lunes, 24 de marzo de 2025

Contemporaneidad. Formación continua en medicina (2)

 Algunos de los libros del siglo XX para perfeccionar la medicina española

1. Los sabios médicos españoles

 




Los libros aquí referenciados, y custodiados en la biblioteca del Hospital General Universitario de Ciudad Real, son algunos de los manuales utilizados por los estudiantes y profesionales en España durante la primera parte de la anterior centuria: hasta el año 1950.

    Las vicisitudes históricas por la que pasaba la docencia y el aprendizaje de la medicina en España, en aquel convulso periodo, fueron muchas, graves, o muy graves, malas o muy malas. También es cierto que otros sucesos hicieron progresar y avanzar al país. Desde la neutralidad durante la 1ª Guerra Mundial hasta la entrada de España en la ONU, en 1955. Se sucedieron importantes acontecimientos: la Guerra del Rif, o de Marruecos; el despegue de la 2ª República, destrozado por la Guerra Civil y el franquismo; la 2ª Guerra Mundial y la posguerra, con una polémica y dudosa neutralidad, hechos que también afectaron a España. Y, por último, el triste periodo de la «autarquía, que se pretendía vender como “progreso y desarrollo desde el interior”.

    Un periodo de convulsiones sociales y políticas: la huelga de 1917 en España. La neutralidad, un tanto voluntaria, durante la I Guerra Mundial, que, por cierto, sí fue beneficiosa para algunos especuladores capitalistas españoles, abastecedores de alimentos (trigo fundamentalmente) y otros productos de primera necesidad a los contendientes de la guerra. Sí, ¡¡a ambos contendientes!! Dejando al país en una situación económica muy precaria, por no decir calamitosa. Lo que dio pie a movimientos sociales que condujeron a la huelga general de 1917. Otros hechos luctuosos, como la 2ª guerra de Marruecos; el golpe de estado de Primo de Rivera; la «Dictablanda» de Berenguer, previa a la instauración de la II República; la Guerra Civil española y el tiempo de posguerra con la autarquía, la autosuficiencia que pretendía la dictadura franquista.

    Para algunos historiadores la sanidad practicada durante el siglo XX tiene dos características generales: la primera, el saber que se adquiere con la epidemiología; y, la segunda característica, que la enfermedad pasa a ser considerada, de algún modo, como un hecho social, “la medicina social, que es la medicina al servicio de la sociedad… llevará a la socialización de la medicina…” [1]. Podemos decir que diversos estudiosos, desde posiciones ideológicas distintas, hablan en sus estudios del “avance social”. Curiosamente, lo que nosotros hemos comentado al inicio de este estudio: Meyerhoff, Sigerist, Guerra, Martí, etcétera, y la «justicia social».

    Desde el comienzo del siglo los diversos gobiernos españoles, en distintos años, legislaron acerca de la sanidad y la salud: Desde las reformas sociales de Silvela en 1903; la Instrucción de sanidad pública, un hito que permitió actualizar otras leyes posteriores; o la ley de protección a la infancia, en 1904. La concesión del Premio Nobel a Ramón y Cajal, en 1906. La creación del Instituto de Previsión para los seguros sociales, voluntarios, en 1908 [2].

    Durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) se produjeron algunas mejoras normativas para la sanidad, como el Reglamento de sanidad municipal, de 1925, entre otros desarrollos legislativos. La adhesión al Convenio Sanitario Internacional, de 1926.  El seguro de maternidad como seguro social sanitario, de 1929, aunque solamente ofrecía protección a las trabajadoras [3]. En esta etapa se crearon interesantes instituciones sanitarias como la Escuela Nacional de Sanidad y el patronato de inválidos del trabajo (Navarro, 152); el Instituto técnico de comprobación de medicamentos, de 1927 [4]; el Instituto de Malariología; la Comisión de lucha contra el tracoma, o el Servicio Epidemiológico Central [5].

    Al poco, en el periodo de la 2ª República española se iniciaron numerosas reformas en el ámbito sanitario del conjunto de la sociedad, la misma Constitución instituye que «el Estado prestará asistencia a los enfermos y ancianos y protección a la maternidad y a la infancia (art. 43).

    En el XVII Congreso Nacional de la Unión General de Trabajadores, celebrado en el año 1932, el médico Sadí de Buen y Lozano fue el ponente del informe que propuso la instauración “un Ministerio de Sanidad y del Seguro Obligatorio”[6].

     Ley de coordinación sanitaria de 1934, con asistencia pública a domicilio, centros primarios de higiene, servicios para la higiene en el trabajo[7]. Marcelino Pascua defiende una organización socio-sanitaria para evitar gran parte de las enfermedades, que pueden ser consecuencia de una deficiente organización social  [8]. Entre las figuras destacables para las mejoras sanitarias de este periodo se pueden indicar a Gustavo Pittaluga, Carlos Cortezo, Ángel Pulido, Martín Salazar o Amalio Gimeno, además de Marcelino Pascua, entre otros [9]. Federica Montseny, ministra de sanidad y asistencia social, seis escasos meses entre 1936 y 1937, pero muy activos en acción social a favor de las clases desfavorecidas: infancia, embarazadas, atención a los minusválidos, proyecto de ley del aborto, etcétera.

    La triste Guerra Civil truncó todas las reformas, todos los proyectos. Aunque el franquismo, de forma obligada, y quien sabe si interesada, se aprovechó de proyectos republicanos como el Seguro Obligatorio de Enfermedad y otras instituciones que comenzaron su andadura durante la II República.

    Tras la Guerra Civil siguió un convulso periodo de postguerra, de aislamiento, conocido como “autarquía”. Durante un largo lapso, se designó como director de Sanidad a José A. Palanca Martínez-Fortún, que permaneció en el cargo hasta el año 1957. Se creó el Instituto Superior de Enseñanza e Investigaciones Sanitarias. Se organizaron, de nuevo, las jefaturas provinciales de sanidad y, tras el conflicto, se pusieron en marcha los Institutos Provinciales de Higiene, más centros de asistencia en el ámbito rural (1940), “iniciados por la república”, y una adaptación de la ley materno-infantil (1941)[10]. También en este tiempo de la autarquía se desarrolló una nueva idea de la época de la República, la creación del Seguro Obligatorio de Enfermedad, en 1942, siendo ministro de Trabajo, José A. Girón; y la Ley de Bases de la Sanidad Nacional, en 1944. Etcétera.

    A nivel intelectual, cultural recordemos que en una parte del periodo se mueve en la llamada «Edad de Plata de la cultura, la ciencia y la literatura», en el primer tercio del siglo XX. Cultura, ciencia y literatura que Tuñón de Lara estudia desde 1868 a 1936. Una etapa en la que se inscriben las generaciones del 98, del 14 y del 27, en la que destaca el pensamiento crítico, científico, técnico y filosófico.

    En resumen, la inquietud intelectual hispana de la etapa es heredera de diversas, variadas e, incluso, contrapuestas fuentes y episodios. A saber: el conservadurismo devoto de Marcelino Menéndez Pelayo; el Krausismo español y la Institución Libre de Enseñanza [11]; el Regeneracionismo [12]; la asimilación de la derrota de Cuba en el 98; el impulso de la «cultura obrera»; el análisis de “España como problema”; la neutralidad en la Gran Guerra; etcétera.

    Las obras que esta primera sección contiene abarcan el periodo entre 1929 y 1950. Contiene 15 libros, 16 autores, dos obras son colectivas. Las especialidades a que pertenece el saber en el que profundizan estos volúmenes son fundamentalmente de Aparato digestivo, Traumatología, Análisis clínicos y algunas son una mezcla de especialidades.

 

La administración sanitaria republicana desde 1931...

El gobierno de la coalición republicano-socialista, nombró Director General de Sanidad al diputado Marcelino Pascua Martínez, también organizó el sindicato médico de la UGT, fue embajador, tras la guerra civil, exiliado fue jefe de la sección estadística de la OMS entre 1948 y 1957(p. 6)

    El M.º de Trabajo, Sanidad y Previsión (1933) asumió la gestión sanitaria. Con el gobierno radical fue creado en 1935 el Instituto Nacional de Sanidad, integrando. Con el gobierno de la CEDA se reformó. “Al triunfar el Frente Popular, en febrero de 1936 se volvió a  la estructura clásica de Inspecciones generales (Sanidad exterior, Sanidad interior, Instituciones sanitarias, Servicios y Administración. Los distintos grandes problemas de la gestión de la sanidad pública eran tratados mediante una serie de Servicios Técnicos…” (p. 7)

 

La tuberculosis en la España franquista

El franquismo, desde sus inicios, incluso durante la contienda civil del 36 al 39, ya incluyó una amplia campaña antituberculosa. Se justificaba la organización de un Seguro Obligatorio de la Tuberculosis. Pero el Seguro Obligatorio de Enfermedad de 1941 terminó con este proyecto contra la Tuberculosis. A pesar de ello, entre 1936 y 1951 se llevaron a cabo diversas campañas antituberculosas.

Portada del libro de 1934

 


¿La sanidad de posguerra civil española? La patología digestiva en tiempos del hambre

En cuanto a esta publicación del año 1942 y otras similares en la misma década en España, ¿acaso se podría decir que el hambre, durante la autarquía, favoreció las enfermedades abdominales y, por ende, estimuló a investigar sobre la patología y las enfermedades del aparato digestivo? Posiblemente sí, y esta pregunta es acertada, aunque no hay que obviar a aquellas clases sociales que, pese a la autarquía, no padecían enfermedades digestivas o abdominales, al menos por la escasez de alimentos.

    En este sentido hay autores que dicen que «el régimen sabía gestionar el problema del abastecimiento, repartiendo el hambre de forma discriminada entre sus apoyos sociales» [13].


La paradoja: «hambre» y estudio
de las enfermedades del esófago


    Cáusticamente podríamos decir que el egoísmo de las clases populares era tal con el régimen, que no entendían que la grandeza del país venía de la mano de las cartillas de racionamiento, pues «alimentar a los españoles pareció ser algo secundario…  de forma paradójica, las críticas condiciones socio-económicas vividas durante el primer franquismo, fueron un elemento más que contribuyeron a la solidez y continuidad del régimen…» [14].



[1] Navarro R. Historia de la sanidad en España. Barcelona: 2002; p. 135.

[2] Navarro 2002, p. 138-139.

[3] Navarro 2002, p. 150-151.

[4] Buhigas Cardó MR. Suñé Negre J. Bel Prieto E. La calidad de los medicamentos fabricados industrialmente en España entre 1850 y 1950. Revisión de los requerimientos de calidad establecidos para los medicamentos en la legislación oficial durante este período. Ars Pharma 2012;53(1):17-22

[5] Navarro 2002, p. 152.

[6] Huertas R. La concepción de los servicios sanitarios en la 11 República. En Huertas E. y Campos R. (eds.), Medicina Social y clase obrera en España (siglos XIX y XX); Madrid: 1992; p. 557.

[7] Marset Campos P. Sáez Gómez JM. Martínez Navarro F. La Salud Pública durante el franquismo. DYNAMIS. Acta Hisp. Sci. Hist. IlIus. 1995; 15: 211-250;  p. 218.

[8] Marset et all. 1995,  p. 218.

[9] Marset et all. 1995,  p. 216.

[10] Navarro 2002, p. 158.

[11] ILE, en la que prima lo educativo sobre lo económico, la creación de escuelas sobre la reforma agraria (Tuñón de Lara M. Medio siglo de cultura española, Bruguera; Barcelona: 1982; pp. 55-56)

[12] Regeneracionismo: “… no es popular, pretende hacer bien al pueblo sin contar con él” (Tuñón de Lara, Op cit., p. 61). O sea, como el «despotismo ilustrado» del siglo XVIII, pero que procede la burguesía disconforme por la pérdida del imperio, no desde la monarquía absoluta de la Ilustración. 

[13] Arco Blanco MA. «Morir de hambre». Autarquía, escasez y enfermedad en la España del primer franquismo. Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea 2006; 5:241-258; p. 249.

[14] Arco 2006, 257-258


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