuba, Nueva España (México).
El despliegue
de medios materiales y humanos fue muy importante para esta hazaña: más de cien
niños (aunque solamente tres niñas), cinco barcos, el personal de mar, médicos
y practicantes. Algunos expertos califican esta expedición como “una campaña
de salud pública de proporciones gigantescas, la primera expedición sanitaria
de carácter mundial, el primer programa oficial de vacunación masiva realizado
en el mundo y la primera campaña intercontinental de educación sanitaria”
(Ángulo, 2014, s/p). Recordemos que Balmis llevo más de 500 ejemplares de su
traducción del libro de Moreau de la Sarthe para el conocimiento completo de la
terapia de la vacuna.
Balmis volvió a tierras
americanas en 1810, con el documento del que transcribimos unas líneas a
continuación. Se trata de una nueva fase de este gran evento sanitario: la Real
Expedición Filantrópica de la Vacuna.
Reglamento
de orden de S.M. para que se propague y perpetúe la Vacuna en la Nueva España.*
(*) curiosidad
histórica: bueno, aún no está claro si fue por mandato del rey Carlos IV (rey hasta 1808),
Fernando VII (en mayo de 1808 y de 1814 a 1833), o José I Bonaparte (entre 1808 y 1813). En este último caso dudamos que Balmis fuera comisionado por este rey, pues fue un firme opositor a este monarca "intruso".
«Art. 1º El
cargo de propagar y perpetuar la vacuna en Nueva España, estará baxo -sic-
la inmediata protección de los Intendentes de Provincia o Gobernadores,
auxiliados por dos Facultativos que se nombrarán para executar -sic- las
operaciones, y dirigir esta nueva práctica baxo -sic- las prevenciones
siguientes…» (Balmis, Reglamento…, s/p.)
En este breve
reglamento se estructura con una absoluta claridad la intención del gobierno
hispano de propagar y difundir la vacuna en Nueva España. Contiene breves,
sencillas y claras máximas con publicidad; datos muy comprensibles de la
efectividad, propiedades y beneficios de la vacuna; un detalle muy importante
al comienzo, pues en el artículo 2 se indica que la intención es “… vacunarse
gratuitamente…” a toda la población.
En varios
artículos se apuntan ya directrices de estadística epidemiológica, para futuros
estudios y consideraciones, señalando cómo se deben registrar las vacunaciones «…y anotar en un libro todas las
particularidades dignas de atención… con lo que se llegará a formar un cuerpo
de Doctrina de la vacuna en América…». También en este documento se
manifiestan indicaciones para ejecutar las vacunaciones “de brazo a brazo”,
siendo el método más eficaz que otro sistema de conservación, y mantenimiento
en buenas condiciones de uso.**
(**) Los
subrayados de los párrafos que siguen, transcripción del documento referenciado,
desean, mediante un pequeño esfuerzo de imaginación, pensar y hacer una somera
comparación con la situación que actualmente estamos viviendo en España con la
pandemia del coronavirus (CoviD 19).
«2. Cada
Intendente o Gobernador elegirá una pieza decente y cómoda de su alojamiento, a
donde concurra el público a vacunarse gratuitamente el día que
corresponda cada semana y que señalen los Facultativos, el qual -sic- se
anunciará con anticipación por carteles en los parages -sic- públicos
acostumbrados.
»3. El acto
de vacunación pública, la autorizará con su presencia el
Intendente o Gobernador, que mandará observar el buen orden y decoro que es
debido a un acto tan benéfico, al que asistirán dos Profesores
comisionados, para anotar en un libro todas las particularidades dignas de
atención, y que merezcan darse al público a su debido tiempo, con lo que se
llegará a formar un cuerpo de Doctrina de la vacuna en América.
»4. Siendo
la vacunación de brazo a brazo, el medio más seguro de conservar en toda su
eficacia el fluido vacuno, y con el fin de que no falten personas que
vacunar… se tendrá cuidado en no admitir más número que el que por un cálculo
prudencial corresponda a los que nacen en un año…
»5. Para
asegurar el feliz éxito de las vacunaciones, y evitar en lo sucesivo errores que
se han podido cometer, con descrédito de tan saludable práctica, comisionará
el Intendente o Gobernador, a los Alcaldes de barrio donde los hubiere, y donde
no a las personas que merecieran su confianza, para que alternativamente
presente el día de la vacunación el número de individuos que se haya calculado
con respecto a la población, anotando en un libro quantos -sic- se
vacunaren, con expresión de sus nombres, padres, calle, casa y número, y los
males con que se presentan al tiempo de vacunarse, formando lista de ellos…
»6. Como
deba ser del cargo del Intendente o Gobernador, emplear su influxo
-sic- para que se familiarize -sic-, y propague esta
benéfica operación, no solo en la Capital de su residencia, sino en todos los
Distritos de su mundo, pasará los correspondientes avisos a los Justicias, para
que la proporcionen a sus habitantes, y los persuadan y exhorten de su gran
utilidad y ventajas en favor de sus hijos.
»7. Siempre
que se lleve el fluido vacuno a algún Pueblo distante, se hará por medio de un
niño… pues los medios que comúnmente se emplean de transportarlo en
cristales, hilas, agujas, lancetas, y aun en las costras secas de los granos,
son medios insuficientes muchas veces, y han producido falsas vacunas…
»8. Para
uniformar la instrucción de los vacunadores… observarán los preceptos
establecidos en el tratado histórico y práctico, que traduxo -sic-
al castellano el director de la Real Expedición, según el mandado por S. M. y
de lo que se previene en este Reglamento…
»12.
Tampoco deberán tenerla de vacunar*** con el fluido de un grano de personas
enfermas y mal humoradas ****, ni que tengan sarna, herpes, u otro mal
contagioso, aunque sea lepra; por estar bien averiguado por los Profesores de
Europa, y comprobado por la Real Expedición, que este precioso fluido no
participa de ninguna mala qualidad -sic- ni vicios de los cuerpos donde
se extrae, y que se conserva siempre puro e inalterable, sin perder jamás sus
admirables propiedades…
(***) se
refiere aquí a que no hay dificultad ni ningún riesgo para vacunar a aquellas
personas que presentando otras enfermedades puedan ser vacunadas.
(****) persona
que tiene malos humores, referidos a los antiguos conceptos de la sanidad y la
medicina. Véase nuestro anterior trabajo sobre Hipócrates (I): Aforismos y
Pronósticos, Teoría de los 4 humores.
»18. Como
la duración y perpetuidad de la preciosa vacuna, dependa de la sucesión de
vacunaciones que de brazo a brazo deben celebrarse cada semana, cuyas listas
remitidas cada mes como queda mandado, al Exmo. Sr. Virrey, deben obrar en una
mesa de su Secretaría, será del cargo y responsabilidad del gefe -sic- de esta pasarlas todas al Fiscal de lo
civil para su examen, y asegurarse por este medio del exacto cumplimiento
de este Reglamento tan recomendado por S. M.
México 10
de octubre de 1810. = Francisco Xavier de Balmis.»
Bibliografía
-Angulo,
Eduardo. El caso de los niños “vacuníferos”. Cuadernos de Cultura Científica,
2014. En: https://culturacientifica.com/2014/02/24/el-caso-de-los-ninos-vacuniferos/.
Blog de la Cátedra de Cultura Científica
de la UPV/EHU — ISSN 2529-8984 — Editado en Bilbao.
-Balmis F. Reglamento
de Orden de S. M. para que se propague y perpetúe la Vacuna en Nueva España.
México: 1810.
-Moreau de la
Sarthe. J. Tratado histórico Práctico de la Vacuna. (2ª edición).
Traducido por F. Balmis. Imprenta Real; Madrid: 1804.
-Ramírez
Martín SM. El legado de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna
(1803-1810). Asclepio, vol. LVI- I – 2004, pp. 33-61.
-Tuells J. y
Ramírez SM. La introducción de la variolización en Europa (2006). En: https://www.vacunas.org/la-introduccion-de-la-variolizacion-en-europa-histp/2/. Extraído del libro de Tuells J. y Ramírez
SM. Balmis et variola, Ed.
Generalitat Valenciana, 2003.
......................


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