La voz del libro.
«El libro tenía una voz tan
hermosa, apacible y paciente, como una abuela cariñosa…» (Libros de Luca, pág. 231).
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El libro me habla con una voz,
a veces meliflua
y me transporta a mundos,
a veces de ensueño;
a veces a un mundo desconocido
y aprendo algo nuevo;
a veces a mundos imaginados,
y vivo historias nuevas;
a veces a mundos ideales,
y me imagino alguien (hombre o mujer) nueva;
a veces mundos irreales,
y yo hago que sean reales
en mi cabeza;
a veces terroríficos mundos,
y me asusto y tiemblo
junto al cimbreo de letras y palabras.
El libro me habla con su voz,
siempre me habla con su propia voz,
y me enseña,
y me transporta,
y me ilusiona;
a veces las palabras entristecen,
siempre ayudan las palabras del libro.
Un libro llora contigo, o ríe contigo.
Un libro te hace soñar,
o te hace ensoñar;
te cuenta cosas nuevas,
para seguir;
o te muestra cosas antiguas,
para continuar la lucha por la vida…
A A P R.
(24 junio 2019)