El paso de lo mítico a lo filosófico y científico: Aforismos
y Pronósticos.
De la magia medicinal a la medicina racional
La legendaria tradición nos propone que Asclepio, aunque
dios de la medicina, no era inmortal, Zeus castigó su presunción y su
prepotencia. Era hijo de la ninfa Coronis y del dios Apolo, de quien heredó el
don de sanar y poderes terapéuticos. La diosa Artemisa, a la sazón hermana de
Apolo, mató a Coronis, aún preñada, por haber cometido infidelidad. Y mediante
una cesárea nació Asclepio.
El centauro Quirón, maestro de dioses y héroes, fue
encargado de su educación, le enseñó las propiedades de las plantas medicinales,
el arte y la ciencia de la curación de los cuerpos. El dios Asclepio, aunque
mortal, fue adorado en «templos-sanatorio», por la amplia geografía del mundo
heleno. Incluso tuvo un templo en la isla de Cos, donde Hipócrates fundaría
escuela para la práctica de la medicina.
Asclepio tuvo dos hijos y dos hijas. Los hijos, Macaón y
Podalirio, fueron médicos militares que participaron en la guerra de Troya,
según relata Homero en la Iliada (*). Las hijas, también vinculadas a la
salud fueron: Hygea, que simbolizaba la higiene, y Panacea que representaba el
medicamento que todo lo cura.
El emblema de Asclepio era la vara con una serpiente
enroscada. La vara es un atributo de la profesión médica (en aquella época los
médicos viajaban mucho, eran conocidos como “periodeutas”, que se desplazaban
continuamente, tanto para enseñar sus conocimientos como para aprender otros
nuevos); la serpiente hace alusión al rejuvenecimiento (al renovar
frecuentemente la camisa, la piel).
Rezos y oraciones, ofrendas y sacrificios, rituales y, sobre
todo, fe eran los elementos que amparaban la salud. Confianza en las plegarias
que serían escuchadas por los dioses para que el mal desapareciera, para que el
enfermo sanara. Plegarias apelando a la benevolencia de las “moiras” personales;
o bien contentar con ofrendas, jaculatorias y sacrificios a los démones
(δαíμων, daímon) y a los espíritus malignos y traviesos. Súplicas a los dioses,
tanto domésticos como a los del Olimpo para recuperar la salud. Esta era en
esencia el «sistema internacional de salud» del mundo antiguo, hasta que se
racionalizó la práctica médica desde la ciencia y las cosas del hombre, en su
relación con la naturaleza y el pensamiento filosófico.
(*) La curación de las heridas de guerra impulsó el
desarrollo de la medicina y de la cirugía, a la vez que necesitaba de los
urgentes cuidados de la enfermería.
Filosofía y medicina
Algo empezó a cambiar en el pensar y el discurrir, ¿acaso
fue algo repentino pensar, preguntarse, reflexionar, filosofar y, después, crear
ciencia y técnica? Lo cierto es que de manera convencional se acuerda un
momento y un lugar de la antigüedad en que el ser humano persiguió y encontró
el camino a la razón, al pensamiento, a la sabiduría, que seguidamente
conduciría a más interrogantes que llevaron a la ciencia, a la medicina,
etcétera. «Supieron ver principios naturales donde otros habían visto sólo
fenómenos mágicos» (Martí Ibáñez, cap. 3, p. 7)
Dejaron de ser dioses, demiurgos, moiras y démones
los que otorgaban, o quitaban, el beneficio de la salud, ya no eran los que castigaban con
la enfermedad, sino que comenzaban a ser los hombres, con su saber, con su
experiencia los que sanaban, tras interrogarse y reflexionar sobre las causas
de las dolencias buscando posibles remedios y soluciones. De esta manera, de la
mano de la filosofía, evolucionó, poco a poco, el entendimiento y la
comprensión de la ciencia médica. Con estas ideas dice Martí Ibáñez que «con
Hipócrates el enfermo dejó de considerarse un pecador, y el pecador empezó a verse
como un enfermo…» (Martí Ibáñez, cap. 3, p. 4)
En este orden de cosas nos señala Zozaya que se necesitaba
una filosofía de la ciencia médica hasta que Hipócrates, con sus formas de
hacer, instauró la famosa escuela en la isla de Cos (Zozaya, 8). Estas ideas
nos conducen a que “La medicina clásica griega tuvo su origen en los siglos
VI y V a. C., al confluir interpretaciones racionales de la naturaleza de los
pensadores presocráticos con la experiencia clínica acumulada por «escuelas
médicas», que no eran instituciones docentes, sino grupos de sanadores de
formación artesanal que trabajaban en el mismo lugar” (López Piñero, pp.
67-68). Algo así como que tenían las mismas maneras de practicar la medicina.
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Grupo escultórico de Hipócrates enseñando a sus alumnos.
Isla de Cos. Grecia.
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La sabiduría en medicina floreció en el mundo clásico heleno
junto con otras parcelas del conocimiento científico, artístico, filosófico,
etc. No solo fue importante la transmisión oral de la ciencia médica, sino que
se valoró la gran importancia y el mérito de los libros como vehículo de
comunicación. De esta manera nos explica López Piñero que del conjunto
del Corpus hippocraticum, los libros procedentes de la escuela de Cos, tienen ciertas características que los diferencian de los procedentes de otras
escuelas (**) “por la objetividad y la minuciosidad con las que recogen los
fenómenos que se observan en los enfermos…” (López
Piñero, p. 69); así, la anamnesis que practicaban los médicos de esta escuela
constituía una verdadera historia clínica de los pacientes, para los que se
aplicaban ‘a rajatabla’ las recomendaciones de observar al enfermo «con la vista,
con el tacto, con el oído, con la nariz, con la lengua, con el entendimiento…» (López
Piñero, p. 69), tal y como señalaban los textos hipocráticos. López Piñero nos
muestra otra característica de los libros de Cos, pues en ellos se aprecia el estudio
y análisis de las dolencias relacionadas con el ambiente. De ahí que uno de los
libros destacados del conjunto sea De los aires, aguas y lugares (López
Piñero, p. 69), además de la íntima relación con la teoría de los cuatro
humores.
(**) no olvidemos que el conjunto de libros del Corpus hippocraticum no se debe a la mano de un solo autor ni de una sola escuela de prácticas
médicas.
Los sabios griegos escribieron numerosos libros sobre
medicina. Dieron un gran valor a este medio de comunicación (además de la
enseñanza oral de las lecciones magistrales). Crearon importantes bibliotecas.
El mismo Hipócrates reunió una importante biblioteca privada (“The Greeks
were quite prolific in their medical writings. The value of books as a medium
of communication was increasingly being recognized. Consequently, libraries
grew. Hippocrates, the "Father of medicine," collected a private
library”) (Birchette, p. 303)
Somera biografía del padre de la medicina.
Por muchos es llamado padre de la medicina, Martí Ibáñez lo llama:
Hipócrates, el bueno; y viene a decirnos que, gracias a este sabio, se debe “la
creación de un nuevo tipo de médico humanista y humanitario, consciente de su
misión y destino” (Martí Ibáñez, cap. 3, p. 5).
Nació el 460 a. C. en la isla griega de Cos; y falleció
entre el 380 y el 370 a. C. (otros investigadores alargan la fecha hasta el
351), pero, incluso, hay quien afirma que no existió jamás.
Los elogios de los antiguos atribuían a sus héroes un
acercamiento a la divinidad, y así fue en el caso de Hipócrates, pues lo hacían
descendientes de dos ramas, ciertamente, míticas. Por el linaje paterno sus
antecesores fueron médicos que descendían de Asclepio (Esculapio), llevando de
generación en generación las enseñanzas sanitarias, como dice Zozaya: de su
padre Heráclides de Cos “aprendió los primeros rudimentos científicos” (Zozaya,
p. 6); Hipócrates I es señalado como su abuelo (Reverte Coma, s/pág). Por línea materna su ascendencia llegaba hasta
Heracles (Zozaya, p. 6; Reverte Coma, s/pág.)
Ya se ha comentado que Hipócrates aprendió, primeramente con
su padre Heráclides, Zozaya ilustra aún más dicha formación del sabio, en
primer lugar el ambiente cultural del mundo griego en aquellos años le fue muy
favorable para la educación en general, allí se difundían las ideas de Sócrates,
se conocían los escritos históricos de Tucídides, se declamaban los poemas de
Esquilo y la sabiduría de otros sabios del mundo clásico; además, su progenitor
«… no solo le daba una enseñanza teórica, sino que hacía que le acompañase a
ver a sus enfermos, recibiendo de la realidad las lecciones más provechosas…» (Zozaya,
p. 6).
Dentro de ese espíritu viajero para el aprendizaje de nuevos
métodos curativos, o de enseñanza de sus prácticas, y como médico periodeuta(***),
«… muy joven abandonó su patria y pasó a la corte de Perdica II, rey de
Macedonia… el rey padecía una fiebre lenta y tenaz… ninguno de los médicos
encargados de asistirle acertaban a diagnosticar su dolencia. Hipócrates
sospechó que lo que padecía consistía principalmente en una afección moral.
Entonces observó con tal perspicacia, que averiguó que la presencia de Zila,
dama de la corte, alteraba el pulso del enfermo, aceleraba su respiración y
llevaba alternativamente a su semblante el enrojecimiento o la palidez. Luego
juzgo que solo el amor podría curar mal tan hondo...» (Zozaya, p. 7)
(***) Nos indica Zozaya, en su traducción de los escritos
de Hipócrates, que Platón declara, que
en diversas ciudades Hipócrates difundía sus conocimientos, tanto teóricos como clínicos, y constituían auténticos cursos sobre (Zozaya, p. 10)
Teoría de los 4 humores.
“A Hipócrates y a su yerno, Polibio, se les adjudica una
doctrina que fue muy influyente: la doctrina de los cuatro humores. Tal y como
aparece en uno de los tratados hipocráticos, Sobre la naturaleza del hombre,
esta teoría se basaba en caracterizar a los individuos sobre la base de la
existencia de cuatro flujos orgánicos (humores): sangre, flema, bilis
negra (melancolía) y bilis amarilla (cole)…” (Mingote y Sánchez
Ron, pp. 30-31)
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| Esquema de la teoría humoral y su correspondencia: humores, elementos, órganos, estaciones, propiedades, características y personalidades. (Elaboración propia) |
Las substancias básicas (materias primas, que llamó
Empedocles): los 4 humores, en la cantidad y combinación adecuadas se mantienen
en equilibrio; tienen correspondencia con los 4 elementos; de esa relación se
obtienen propiedades específicas (cotidianas e identificables), que marcan 4
características físicas, en una ilación particular con los 4 (6) órganos del
cuerpo humano. A la vez, cada humor tiene una concordancia temporal con las 4
estaciones; y una estrecha correlación con el temperamento en 4 personalidades.
Como podemos apreciar en estos párrafos, y la imagen que los
acompaña, las enfermedades tratadas por los hipocráticos estaban basadas en una
patología humoral, donde se ponía especial énfasis en el equilibrio de los
elementos fundamentales (aire, agua, tierra y fuego), con los que se asociaba
la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra, y “con un asiento
específico para cada humor en el corazón, hígado, bazo y cerebro,
respectivamente” (Martí Ibáñez, cap. 3, p. 18)
El Corpus Hippocraticum.
El Corpus Hippocraticum es un grupo de documentos
atribuidos a Hipócrates y que influyeron en el desarrollo de la medicina
occidental durante siglos. Pero se sabe que fue después enriquecido por sus
discípulos.
Los escritos que integran la colección proceden de
«escuelas» distintas y de épocas diferentes. La mayor parte de los textos son
de los siglos V y IV a. de C., de las escuelas de Cnido y Cos (en la costa de la actual Turquía). Se caracterizan
por la objetividad y meticulosidad con que recogen los fenómenos percibidos en
los pacientes, las enseñanzas y recomendaciones en el examen y atención al
enfermo, observando todo lo que le rodea para un más exacto diagnóstico y
tratamiento.
La escritura de Hipócrates es armoniosa; según Zozaya, su
estilo es grave y exacto, con frases claras y precisas, su letra es severa y
sencilla, pero elegante, “…el lenguaje de la ciencia tiene sus reglas y sus
bellezas que dan a las obras eminentes el último grado de perfección” (Zozaya,
p. 14).
Los más de 70 tratados del Corpus Hippocraticum se pueden
dividir en cuatro series: 1. Deberes del médico; 2. Filosofía médica; 3.
Higiene; 4. Medicina (Zozaya, pp. 14-15).
La medicina hipocrática destaca por el severo
profesionalismo, disciplina y práctica rigurosa. Los médicos debían ser
limpios, aseados, serios, honestos, tranquilos, comprensivos. En la práctica
clínica era muy importante la observación y la documentación; se debían
registrar los descubrimientos y los métodos utilizados de manera clara para
poder difundir lo aprendido en estas prácticas.
Aforismos y
Pronósticos
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| Portada de la edición de Antonio Zozaya |
Fragmentos de los Aforismos
«17. Un régimen compuesto de alimentos húmedos y jugosos,
conviene a los calenturientos todos, y muy particularmente a los adolescentes o
personas a él habituadas.
«18. Muchas personas necesitan alimentarse una vez al día y
nada más; otras dos veces y algunos mucha o pocas veces y aun dividiendo en
porciones pequeñas. Hay que considerar además el hábito, la estación, la edad y
el clima.
«19. Es la digestión difícil en verano y otoño, muy fácil en
invierno y no tanto en primavera…
...
«21. Durante la crisis, no debe provocarse movimiento alguno
ni con purgas ni otros medicamentos iritantes -sic-, sino que se debe dejar obrar
a la naturaleza…
«23. Es menester purgar y remover los humores, cuando están
cocidos, mas no en estado de crudeza, ni al principio de las enfermedades; a
menos que haya urgencia, lo cual ocurre rara vez…
...
«26. La enfermedad en que el sueño agrava la dolencia es
mortal. Lo contrario sucede cuando se alivia.
«27. Es bueno el
sueño que calma el delirio.
«28. Malos son el sueño o el insomnio excesivos.
«29. Ni la saciedad ni el hambre, ni cosa alguna que exceda
de lo que la Naturaleza quiera, es bueno…
...
«43. Aquellos alimentos que pronto confortan y rápidamente
nutren, pronto también son expelidos…
...
«45. El vino quita el hambre…
...
«59. Peligran menos en las enfermedades aquellos enfermos
cuya dolencia está en relación con su temperamento, edad, hábito y época que
aquellos en quienes esto no sucede…
...
«64. Suelen padecer los ancianos menos enfermedades que los
jóvenes. En cambio, las que les acometen se hacen crónicas y muchas veces
mortales…»
(Zozaya, pp. 29-35)
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| Portada |
Fragmentos de los Pronósticos
«439. Conviene entender que el tener la respiración buena es
de muy grande importancia para sanar de todas las enfermedades agudas, que van
juntas con calentura y se terminan dentro de cuarenta días…
...
«441. Los hipocondrios (****) están muy buenos cuando en
ellos no hay dolor, y además de esto se hallan blandos e iguales, tanto en la
parte derecha como en la izquierda; pero si estuviesen inflamados, o doloridos,
o tirantes, o disconformes, de modo que el derecho diferénciese del izquierdo,
o al contrario, entonces conviene mirarlos con recelo.
(****) Desde el punto de vista etimológico, lugar bajo las
costillas. Desde la perspectiva anatómica, se refiere a los cuadrantes
superiores del abdomen que están bajo las parrillas costales que lo cubren
parcialmente. En: Diccionario médico; https://www.cun.es/diccionario-medico/terminos/hipocondrio
(Zozaya, p. 87)
Bibliografía
-Birchette KP. The History of Medical Libraries from 2000
B.C. to 1900 A.D. Bull. Med. Libr. Assoc 1973; 61(3): 302-308.
-García Gual C. et all. Tratados Hipocráticos I.
Editorial Gredos S.A. Madrid, 1983.
-Littre E. Pronósticos de Hipócrates (traducido y
comentado por Tomás Santero). Imprenta de D. Manuel Pita. Madrid; 1844.
-López Piñero JM. Breve historia de la medicina. 3ª
reimpresión. Alianza Editorial: Madrid; 2008.
-Martí Ibáñez F. La Epopeya de la medicina.
-Mingote A. y Sánchez Ron JM. Una historia de la
medicina. De Hipócrates al ADN. Crítica; Barcelona: 2013.
-Pozuelo Reina A. DE ANTIQUIS LIBRIS SANITATE. HIPÓCRATES:
Epidemias, Aforismos y Pronósticos. (Sobre los libros antiguos para la salud.
Imágenes, textos e historia). [Exposición]. DOI: 10.13140/RG.2.2.20733.67044
-Pozuelo Reina, Ángel, “Literatura médica antigua, medieval
y renacentista: entre la magia y la razón, misterio y evidencia, ciencia y
creencia”, Revista Historias del Orbis Terrarum, Anejos de Estudios
Clásicos, Medievales y Renacentistas, ISSN 0718-7246, vol. 16, Santiago, 2018,
pp.54-90.
-Vega C. Pronósticos de Hipócrates. G. y M. Beringos
impresores. Lyon. 1551.
En: https://books.google.es/books?id=UTBmslEu24YC&printsec=frontcover&dq=Liber+prognosticorum+Hippocratis&hl=es&sa=X&ei=FAnQU9vhPKad0AXiwIGQAw&ved=0CFAQ6AEwBg#v=onepage&q=
-Reverte Coma JM. Asclepeion de Cos. La tumba de Hipócrates.
-Zozaya You A. Aforismos y Pronósticos de Hipócrates.
Vol. LXXII. Col. Biblioteca Económica Filosófica. Madrid: 1904. [Edición facsímil.
Editorial Maxtor. Valladolid: 2008]
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