Las antiguas palabras de los libros para la salud: Diccionarios (y 2)
Introducción. Sobre otros vocablos en,
triste, desuso
Como continuación del episodio tres, acerca de las
ancestrales palabras de los libros para la salud, seguiremos escribiendo algunos
vocablos y hablaremos, en esta ocasión, de algunos repertorios léxicos que, a
lo largo de la historia han recogido, y guardado, el habla de los sabios de la
sanidad.
Se desconocen en la actualidad numerosas palabras que durante
mucho tiempo han servido para denominar, por ejemplo, algunos tipos de
colecciones y repertorios de diversas materias, conceptos, teorías o
vocabularios médicos y sanitarios, ordenados en función de criterios varios
–normalmente en orden alfabético-.
El doctor Navarro, conocedor del tratado de “protolexicografía
médica en la Edad Media europea y peninsular” de la investigadora Berta
Gutiérrez Rodilla, enumera algunos de los variados y diversos nombres de los “glosarios,
diccionarios y repertorios léxicos de muy distintos tipos, que nombraban con términos bien precisos…” (Navarro, 2008)
- antebalumina o
inventario de sucedáneos
- antidotaria o
colección de medicamentos compuestos
- aqrabadin o
repertorio farmacéuticos árabes
- dynamidia o
repertorio donde se exponían los efectos de los medicamentos sobre el organismo
- herbaria o repertorio de plantas medicinales
- hermeneumata o
glosario médico bilingüe en griego y latín
- lapidaria o catálogo de piedras preciosas o semipreciosas a las que
se atribuían virtudes terapéuticas
- mugarrabat o
recetario de la literatura médica en lengua árabe
- receptaria o
colección de recetas elementales
- simplaria o
inventario de simples medicinales de origen vegetal, con sus múltiples
sinónimos en una o varias lenguas, así como sus aplicaciones terapéuticas
- synonyma o
repertorio de equivalentes de los términos médicos en diferentes lenguas
- tacuinos o tablas
sinópticas de conceptos médicos. (Navarro, 2008).
«Tacuinum sanitatis in medicina ad narrandum sex res...». En este caso se trata de un libro de higiene y dietética para la salud, con notables recomendaciones de una vida regular y ordenada para preservar la salud....(González, 2018, 20). Manuscrito del siglo XI, redactado por el médico cristiano, nacido en Siria, Ibn Butlan, cuyo nombre latinizado fue Ellbochasim de Baldach (González, 2018, 68). Tal y como reza en la página (folio) del manuscrito.
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| Traducción al latín, Tacuinus sanitatis, del libro árabe Taqwin al-sihha, de Ibn Butlan. Fuente:gallica.bnf.fr/Bibliothèque nationale de France. Département des manuscrits. Latin 9333 |
«Tacuinum sanitatis in medicina ad narrandum sex res...». En este caso se trata de un libro de higiene y dietética para la salud, con notables recomendaciones de una vida regular y ordenada para preservar la salud....(González, 2018, 20). Manuscrito del siglo XI, redactado por el médico cristiano, nacido en Siria, Ibn Butlan, cuyo nombre latinizado fue Ellbochasim de Baldach (González, 2018, 68). Tal y como reza en la página (folio) del manuscrito.
Tristemente, como expresamos en el “título de esta
introducción”, se han perdido estas denominaciones que acabamos de leer. Pero,
afortunadamente, nos soreprende la riqueza lingüística y conceptual de cada una
de las palabras que acabamos de leer. Además, creemos que se ha de agradecer la
labor que, desde diversos campos, ofrecen equipos multidisciplinares de
investigadores para la recuperación de los vocablos y términos antiguos, en
nuestro tema de la ciencia sanitaria. Lo decimos por la, a veces, estrecha
colaboración de filólogos, historiadores, médicos y sanitarios que, con
inquietudes intelectuales, en muchos casos atraídos por el saber antiguo y la
riqueza del lenguaje, están interesados en el rescate de la antigua literatura
científica.
Los diccionarios «… asombrosas historias que los vocablos médicos
portan en su interior…» (Navarro, 2017, XXVII)
Estos importantes documentos, los diccionarios, muestran el significado
de cada palabra, a veces su origen, su vida, sus términos derivados, similares,
contrarios, etcétera. En muchas ocasiones son ampliados con nuevos volúmenes
que van completando el repertorio del vocabulario; o bien, explican cómo son en
otros idiomas.
En esta ocasión solo referenciaremos tres de los que se han encontrado,
pues el espacio destinado a este artículo obliga a la selección de unos libros
y a desechar, dolorosamente, otros.
Los diccionarios médicos antiguos (junto a los libros de historia de la
medicina del siglo XIX, por ejemplo) demuestran, no solo una activa instrucción
y erudición, sino también la intencionalidad de esclarecer la ciencia médica,
difundiendo los conceptos y significados precisos de los vocablos
médico-sanitarios y científicos.
Los antiguos glosarios, los clásicos diccionarios y otros repertorios de
materia sanitaria de tiempos pasados constituyen un enriquecimiento cultural y
personal de primer orden, favoreciendo, creemos, una mejora en la atención
sanitaria de los enfermos, no solamente técnica. Pues entendemos el acto
médico, tanto de los tiempos pasados como presentes, como una labor no
meramente técnica, mecánica y material, sino una actividad intelectual
favorecedora siempre de beneficios sociales.
Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes y sus
correspondientes en las tres lenguas francesa, latina e italiana (Esteban Terreros y Pando)
¿De quién substituta logra
ser la
pluma? De la lengua;
pues
lo que esta no pronuncia
no ha
de pronunciar aquella.
[lo que no dice la lengua, no lo escribe la pluma]
[lo que no dice la lengua, no lo escribe la pluma]
(Versos de “Josef Joaquín de Venegasi y Lujan en su útil y curiosa carta instructiva &c.” (etcétera) (Diccionario… de Terreros, prólogo, XXIII)
Este diccionario es un admirable trabajo, en cuatro tomos, que podemos vincular al espíritu
de la Ilustración en España, fue escrito por el teólogo, paleógrafo y
matemático jesuita, Esteban de Terreros, antes del decreto de expulsión de los ignacianos emitido
por Carlos III, en abril de 1767. El diccionario fue publicado entre 1786 y
1793, en varias imprentas de Madrid.
«Esta gran obra, de interés no sólo por el manejo de fuentes librescas y
las ocasionales referencias a textos ejemplificadores…(agrupa voces y artículos) de los “profesores” que mejor podían
conocer el léxico de las artes, oficios y ciencias, estaba ya prácticamente
terminada en 1765, fecha en que el autor consiguió las licencias oportunas y
comenzó a imprimirse». (http://dbe.rah.es/biografias/21230/esteban-terreros-y-pando)
Estos libros acumulan, además, unas 5.000 palabras de nuevo cuño o
neologismos, nuevos hallazgos o la adaptación de términos extranjeros al
castellano. Este conjunto es la base del Diccionario
de Autoridades de la Academia de la Lengua en nuestro país. Igualmente se
informa de que Terreros, en sus viajes por el centro de la península Ibérica,
enriqueció con numerosos vocablos el contenido del diccionario, así, hallamos
palabras “recogidas en sus frecuentes
visitas a los talleres de Madrid, Toledo, Talavera de la Reina, Tembleque,
etc…”. (Fuente: https://www.bvfe.es/autor/10757-terreros-y-pando-esteban-de-s-i.html)
Palabras, vocablos, voces o
términos del Diccionario de Terreros
y Pando
Escogemos de esta obra de Terreros palabras al azar, que tienen cabida en
la materia científica de la medicina. Algunas de estas palabras son de uso
corriente, por ejemplo, esta primera que hemos seleccionado, “acetábulo”:
«Acetábulo, término de Anatomía. Fr. (francés) Acetabule. Lat.(latín) Acetabulum: tiene varias significaciones:
dícese de las cavidades de algunos huesos, en que se reciben las cabezas de
otros para tener el juego libre: también se llaman así, según unos, a ciertos
orificios de los vasos esparcidos en la superficie interna de la matriz; y
según otros, a unos bultos, que se levantan en la matriz de las cabras, y
obejas (sic) cuando están preñadas, y
se llaman así por ser de la figura de una copita: asimismo se llaman Acetábulos
los vasos cóncavos que tienen los Pólipos, y Nautilos para la respiración.
»Acetábulo, medida de que se servían los antiguos, y
que era de ciato* y medio; y también llaman Acetábulo los Boticarios a cierta
medida que usan para la medicina, y cabe 2 ½, onzas de vino, y dos
onzas, y dos drachmas (sic) de aceite…
»Acetábulo, planta llamada también Ombligo de Venus,…» (Tomo I, 18)
(*) Ciato: griego, κύαϑος (kyathos), copa o vaso para trasegar líquidos:
equivale, aproximadamente, a 45 centilitros.
«Acigos, término de Medicina. Fr. (francés) Azygos, o sans pair (sin igual, sin par), cierta
vena, que se halla solamente al lado derecho, y es el tercer ramo del tronco
ascendente de la vena cava». (Tomo I. 20)
«Posposición, en la medicina, atraso: Dícese cuando una
calentura, v. g. viene más tarde de lo que se esperaba. Fr. (francés) Postsposicion. Danle el Lat. Postpositio». Tomo III, 187).
Diccionario
de medicina y cirugía o Biblioteca manual médico quirúrgica
En la Biblioteca Digital Hispánica, de la Biblioteca Nacional de España,
se ha localizado el Diccionario
de medicina y cirugía o Biblioteca manual médico quirúrgica. Obra, en
siete volúmenes, de cuya ficha extraemos los siguientes datos: el autor es
Antonio Ballano, Francisco Dávila el impresor, fue publicado en Madrid, entre
1805 y 1817. Tiene esta obra una clara intencionalidad didáctica, tal como
explica el autor en las motivaciones que le llevaron a esta recopilación.
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| Portada diccionario Antonio Ballano |
Bajo nuestro punto de vista se inserta en ese espíritu de saber y de
progreso que la Ilustración aportó a los científicos españoles y que anunciaba
notables cambios en la mentalidad social y política del país. Cambios no solo a
nivel de la burguesía en sus conquistas económicas y, después, políticas, sino
de una nueva visión en el orden mental de la atención sanitaria a la sociedad
(lo que traerá, por ejemplo, las leyes de beneficencia). Y, junto a estos
avances sociales, también traerá la Ilustración, las nuevas tendencias en el
pensamiento médico-científico que acercará a nuestro país a la corriente
anatomo-patológica de la medicina europea de comienzos del siglo XIX.
Las reediciones que nosotros
manejamos de esta obra son de los años 1815 y 1817. Anotamos algunas ideas
acerca de las motivaciones de este sabio, Ballano, para escribir este conjunto
de libros:
«… me empeñé en la ardua empresa
de formar un Diccionario de Medicina, que reuniese todos los conocimientos
dignos de la ilustración de un médico… Los artículos de este Diccionario
comprehenderán las partes más interesantes de la medicina, como son la Anatomía,
Fisiología, Patología, Higiene y otras generalidades, igualmente que la Materia
médica, la Medicina práctica, la Cirugía y la Biografía médica, esto es, las
vidas de los principales médicos, y la noticia de sus obras. La mayor parte de
los artículos de generalidades de medicina serán formados con arreglo a los
descubrimientos modernos… Los de materia médica se traducirán o extractarán de
los que escribió Fourcroy para la Enciclopedia; y los que
falten serán substituidos por las obras de Caminati, Murray… Con respecto a la Medicina práctica he
adoptado el plan de exponerla toda en nueve artículos, cada uno de los quales (sic) comprehenderá una de las clases de la Nosología de Sauvages,
excluyendo la primera por pertenecer a la Cirugía, que se tratará en otra
forma...» (Prólogo, vol. I, VIII-IX).*
(*) Los sabios que se citan en este párrafo son sabios médicos que han
colaborado enormemente con el avance y progreso de diversas partes o
disciplinas asociadas a la medicina: Antoine Fourcroy, fue un médico y químico
francés; Bassiano Carminati, profesor italiano de medicina, terapia, farmacia e
higiene; Johan Anders Murray, era un médico y botánico sueco; Françoise
Boissier Sauvages, fue un médico y botánico francés.
Este grupo de libros fue complementado con una obra posterior, recopilada
por los profesores Manuel Hurtado de Mendoza y Celedonio Martínez Caballero,
pues la muerte del Dr. Ballano impidió que los suplementos al Diccionario
fueran escritos por él mismo. Son cuatro tomos que bajo el título de Suplemento al diccionario de medicina y
cirugía del profesor D. Antonio Ballano, fueron publicados entre los años
1820 y 1823, en varias imprentas de Madrid.**
(**) No obstante lo dicho, la profesora Gutiérrez
Rodilla expresa: “Los cuatro volúmenes
que conforma en Diccionario de Medicina y Cirugía, aparecieron publicados entre 1820 y 1823… A esta obra se la suele
conocer como Suplemento al
diccionario de Ballano, aunque en realidad fuera un repertorio independiente y
muy distinto…” (Gutiérrez, 2012, 473).
En las advertencias preliminares se informa de las vicisitudes ocurridas
durante la elaboración de este Suplemento, desde el autor inicial hasta
la culminación del trabajo por los profesores Hurtado y Martínez. Seguidamente,
los autores pasan a ir completando los artículos que enriquecieron y actualizaron
este Suplemento, o, como dice
Gutiérrez Rodilla otro Diccionario de
Medicina y Cirugía.
Culmina la advertencia del cuarto volumen de este Suplemento
reconociendo humildemente el trabajo realizado:
«Nosotros… hemos hecho todo lo posible para presentar
esta obra desembarazada de todo lo que no es médico, y de las preocupaciones o
hipótesis voluntarias o infundadas, y al mismo tiempo aumentada con los progresos
que la serie de los tiempos ha hecho hacer a los conocimientos médicos. Ella
está destinada para los profesores del arte de curar; si estos encuentran en
ella, como creemos, en términos claros y sencillos, la esposicion (sic) sumaria de todo lo que presenta en el día
de nuevo y positivo la ciencia de curar, habremos logrado el objeto que nos
hemos propuesto, y al mismo tiempo tendremos la dulce satisfacción de haber
servido a la ciencia que cultivamos con tanto entusiasmo, y a la humanidad».
(Advertencia, vol. 4, VIII)
Diccionario de
las ciencias médicas
Se trata de una
magna obra de 39 volúmenes (38 más un suplemento). Escrita por varios sabios
europeos: “una sociedad de los más célebres profesores de Europa”, y traducida
al castellano “por varios facultativos de esta corte”, tal como reza en la
portada de cada uno de los tomos. Fue publicada entre los años 1821 y 1827 en
Madrid.
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| Portada diccionario profesores europeos |
El cambio de las mentalidades, que hemos comentado, se aprecia desde
finales de la Época Moderna y se manifestó con contundencia (a veces enérgica)
en el siglo XIX. Podríamos enlazar la sabiduría de esta obra con la mentalidad
de “mejorar la sociedad”: primero, de los profesionales sanitarios y, segundo,
que éstos, con sus prácticas médico-sanitarias, beneficiaran a la sociedad en
su conjunto. Y lo decimos por la siguiente aseveración que los editores de este
Diccionario expresan en la introducción de la obra:
«Así los diccionarios particulares son como
repertorios preciosos, especialmente cuando tienen por objeto una ciencia, que
como la medicina es de todos los tiempos, de todos los lugares y de que tan
saludables ventajas saca la sociedad entera…» (Advertencia de los editores, IV)
A lo largo de las páginas introductorias de este magnífico compendio se
hace un repaso, no solo de las explicaciones lingüísticas tratadas, sino,
también una revisión de la historia de la disciplina médica. Y, en este caso,
además, de los proyectos anteriores de elaborar diccionarios o glosarios
médicos que ayudasen a la comprensión de los conceptos médico-científicos.
En estas páginas emerge un curioso debate por averiguar quién fue el
primer comentador de las palabras utilizadas por Hipócrates. De esta manera, se
indica en este diccionario que Bachio de Tanagra*, en el siglo II a.C., fue uno
de los más antiguos glosadores y comentadores de los términos y vocablos de
Hipócrates (Advertencias, IV).
No obstante, señala Santero, en su traducción de Emile Littre, sobre las
obras de Hipócrates, que fue Herófilo, (ca. 300 a.C.) “el comentador más
antiguo que se conoce… y Galeno dice
(de Herófilo), que se contentó con esplicar -sic- solamente
las voces, sin entrar en cuestiones médicas…” (Santero,
1842, 55). Siendo este sabio médico el que “se había ocupado
principalmente del sentido preciso de las palabras. Sin embargo, había
indudablemente añadido algunas otras esplicaciones (sic)“(Santero, 1842,
56). Además, comenta Santero que Galeno aseguraba que “… siguiendo el
egemplo -sic- de Herófilo, se limitó Bacchio a esplicar (sic) términos obscuros…” (Santero, 1842, 57-58).
(*) Tanagra: ciudad de la región griega de Beocia.
Por otra parte, en esta breve reseña de los
sabios que elaboraron vocabularios médicos de tiempos anteriores cita a
Erociano, uno de los médicos que vivió en la época del emperador romano Nerón.
Este médico erudito “compuso un vocabulario griego de todos los términos
usados por Hipócrates… la obra que escribió este sabio de la Antigüedad llevaba
un título elocuente: Catálogo de las voces que se hallan en Hipócrates”
(Texto extraído de: http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=erociano)
Los autores señalan un nuevo compendio de voces médicas en este trabajo,
que fue elaborado antaño. Se trata de una recopilación ordenada alfabéticamente
de términos médicos y de farmacopea publicada en 1564: Medicina practica,
recens et nova… per alfabeticam orden colectas &c. (etcétera), cuyo
autor fue el médico de origen germano, Martín Rulando (Advertencias,
IV).
La nómina de médicos que se dedicaron, además, a recopilar los términos y
voces médicas, así como su significado, para el conocimiento de sus
correligionarios de profesión, no dejaba de crecer, pero solo indicaremos tres
más (Foes, Chaussier y Darwin) de los que los autores de este diccionario
señalan.
En primer lugar, un sabio de
la ciudad de Metz: Anuce Foes, que escribió en el siglo XVI un “diccionario
hipocrático… (que) no se limita
a simples definiciones, sino que cita en apoyo de sus explicaciones, los
comentarios de los antiguos tratados de medicina…” (Advertencias,
IV), bajo el título de Oeconomia Hippocratis Alphabetica seire distincta.
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| Portada del libro de Anuce Foes |
En segundo lugar citan a “Bartolomé Castelli médico italiano, (que)
compuso el primer vocabulario universal de medicina con el título de «Lexicon
medicum graeco-latinum»…” (Advertencias, IV); obra publicada en Génova en
el año 1746, de la que se ha localizado un ejemplar en la Biblioteca Digital
Hispánica.
En tercer lugar, un nuevo sabio viene a ocupar algunas de las frases con
que se ilustra la introducción de este diccionario de las ciencias médicas, se
trata de Erasmo Darwin (abuelo del célebre Charles Darwin), quien, a pesar de
albergar ciertas ideas del creacionismo religioso, escribió interesantes
trabajos sobre fisiología y filosofía natural. Fue un destacado pensador y
médico, incluso poeta, pues algunas de sus obras fueron escritas en forma de
poema.
Citando a este personaje los traductores informan de que tuvo la
peculiaridad de crear palabras nuevas para el uso de los médicos. De manera que
«… para explicar sus ideas, frecuentemente originales, ha inventado el autor
un lenguaje particular, y se advierte que afecta singularmente a ciertos
términos…» (Introducción, LXXIII); y
son los propios editores de la edición de este Diccionario los que en la
introducción “le meten caña”, y hablan mal del estilo literario con que se
expresa y escribe Mr. Darwin:
«… obscuro, difuso, y muchas
veces ininteligible… no haber adoptado ningún orden sistemático… todas las partes de su teoría están unidas
ingeniosamente, y contienen una multitud de observaciones interesantes que
recompensan el disgusto y trabajo que producen el neologismo excesivo y las
eternas repeticiones de las mismas palabras favoritas…» (Introducción,
LXXIII-LXXIV)
Entre los siglos XVIII y XIX, François Chaussier, entre otros, propuso la
reforma de la “… lengua anatómica, especialmente en la myología…” (Béclard, 1832; 346), con la finalidad de acercar al
estudio y la comprensión de los profesionales sanitarios la amplia variedad de
palabras y términos que existía en el lenguaje médico.
«Mr. Chaussier… ha intentado reformar la
nomenclatura anatómica, y facilitar el estudio… y ha manifestado constante modo
de presentar los objetos, la utilidad del método y la precisión; y es imposible
decir tantas cosas y también dichas en tan pocas palabras…». (Introducción, Dicc. Ciencias médicas,
LXXII).
En este orden de cosas, los traductores, a modo de justificación de la
necesidad imperiosa de este diccionario, vienen a decir que:
«… la materia médica
sobrecargada hacía mucho tiempo con un acinamiento -sic- confuso de
sustancias incoherentes, necesitaba purificarse… Pero no se habían atrevido a
verificar esta saludable reforma, cuya necesidad conocían y que debía
comprender las palabras y las cosas. Era preciso corregir principalmente el
lenguaje arbitrario, inexacto y gótico, y sustituir a las espresiones -sic- vacías de sentido los términos
conformes al estado de perfección a que habían llegado las ciencias naturales…» (Introducción, LXXXIX).
En la advertencia del tomo XII se señala que aún adoptando la reforma en
la ortografía que propone la Academia española de la lengua «… la ortografía latina se ha conservado rigurosamente
cual corresponde, y tanto por ella, como por la descomposición de las palabras
en sus radicales (raíces) griegas, se
podrá obtener en el presente Diccionario la etimología de las voces del
lenguaje médico…» (Advertencia, tomo II, s/pág.)
A modo de conclusión: pasar revista, rescatar y apropiarse, otra vez, de
las palabras sanitarias antiguas
Conceptos difíciles de entender, vocablos complicados de escribir y
asociar, palabras de lenguas extranjeras, neologismos sin explicar, estas cosas
son las que hacían, en ocasiones, enrevesada la comunicación, incluso, entre
los propios sanitarios.
La continua revisión de palabras y términos, de conceptos y descripciones
médico-científicas fue una constante tarea en estudio. Ímprobos esfuerzos por
reformar las nomenclaturas y hacerlas más accesibles y entendibles para todos
los profesionales de la salud.
Con lo que hemos estudiado en estas páginas, llenas de palabras,
¿podríamos hablar de cierto “enciclopedismo”, aglutinando todo el saber
científicos-sanitario, a partir del ‘movimiento novator’ (Grupo de intelectuales,
sabios, técnicos, etc., que propusieron la renovación de la ciencia en España
en los siglos XVII y XVIII),
entre los siglos XVIII y XIX en España? Posiblemente
sí.
También quisiera terminar planteando
una sencilla propuesta-pregunta: ¿Y si las rescatamos del olvido y volvemos a hacerlas
nuestras, y de todos?
Bibliografía (utilizada y recomendada)
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1786; Tomo II, Viuda de Ibarra, Madrid, 1787; Tomo III, Viuda de Ibarra,
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