martes, 30 de junio de 2020

Episodio 4. Las antiguas palabras de los libros para la salud: Diccionarios (y 2)


 Las antiguas palabras de los libros para la salud: Diccionarios (y 2)



Introducción. Sobre otros vocablos en, triste, desuso

Como continuación del episodio tres, acerca de las ancestrales palabras de los libros para la salud, seguiremos escribiendo algunos vocablos y hablaremos, en esta ocasión, de algunos repertorios léxicos que, a lo largo de la historia han recogido, y guardado, el habla de los sabios de la sanidad.

Se desconocen en la actualidad numerosas palabras que durante mucho tiempo han servido para denominar, por ejemplo, algunos tipos de colecciones y repertorios de diversas materias, conceptos, teorías o vocabularios médicos y sanitarios, ordenados en función de criterios varios –normalmente en orden alfabético-. 

El doctor Navarro, conocedor del tratado de “protolexicografía médica en la Edad Media europea y peninsular” de la investigadora Berta Gutiérrez Rodilla, enumera algunos de los variados y diversos nombres de los “glosarios, diccionarios y repertorios léxicos de muy distintos tipos, que nombraban con términos bien precisos…” (Navarro, 2008)

- antebalumina o inventario de sucedáneos
- antidotaria o colección de medicamentos compuestos
- aqrabadin o repertorio farmacéuticos árabes
dynamidia o repertorio donde se exponían los efectos de los medicamentos sobre el organismo
- herbaria o repertorio de plantas medicinales
- hermeneumata o glosario médico bilingüe en griego y latín
- lapidaria o catálogo de piedras preciosas o semipreciosas a las que se atribuían virtudes terapéuticas
- mugarrabat o recetario de la literatura médica en lengua árabe
- receptaria o colección de recetas elementales
simplaria o inventario de simples medicinales de origen vegetal, con sus múltiples sinónimos en una o varias lenguas, así como sus aplicaciones terapéuticas
- synonyma o repertorio de equivalentes de los términos médicos en diferentes lenguas
- tacuinos o tablas sinópticas de conceptos médicos. (Navarro, 2008).


Traducción al latín, Tacuinus sanitatis, del libro árabe Taqwin al-sihha, de Ibn Butlan Fuente:gallica.bnf.fr/Bibliothèque nationale de France. Département des manuscrits. Latin 9333
 
 «Tacuinum sanitatis in medicina ad narrandum sex res...». En este caso se trata de un libro de higiene y dietética para la salud, con notables recomendaciones de una vida regular y ordenada para preservar la salud....(González, 2018, 20). Manuscrito del siglo XI, redactado por el médico cristiano, nacido en Siria, Ibn Butlan, cuyo nombre latinizado fue Ellbochasim de Baldach (González, 2018, 68). Tal y como reza en la página (folio) del manuscrito.

Tristemente, como expresamos en el “título de esta introducción”, se han perdido estas denominaciones que acabamos de leer. Pero, afortunadamente, nos soreprende la riqueza lingüística y conceptual de cada una de las palabras que acabamos de leer. Además, creemos que se ha de agradecer la labor que, desde diversos campos, ofrecen equipos multidisciplinares de investigadores para la recuperación de los vocablos y términos antiguos, en nuestro tema de la ciencia sanitaria. Lo decimos por la, a veces, estrecha colaboración de filólogos, historiadores, médicos y sanitarios que, con inquietudes intelectuales, en muchos casos atraídos por el saber antiguo y la riqueza del lenguaje, están interesados en el rescate de la antigua literatura científica.



Los diccionarios «… asombrosas historias que los vocablos médicos portan en su interior…» (Navarro, 2017, XXVII)

Estos importantes documentos, los diccionarios, muestran el significado de cada palabra, a veces su origen, su vida, sus términos derivados, similares, contrarios, etcétera. En muchas ocasiones son ampliados con nuevos volúmenes que van completando el repertorio del vocabulario; o bien, explican cómo son en otros idiomas.

En esta ocasión solo referenciaremos tres de los que se han encontrado, pues el espacio destinado a este artículo obliga a la selección de unos libros y a desechar, dolorosamente, otros. 

Los diccionarios médicos antiguos (junto a los libros de historia de la medicina del siglo XIX, por ejemplo) demuestran, no solo una activa instrucción y erudición, sino también la intencionalidad de esclarecer la ciencia médica, difundiendo los conceptos y significados precisos de los vocablos médico-sanitarios y científicos. 

Los antiguos glosarios, los clásicos diccionarios y otros repertorios de materia sanitaria de tiempos pasados constituyen un enriquecimiento cultural y personal de primer orden, favoreciendo, creemos, una mejora en la atención sanitaria de los enfermos, no solamente técnica. Pues entendemos el acto médico, tanto de los tiempos pasados como presentes, como una labor no meramente técnica, mecánica y material, sino una actividad intelectual favorecedora siempre de beneficios sociales.  


Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana (Esteban Terreros y Pando)

¿De quién substituta logra
 ser la pluma?  De la lengua;
 pues lo que esta no pronuncia
 no ha de pronunciar aquella.          
[lo que no dice la lengua, no lo escribe la pluma]

(Versos de “Josef Joaquín de Venegasi y Lujan en su útil y curiosa carta instructiva &c.” (etcétera) (Diccionario…  de Terreros, prólogo, XXIII)

Este diccionario es un admirable trabajo, en cuatro tomos, que podemos vincular al espíritu de la Ilustración en España, fue escrito por el teólogo, paleógrafo y matemático jesuita, Esteban de Terreros, antes del decreto de expulsión de los ignacianos emitido por Carlos III, en abril de 1767. El diccionario fue publicado entre 1786 y 1793, en varias imprentas de Madrid.

«Esta gran obra, de interés no sólo por el manejo de fuentes librescas y las ocasionales referencias a textos ejemplificadores…(agrupa voces y artículos) de los “profesores” que mejor podían conocer el léxico de las artes, oficios y ciencias, estaba ya prácticamente terminada en 1765, fecha en que el autor consiguió las licencias oportunas y comenzó a imprimirse». (http://dbe.rah.es/biografias/21230/esteban-terreros-y-pando)


 
Portada diccionario de Terreros y Pando


Estos libros acumulan, además, unas 5.000 palabras de nuevo cuño o neologismos, nuevos hallazgos o la  adaptación de términos extranjeros al castellano. Este conjunto es la base del Diccionario de Autoridades de la Academia de la Lengua en nuestro país. Igualmente se informa de que Terreros, en sus viajes por el centro de la península Ibérica, enriqueció con numerosos vocablos el contenido del diccionario, así, hallamos palabras “recogidas en sus frecuentes visitas a los talleres de Madrid, Toledo, Talavera de la Reina, Tembleque, etc…”. (Fuente: https://www.bvfe.es/autor/10757-terreros-y-pando-esteban-de-s-i.html)



Palabras, vocablos, voces o términos del Diccionario de Terreros y Pando


Escogemos de esta obra de Terreros palabras al azar, que tienen cabida en la materia científica de la medicina. Algunas de estas palabras son de uso corriente, por ejemplo, esta primera que hemos seleccionado, “acetábulo”:


«Acetábulo, término de Anatomía. Fr. (francés) Acetabule. Lat.(latín) Acetabulum: tiene varias significaciones: dícese de las cavidades de algunos huesos, en que se reciben las cabezas de otros para tener el juego libre: también se llaman así, según unos, a ciertos orificios de los vasos esparcidos en la superficie interna de la matriz; y según otros, a unos bultos, que se levantan en la matriz de las cabras, y obejas (sic) cuando están preñadas, y se llaman así por ser de la figura de una copita: asimismo se llaman Acetábulos los vasos cóncavos que tienen los Pólipos, y Nautilos para la respiración.
»Acetábulo, medida de que se servían los antiguos, y que era de ciato* y medio; y también llaman Acetábulo los Boticarios a cierta medida que usan para la medicina, y cabe 2 ½, onzas de vino, y dos onzas, y dos drachmas (sic) de aceite… 
»Acetábulo, planta llamada también Ombligo de Venus,…» (Tomo I, 18)

(*) Ciato: griego, κύαϑος (kyathos), copa o vaso para trasegar líquidos: equivale, aproximadamente, a 45 centilitros.


«Acigos, término de Medicina. Fr. (francés) Azygos, o sans pair (sin igual, sin par), cierta vena, que se halla solamente al lado derecho, y es el tercer ramo del tronco ascendente de la vena cava». (Tomo I. 20)


«Posposición, en la medicina, atraso: Dícese cuando una calentura, v. g. viene más tarde de lo que se esperaba. Fr. (francés) Postsposicion. Danle el Lat. Postpositio». Tomo III, 187).




Diccionario de medicina y cirugía o Biblioteca manual médico quirúrgica


En la Biblioteca Digital Hispánica, de la Biblioteca Nacional de España, se ha localizado el Diccionario de medicina y cirugía o Biblioteca manual médico quirúrgica. Obra, en siete volúmenes, de cuya ficha extraemos los siguientes datos: el autor es Antonio Ballano, Francisco Dávila el impresor, fue publicado en Madrid, entre 1805 y 1817. Tiene esta obra una clara intencionalidad didáctica, tal como explica el autor en las motivaciones que le llevaron a esta recopilación. 

Portada diccionario Antonio Ballano



Bajo nuestro punto de vista se inserta en ese espíritu de saber y de progreso que la Ilustración aportó a los científicos españoles y que anunciaba notables cambios en la mentalidad social y política del país. Cambios no solo a nivel de la burguesía en sus conquistas económicas y, después, políticas, sino de una nueva visión en el orden mental de la atención sanitaria a la sociedad (lo que traerá, por ejemplo, las leyes de beneficencia). Y, junto a estos avances sociales, también traerá la Ilustración, las nuevas tendencias en el pensamiento médico-científico que acercará a nuestro país a la corriente anatomo-patológica de la medicina europea de comienzos del siglo XIX. 


 Las reediciones que nosotros manejamos de esta obra son de los años 1815 y 1817. Anotamos algunas ideas acerca de las motivaciones de este sabio, Ballano, para escribir este conjunto de libros:


«… me empeñé en la ardua empresa de formar un Diccionario de Medicina, que reuniese todos los conocimientos dignos de la ilustración de un médico… Los artículos de este Diccionario comprehenderán las partes más interesantes de la medicina, como son la Anatomía, Fisiología, Patología, Higiene y otras generalidades, igualmente que la Materia médica, la Medicina práctica, la Cirugía y la Biografía médica, esto es, las vidas de los principales médicos, y la noticia de sus obras. La mayor parte de los artículos de generalidades de medicina serán formados con arreglo a los descubrimientos modernos… Los de materia médica se traducirán o extractarán de los que escribió Fourcroy para la Enciclopedia; y los que falten serán substituidos por las obras de Caminati, MurrayCon respecto a la Medicina práctica he adoptado el plan de exponerla toda en nueve artículos, cada uno de los quales (sic) comprehenderá una de las clases de la Nosología de Sauvages, excluyendo la primera por pertenecer a la Cirugía, que se tratará en otra forma...» (Prólogo, vol. I, VIII-IX).*


(*) Los sabios que se citan en este párrafo son sabios médicos que han colaborado enormemente con el avance y progreso de diversas partes o disciplinas asociadas a la medicina: Antoine Fourcroy, fue un médico y químico francés; Bassiano Carminati, profesor italiano de medicina, terapia, farmacia e higiene; Johan Anders Murray, era un médico y botánico sueco; Françoise Boissier Sauvages, fue un médico y botánico francés.


Este grupo de libros fue complementado con una obra posterior, recopilada por los profesores Manuel Hurtado de Mendoza y Celedonio Martínez Caballero, pues la muerte del Dr. Ballano impidió que los suplementos al Diccionario fueran escritos por él mismo. Son cuatro tomos que bajo el título de Suplemento al diccionario de medicina y cirugía del profesor D. Antonio Ballano, fueron publicados entre los años 1820 y 1823, en varias imprentas de Madrid.**


(**) No obstante lo dicho, la profesora Gutiérrez Rodilla expresa: “Los cuatro volúmenes que conforma en Diccionario de Medicina y Cirugía, aparecieron publicados entre 1820 y 1823… A esta obra se la suele conocer como Suplemento al diccionario de Ballano, aunque en realidad fuera un repertorio independiente y muy distinto…” (Gutiérrez, 2012, 473).


En las advertencias preliminares se informa de las vicisitudes ocurridas durante la elaboración de este Suplemento, desde el autor inicial hasta la culminación del trabajo por los profesores Hurtado y Martínez. Seguidamente, los autores pasan a ir completando los artículos que enriquecieron y actualizaron este Suplemento, o, como dice Gutiérrez Rodilla otro Diccionario de Medicina y Cirugía.


Culmina la advertencia del cuarto volumen de este Suplemento reconociendo humildemente el trabajo realizado:


«Nosotros…  hemos hecho todo lo posible para presentar esta obra desembarazada de todo lo que no es médico, y de las preocupaciones o hipótesis voluntarias o infundadas, y al mismo tiempo aumentada con los progresos que la serie de los tiempos ha hecho hacer a los conocimientos médicos. Ella está destinada para los profesores del arte de curar; si estos encuentran en ella, como creemos, en términos claros y sencillos, la esposicion (sic) sumaria de todo lo que presenta en el día de nuevo y positivo la ciencia de curar, habremos logrado el objeto que nos hemos propuesto, y al mismo tiempo tendremos la dulce satisfacción de haber servido a la ciencia que cultivamos con tanto entusiasmo, y a la humanidad». (Advertencia, vol. 4, VIII)




Diccionario de las ciencias médicas


Se trata de una magna obra de 39 volúmenes (38 más un suplemento). Escrita por varios sabios europeos: “una sociedad de los más célebres profesores de Europa”, y traducida al castellano “por varios facultativos de esta corte”, tal como reza en la portada de cada uno de los tomos. Fue publicada entre los años 1821 y 1827 en Madrid. 

Portada diccionario profesores europeos


El cambio de las mentalidades, que hemos comentado, se aprecia desde finales de la Época Moderna y se manifestó con contundencia (a veces enérgica) en el siglo XIX. Podríamos enlazar la sabiduría de esta obra con la mentalidad de “mejorar la sociedad”: primero, de los profesionales sanitarios y, segundo, que éstos, con sus prácticas médico-sanitarias, beneficiaran a la sociedad en su conjunto. Y lo decimos por la siguiente aseveración que los editores de este Diccionario expresan en la introducción de la obra: 


 «Así los diccionarios particulares son como repertorios preciosos, especialmente cuando tienen por objeto una ciencia, que como la medicina es de todos los tiempos, de todos los lugares y de que tan saludables ventajas saca la sociedad entera…» (Advertencia de los editores, IV)


A lo largo de las páginas introductorias de este magnífico compendio se hace un repaso, no solo de las explicaciones lingüísticas tratadas, sino, también una revisión de la historia de la disciplina médica. Y, en este caso, además, de los proyectos anteriores de elaborar diccionarios o glosarios médicos que ayudasen a la comprensión de los conceptos médico-científicos. 


En estas páginas emerge un curioso debate por averiguar quién fue el primer comentador de las palabras utilizadas por Hipócrates. De esta manera, se indica en este diccionario que Bachio de Tanagra*, en el siglo II a.C., fue uno de los más antiguos glosadores y comentadores de los términos y vocablos de Hipócrates (Advertencias, IV). 


No obstante, señala Santero, en su traducción de Emile Littre, sobre las obras de Hipócrates, que fue Herófilo, (ca. 300 a.C.) “el comentador más antiguo que se conoce… y Galeno dice (de Herófilo), que se contentó con esplicar -sic- solamente las voces, sin entrar en cuestiones médicas…” (Santero, 1842, 55). Siendo este sabio médico el que “se había ocupado principalmente del sentido preciso de las palabras. Sin embargo, había indudablemente añadido algunas otras esplicaciones (sic)“(Santero, 1842, 56). Además, comenta Santero que Galeno aseguraba que “… siguiendo el egemplo -sic- de Herófilo, se limitó Bacchio a esplicar (sic) términos obscuros…” (Santero, 1842, 57-58).


(*) Tanagra: ciudad de la región griega de Beocia.

Por otra parte, en esta breve reseña de los sabios que elaboraron vocabularios médicos de tiempos anteriores cita a Erociano, uno de los médicos que vivió en la época del emperador romano Nerón. Este médico erudito “compuso un vocabulario griego de todos los términos usados por Hipócrates… la obra que escribió este sabio de la Antigüedad llevaba un título elocuente: Catálogo de las voces que se hallan en Hipócrates (Texto extraído de: http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=erociano)  

Los autores señalan un nuevo compendio de voces médicas en este trabajo, que fue elaborado antaño. Se trata de una recopilación ordenada alfabéticamente de términos médicos y de farmacopea publicada en 1564: Medicina practica, recens et nova… per alfabeticam orden colectas &c. (etcétera), cuyo autor fue el médico de origen germano, Martín Rulando (Advertencias, IV).


La nómina de médicos que se dedicaron, además, a recopilar los términos y voces médicas, así como su significado, para el conocimiento de sus correligionarios de profesión, no dejaba de crecer, pero solo indicaremos tres más (Foes, Chaussier y Darwin) de los que los autores de este diccionario señalan. 


En primer lugar, un sabio de la ciudad de Metz: Anuce Foes, que escribió en el siglo XVI un “diccionario hipocrático… (que) no se limita a simples definiciones, sino que cita en apoyo de sus explicaciones, los comentarios de los antiguos tratados de medicina…” (Advertencias, IV), bajo el título de Oeconomia Hippocratis Alphabetica seire distincta.


 
Portada del libro de Anuce Foes




En segundo lugar citan a “Bartolomé Castelli médico italiano, (que) compuso el primer vocabulario universal de medicina con el título de «Lexicon medicum graeco-latinum»…” (Advertencias, IV); obra publicada en Génova en el año 1746, de la que se ha localizado un ejemplar en la Biblioteca Digital Hispánica. 


En tercer lugar, un nuevo sabio viene a ocupar algunas de las frases con que se ilustra la introducción de este diccionario de las ciencias médicas, se trata de Erasmo Darwin (abuelo del célebre Charles Darwin), quien, a pesar de albergar ciertas ideas del creacionismo religioso, escribió interesantes trabajos sobre fisiología y filosofía natural. Fue un destacado pensador y médico, incluso poeta, pues algunas de sus obras fueron escritas en forma de poema. 


Citando a este personaje los traductores informan de que tuvo la peculiaridad de crear palabras nuevas para el uso de los médicos. De manera que «… para explicar sus ideas, frecuentemente originales, ha inventado el autor un lenguaje particular, y se advierte que afecta singularmente a ciertos términos…»  (Introducción, LXXIII); y son los propios editores de la edición de este Diccionario los que en la introducción “le meten caña”, y hablan mal del estilo literario con que se expresa y escribe Mr. Darwin:


«… obscuro, difuso, y muchas veces ininteligible… no haber adoptado ningún orden sistemático…  todas las partes de su teoría están unidas ingeniosamente, y contienen una multitud de observaciones interesantes que recompensan el disgusto y trabajo que producen el neologismo excesivo y las eternas repeticiones de las mismas palabras favoritas…» (Introducción, LXXIII-LXXIV)


Entre los siglos XVIII y XIX, François Chaussier, entre otros, propuso la reforma de la “… lengua anatómica, especialmente en la myología…” (Béclard, 1832; 346), con la finalidad de acercar al estudio y la comprensión de los profesionales sanitarios la amplia variedad de palabras y términos que existía en el lenguaje médico.


«Mr. Chaussier… ha intentado reformar la nomenclatura anatómica, y facilitar el estudio… y ha manifestado constante modo de presentar los objetos, la utilidad del método y la precisión; y es imposible decir tantas cosas y también dichas en tan pocas palabras…». (Introducción, Dicc. Ciencias médicas, LXXII).


En este orden de cosas, los traductores, a modo de justificación de la necesidad imperiosa de este diccionario, vienen a decir que:


«… la materia médica sobrecargada hacía mucho tiempo con un acinamiento -sic- confuso de sustancias incoherentes, necesitaba purificarse… Pero no se habían atrevido a verificar esta saludable reforma, cuya necesidad conocían y que debía comprender las palabras y las cosas. Era preciso corregir principalmente el lenguaje arbitrario, inexacto y gótico, y sustituir a las espresiones -sic- vacías de sentido los términos conformes al estado de perfección a que habían llegado las ciencias naturales…» (Introducción, LXXXIX).


En la advertencia del tomo XII se señala que aún adoptando la reforma en la ortografía que propone la Academia española de la lengua «… la ortografía latina se ha conservado rigurosamente cual corresponde, y tanto por ella, como por la descomposición de las palabras en sus radicales (raíces) griegas, se podrá obtener en el presente Diccionario la etimología de las voces del lenguaje médico…» (Advertencia, tomo II, s/pág.)




A modo de conclusión: pasar revista, rescatar y apropiarse, otra vez, de las palabras sanitarias antiguas


Conceptos difíciles de entender, vocablos complicados de escribir y asociar, palabras de lenguas extranjeras, neologismos sin explicar, estas cosas son las que hacían, en ocasiones, enrevesada la comunicación, incluso, entre los propios sanitarios. 


La continua revisión de palabras y términos, de conceptos y descripciones médico-científicas fue una constante tarea en estudio. Ímprobos esfuerzos por reformar las nomenclaturas y hacerlas más accesibles y entendibles para todos los profesionales de la salud.


Con lo que hemos estudiado en estas páginas, llenas de palabras, ¿podríamos hablar de cierto “enciclopedismo”, aglutinando todo el saber científicos-sanitario, a partir del ‘movimiento novator’ (Grupo de intelectuales, sabios, técnicos, etc., que propusieron la renovación de la ciencia en España en los siglos XVII y XVIII), entre los siglos XVIII y XIX en España?  Posiblemente sí.

También quisiera terminar planteando una sencilla propuesta-pregunta: ¿Y si las rescatamos del olvido y volvemos a hacerlas nuestras, y de todos?



Bibliografía (utilizada y recomendada)

-Ballano A. Diccionario de medicina y cirugía o Biblioteca manual médico quirúrgica. Imprenta Francisco Dávila; Madrid: 1805-1817.

-Eckkrammer EM. (coord.). La comparación en los lenguajes de especialidad. Frank & Timme; Berlín: 2009.

-Fernández FJ. Beber más que un saludador. 2017.

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-Gonzézles Marrero JA. La tradición latina de los Tacuina. Texto e imagen al servicio de la ciencia médica. Fortvnate 2011; 22:65-78.

 -Gutiérrez Rodilla BM. La esforzada reelaboración del saber. Cilengua. Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española.  2007.

-Gutiérrez Rodilla BM. La obra lexicográfica de Manuel Hurtado de Mendoza: sus diccionarios enciclopédicos de medicina. Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, 2012, vol. LXIV, nº 2, 467-490.

-Gutiérrez Rodilla BM. Los materiales de interés lexicográfico-médico elaborados por el médico toledano Álvaro de Castro (n.c. 1470). En: Clavería Nadal G., Garriga Escribano C. et all. (coords.). Historia, lengua y ciencia una red de relaciones. Peter Lang (ed.). Frankfurt: 2013; 173-183.


-http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=erociano)

-Ibn Butlan. Tacuinus sanitatis. BnF (Bibliotheque Nationale de la France). Colección: Gallica. 
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-Navarro FA. Medicina en español IV. Unión Editorial SA-Fundación Lilly; Madrid: 2017.

-Navarro FA. Tacuino. Laboratorio del lenguaje, 2008. En: https://medicablogs.diariomedico.com/laboratorio/tag/vocablos-olvidados/)

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-Santero T. Pronósticos de Hipócrates. Imprenta de D. Manuel Pita. Madrid; 1844.

-Terreros y Pando E. Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus correspondientes en las tres lenguas francesa latina e italiana, Tomo I, Viuda de Ibarra, Madrid, 1786; Tomo II, Viuda de Ibarra, Madrid, 1787; Tomo III, Viuda de Ibarra, Madrid, 1788; Tomo IV, Benito Cano, Madrid, 1793.

-VV.AA. Diccionario de las ciencias médicas. Madrid: 1821-1827.
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