domingo, 10 de mayo de 2020

Biblioteca Antigua: Hipócrates (I): Aforismos y Pronósticos.


El paso de lo mítico a lo filosófico y científico: Aforismos y Pronósticos.

De la magia medicinal a la medicina racional
La legendaria tradición nos propone que Asclepio, aunque dios de la medicina, no era inmortal, Zeus castigó su presunción y su prepotencia. Era hijo de la ninfa Coronis y del dios Apolo, de quien heredó el don de sanar y poderes terapéuticos. La diosa Artemisa, a la sazón hermana de Apolo, mató a Coronis, aún preñada, por haber cometido infidelidad. Y mediante una cesárea nació Asclepio.
El centauro Quirón, maestro de dioses y héroes, fue encargado de su educación, le enseñó las propiedades de las plantas medicinales, el arte y la ciencia de la curación de los cuerpos. El dios Asclepio, aunque mortal, fue adorado en «templos-sanatorio», por la amplia geografía del mundo heleno. Incluso tuvo un templo en la isla de Cos, donde Hipócrates fundaría escuela para la práctica de la medicina.
Asclepio tuvo dos hijos y dos hijas. Los hijos, Macaón y Podalirio, fueron médicos militares que participaron en la guerra de Troya, según relata Homero en la Iliada (*). Las hijas, también vinculadas a la salud fueron: Hygea, que simbolizaba la higiene, y Panacea que representaba el medicamento que todo lo cura.
El emblema de Asclepio era la vara con una serpiente enroscada. La vara es un atributo de la profesión médica (en aquella época los médicos viajaban mucho, eran conocidos como “periodeutas”, que se desplazaban continuamente, tanto para enseñar sus conocimientos como para aprender otros nuevos); la serpiente hace alusión al rejuvenecimiento (al renovar frecuentemente la camisa, la piel).
Rezos y oraciones, ofrendas y sacrificios, rituales y, sobre todo, fe eran los elementos que amparaban la salud. Confianza en las plegarias que serían escuchadas por los dioses para que el mal desapareciera, para que el enfermo sanara. Plegarias apelando a la benevolencia de las “moiras” personales; o bien contentar con ofrendas, jaculatorias y sacrificios a los démones (δαíμων, daímon) y a los espíritus malignos y traviesos. Súplicas a los dioses, tanto domésticos como a los del Olimpo para recuperar la salud. Esta era en esencia el «sistema internacional de salud» del mundo antiguo, hasta que se racionalizó la práctica médica desde la ciencia y las cosas del hombre, en su relación con la naturaleza y el pensamiento filosófico.
(*) La curación de las heridas de guerra impulsó el desarrollo de la medicina y de la cirugía, a la vez que necesitaba de los urgentes cuidados de la enfermería.

Filosofía y medicina
Algo empezó a cambiar en el pensar y el discurrir, ¿acaso fue algo repentino pensar, preguntarse, reflexionar, filosofar y, después, crear ciencia y técnica? Lo cierto es que de manera convencional se acuerda un momento y un lugar de la antigüedad en que el ser humano persiguió y encontró el camino a la razón, al pensamiento, a la sabiduría, que seguidamente conduciría a más interrogantes que llevaron a la ciencia, a la medicina, etcétera. «Supieron ver principios naturales donde otros habían visto sólo fenómenos mágicos» (Martí Ibáñez, cap. 3, p. 7)
Dejaron de ser dioses, demiurgos, moiras y démones los que otorgaban, o quitaban, el beneficio de la salud, ya no eran los que castigaban con la enfermedad, sino que comenzaban a ser los hombres, con su saber, con su experiencia los que sanaban, tras interrogarse y reflexionar sobre las causas de las dolencias buscando posibles remedios y soluciones. De esta manera, de la mano de la filosofía, evolucionó, poco a poco, el entendimiento y la comprensión de la ciencia médica. Con estas ideas dice Martí Ibáñez que «con Hipócrates el enfermo dejó de considerarse un pecador, y el pecador empezó a verse como un enfermo…» (Martí Ibáñez, cap. 3, p. 4)
En este orden de cosas nos señala Zozaya que se necesitaba una filosofía de la ciencia médica hasta que Hipócrates, con sus formas de hacer, instauró la famosa escuela en la isla de Cos (Zozaya, 8). Estas ideas nos conducen a que “La medicina clásica griega tuvo su origen en los siglos VI y V a. C., al confluir interpretaciones racionales de la naturaleza de los pensadores presocráticos con la experiencia clínica acumulada por «escuelas médicas», que no eran instituciones docentes, sino grupos de sanadores de formación artesanal que trabajaban en el mismo lugar” (López Piñero, pp. 67-68). Algo así como que tenían las mismas maneras de practicar la medicina.

Grupo escultórico de Hipócrates enseñando a sus alumnos. Isla de Cos. Grecia.


La sabiduría en medicina floreció en el mundo clásico heleno junto con otras parcelas del conocimiento científico, artístico, filosófico, etc. No solo fue importante la transmisión oral de la ciencia médica, sino que se valoró la gran importancia y el mérito de los libros como vehículo de comunicación. De esta manera nos explica López Piñero que del conjunto del Corpus hippocraticum, los libros procedentes de la escuela de Cos, tienen ciertas características que los diferencian de los procedentes de otras escuelas (**) “por la objetividad y la minuciosidad con las que recogen los fenómenos que se observan en los enfermos…” (López Piñero, p. 69); así, la anamnesis que practicaban los médicos de esta escuela constituía una verdadera historia clínica de los pacientes, para los que se aplicaban ‘a rajatabla’ las recomendaciones de observar al enfermo «con la vista, con el tacto, con el oído, con la nariz, con la lengua, con el entendimiento…» (López Piñero, p. 69), tal y como señalaban los textos hipocráticos. López Piñero nos muestra otra característica de los libros de Cos, pues en ellos se aprecia el estudio y análisis de las dolencias relacionadas con el ambiente. De ahí que uno de los libros destacados del conjunto sea De los aires, aguas y lugares (López Piñero, p. 69), además de la íntima relación con la teoría de los cuatro humores.
(**) no olvidemos que el conjunto de libros del Corpus hippocraticum no se debe a la mano de un solo autor ni de una sola escuela de prácticas médicas.
Los sabios griegos escribieron numerosos libros sobre medicina. Dieron un gran valor a este medio de comunicación (además de la enseñanza oral de las lecciones magistrales). Crearon importantes bibliotecas. El mismo Hipócrates reunió una importante biblioteca privada (“The Greeks were quite prolific in their medical writings. The value of books as a medium of communication was increasingly being recognized. Consequently, libraries grew. Hippocrates, the "Father of medicine," collected a private library”) (Birchette, p. 303)

Somera biografía del padre de la medicina.
Por muchos es llamado padre de la medicina, Martí Ibáñez lo llama: Hipócrates, el bueno; y viene a decirnos que, gracias a este sabio, se debe “la creación de un nuevo tipo de médico humanista y humanitario, consciente de su misión y destino” (Martí Ibáñez, cap. 3, p. 5).
Nació el 460 a. C. en la isla griega de Cos; y falleció entre el 380 y el 370 a. C. (otros investigadores alargan la fecha hasta el 351), pero, incluso, hay quien afirma que no existió jamás. 
Los elogios de los antiguos atribuían a sus héroes un acercamiento a la divinidad, y así fue en el caso de Hipócrates, pues lo hacían descendientes de dos ramas, ciertamente, míticas. Por el linaje paterno sus antecesores fueron médicos que descendían de Asclepio (Esculapio), llevando de generación en generación las enseñanzas sanitarias, como dice Zozaya: de su padre Heráclides de Cos “aprendió los primeros rudimentos científicos” (Zozaya, p. 6); Hipócrates I es señalado como su abuelo (Reverte Coma, s/pág).  Por línea materna su ascendencia llegaba hasta Heracles (Zozaya, p. 6; Reverte Coma, s/pág.)
Ya se ha comentado que Hipócrates aprendió, primeramente con su padre Heráclides, Zozaya ilustra aún más dicha formación del sabio, en primer lugar el ambiente cultural del mundo griego en aquellos años le fue muy favorable para la educación en general, allí se difundían las ideas de Sócrates, se conocían los escritos históricos de Tucídides, se declamaban los poemas de Esquilo y la sabiduría de otros sabios del mundo clásico; además, su progenitor «… no solo le daba una enseñanza teórica, sino que hacía que le acompañase a ver a sus enfermos, recibiendo de la realidad las lecciones más provechosas…» (Zozaya, p. 6).
Dentro de ese espíritu viajero para el aprendizaje de nuevos métodos curativos, o de enseñanza de sus prácticas, y como médico periodeuta(***), «… muy joven abandonó su patria y pasó a la corte de Perdica II, rey de Macedonia… el rey padecía una fiebre lenta y tenaz… ninguno de los médicos encargados de asistirle acertaban a diagnosticar su dolencia. Hipócrates sospechó que lo que padecía consistía principalmente en una afección moral. Entonces observó con tal perspicacia, que averiguó que la presencia de Zila, dama de la corte, alteraba el pulso del enfermo, aceleraba su respiración y llevaba alternativamente a su semblante el enrojecimiento o la palidez. Luego juzgo que solo el amor podría curar mal tan hondo...»  (Zozaya, p. 7)
(***) Nos indica Zozaya, en su traducción de los escritos de Hipócrates, que Platón declara, que en diversas ciudades Hipócrates difundía sus conocimientos, tanto teóricos como clínicos, y constituían auténticos cursos sobre (Zozaya, p. 10)

Teoría de los 4 humores.
“A Hipócrates y a su yerno, Polibio, se les adjudica una doctrina que fue muy influyente: la doctrina de los cuatro humores. Tal y como aparece en uno de los tratados hipocráticos, Sobre la naturaleza del hombre, esta teoría se basaba en caracterizar a los individuos sobre la base de la existencia de cuatro flujos orgánicos (humores): sangre, flema, bilis negra (melancolía) y bilis amarilla (cole)…” (Mingote y Sánchez Ron, pp. 30-31)

Esquema de la teoría humoral y su correspondencia: humores, elementos, órganos, estaciones,
propiedades, características y personalidades.
(Elaboración propia)


Las substancias básicas (materias primas, que llamó Empedocles): los 4 humores, en la cantidad y combinación adecuadas se mantienen en equilibrio; tienen correspondencia con los 4 elementos; de esa relación se obtienen propiedades específicas (cotidianas e identificables), que marcan 4 características físicas, en una ilación particular con los 4 (6) órganos del cuerpo humano. A la vez, cada humor tiene una concordancia temporal con las 4 estaciones; y una estrecha correlación con el temperamento en 4 personalidades.
Como podemos apreciar en estos párrafos, y la imagen que los acompaña, las enfermedades tratadas por los hipocráticos estaban basadas en una patología humoral, donde se ponía especial énfasis en el equilibrio de los elementos fundamentales (aire, agua, tierra y fuego), con los que se asociaba la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra, y “con un asiento específico para cada humor en el corazón, hígado, bazo y cerebro, respectivamente” (Martí Ibáñez, cap. 3, p. 18)

El Corpus Hippocraticum.
El Corpus Hippocraticum es un grupo de documentos atribuidos a Hipócrates y que influyeron en el desarrollo de la medicina occidental durante siglos. Pero se sabe que fue después enriquecido por sus discípulos.
Los escritos que integran la colección proceden de «escuelas» distintas y de épocas diferentes. La mayor parte de los textos son de los siglos V y IV a. de C., de las escuelas de Cnido y Cos (en la costa de la actual Turquía). Se caracterizan por la objetividad y meticulosidad con que recogen los fenómenos percibidos en los pacientes, las enseñanzas y recomendaciones en el examen y atención al enfermo, observando todo lo que le rodea para un más exacto diagnóstico y tratamiento.
La escritura de Hipócrates es armoniosa; según Zozaya, su estilo es grave y exacto, con frases claras y precisas, su letra es severa y sencilla, pero elegante, “…el lenguaje de la ciencia tiene sus reglas y sus bellezas que dan a las obras eminentes el último grado de perfección” (Zozaya, p. 14).
Los más de 70 tratados del Corpus Hippocraticum se pueden dividir en cuatro series: 1. Deberes del médico; 2. Filosofía médica; 3. Higiene; 4. Medicina (Zozaya, pp. 14-15).
La medicina hipocrática destaca por el severo profesionalismo, disciplina y práctica rigurosa. Los médicos debían ser limpios, aseados, serios, honestos, tranquilos, comprensivos. En la práctica clínica era muy importante la observación y la documentación; se debían registrar los descubrimientos y los métodos utilizados de manera clara para poder difundir lo aprendido en estas prácticas.


 Aforismos y Pronósticos

Portada de la edición de Antonio Zozaya


                                                                   
Fragmentos de los Aforismos
«17. Un régimen compuesto de alimentos húmedos y jugosos, conviene a los calenturientos todos, y muy particularmente a los adolescentes o personas a él habituadas.
«18. Muchas personas necesitan alimentarse una vez al día y nada más; otras dos veces y algunos mucha o pocas veces y aun dividiendo en porciones pequeñas. Hay que considerar además el hábito, la estación, la edad y el clima.
«19. Es la digestión difícil en verano y otoño, muy fácil en invierno y no tanto en primavera…
...
«21. Durante la crisis, no debe provocarse movimiento alguno ni con purgas ni otros medicamentos iritantes -sic-, sino que se debe dejar obrar a la naturaleza…
«23. Es menester purgar y remover los humores, cuando están cocidos, mas no en estado de crudeza, ni al principio de las enfermedades; a menos que haya urgencia, lo cual ocurre rara vez…
...
«26. La enfermedad en que el sueño agrava la dolencia es mortal. Lo contrario sucede cuando se alivia.
«27. Es bueno el sueño que calma el delirio.
«28. Malos son el sueño o el insomnio excesivos.
«29. Ni la saciedad ni el hambre, ni cosa alguna que exceda de lo que la Naturaleza quiera, es bueno…
...
«43. Aquellos alimentos que pronto confortan y rápidamente nutren, pronto también son expelidos…
...
«45. El vino quita el hambre…
...
«59. Peligran menos en las enfermedades aquellos enfermos cuya dolencia está en relación con su temperamento, edad, hábito y época que aquellos en quienes esto no sucede…
...
«64. Suelen padecer los ancianos menos enfermedades que los jóvenes. En cambio, las que les acometen se hacen crónicas y muchas veces mortales…» 
(Zozaya, pp. 29-35)


Portada 


Fragmentos de los Pronósticos
«439. Conviene entender que el tener la respiración buena es de muy grande importancia para sanar de todas las enfermedades agudas, que van juntas con calentura y se terminan dentro de cuarenta días…
...
«441. Los hipocondrios (****) están muy buenos cuando en ellos no hay dolor, y además de esto se hallan blandos e iguales, tanto en la parte derecha como en la izquierda; pero si estuviesen inflamados, o doloridos, o tirantes, o disconformes, de modo que el derecho diferénciese del izquierdo, o al contrario, entonces conviene mirarlos con recelo.
(****) Desde el punto de vista etimológico, lugar bajo las costillas. Desde la perspectiva anatómica, se refiere a los cuadrantes superiores del abdomen que están bajo las parrillas costales que lo cubren parcialmente. En: Diccionario médico; https://www.cun.es/diccionario-medico/terminos/hipocondrio
 «442. Si en los hipocondrios se percibiesen pulsaciones o latidos, es señal de grande agitación o de delirio; mas entonces es menester mirar los ojos de los que así padecen, porque si éstos se mueven con demasiada frecuencia, se ha de esperar un delirio fuerte…»  
(Zozaya, p. 87)

Bibliografía
-Birchette KP. The History of Medical Libraries from 2000 B.C. to 1900 A.D. Bull. Med. Libr. Assoc 1973; 61(3): 302-308.
-García Gual C. et all. Tratados Hipocráticos I. Editorial Gredos S.A. Madrid, 1983.
-Littre E. Pronósticos de Hipócrates (traducido y comentado por Tomás Santero). Imprenta de D. Manuel Pita. Madrid; 1844.
-López Piñero JM. Breve historia de la medicina. 3ª reimpresión. Alianza Editorial: Madrid; 2008.
-Martí Ibáñez F. La Epopeya de la medicina
-Mingote A. y Sánchez Ron JM. Una historia de la medicina. De Hipócrates al ADN. Crítica; Barcelona: 2013.
-Pozuelo Reina A. DE ANTIQUIS LIBRIS SANITATE. HIPÓCRATES: Epidemias, Aforismos y Pronósticos. (Sobre los libros antiguos para la salud. Imágenes, textos e historia). [Exposición]. DOI: 10.13140/RG.2.2.20733.67044
-Pozuelo Reina, Ángel, “Literatura médica antigua, medieval y renacentista: entre la magia y la razón, misterio y evidencia, ciencia y creencia”, Revista Historias del Orbis Terrarum, Anejos de Estudios Clásicos, Medievales y Renacentistas, ISSN 0718-7246, vol. 16, Santiago, 2018, pp.54-90.
-Vega C. Pronósticos de Hipócrates. G. y M. Beringos impresores. Lyon. 1551. 
-Reverte Coma JM. Asclepeion de Cos. La tumba de Hipócrates. 
-Zozaya You A. Aforismos y Pronósticos de Hipócrates. Vol. LXXII. Col. Biblioteca Económica Filosófica. Madrid: 1904. [Edición facsímil. Editorial Maxtor. Valladolid: 2008]

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