sábado, 28 de noviembre de 2020

Episodio 6. Bibliófilos para la gestión del libro médico y las bibliotecas, (II) Renacimiento

 (II) Renacimiento: los «dos padres» (promotores) de la bibliografía: Hernando Colón y Konrad von Gesner

«El libro ha superado la prueba del tiempo... el libro seguía ahí. Como dic Umberto Eco, pertenece a la misma categoría que la cuchara, el martillo, la rueda o las tijeras. Una vez inventados, no se puede hacer nada mejor.» (Irene Vallejo. El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo. 2019, 20)


Para esta serie de artículos (3) sobre los amantes de los libros y la gestión de las bibliotecas con fondos médico-sanitarios se han escogido a aquellos de cuyas obras teníamos un más ágil y fácil acceso, del amplio repertorio de bibliófilos que, a lo largo de la historia han recopilado y coleccionado libros, han formulado o reformulado la organización de las bibliotecas y, en el caso de las ciencias sanitarias.

En el episodio que nos ocupa hoy, señalaremos a otros dos importantes bibliófilos, y considerados ambos como “promotores (padres) de la bibliografía moderna”: el naturalista Konrad von Gesner, profesor y bibliógrafo, que fue el inventor del lapicero. Y, de la misma época diremos unas pocas ideas sobre el que también es señalado fundador de la bibliografía moderna, Hernando Colón, el hijo del descubridor de América.

 

En el Renacimiento, “progreso” y “avance”: dos vocablos que procuran «lo mejor» del ser humano

Sabemos que en el periodo del Renacimiento se engarzan estrechamente tiempos Medievales y Modernos, y se produjeron notables innovaciones, se ven las transformaciones culturales (el mundo de la Antigüedad volvió a ser reconsiderado en todos los órdenes: se revisaron las obras literarias, científicas y filosóficas, se observa con detalle y se cogen las ideas de la arquitectura de aquel lejano tiempo, se aprehenden las enseñanzas artísticas. Paulatinamente hubo cambios en las mentalidades, mudanzas sociales, políticas y, también, económicas.

                Estas transformaciones, que podemos considerar, sin ninguna duda, “avances, progreso y desarrollo”, se verán también reflejados en los libros sanitarios, tanto en el orden médico-clínico como en el ámbito de la cultura de los cuidados, ejercida por la incipiente enfermería, por ejemplo, la realizada por las congregaciones religiosas (justo es reconocerlo).

Nos explica Jon Arrizabalaga que “El término «avance» remite inmediatamente a «progreso», una idea tradicionalmente asociada a la medicina, la ciencia y la sociedad del siglo XIX, por más que de ningún modo sea exclusiva de ella, como ya hace casi cincuenta años (6 o 7 más) ilustró, entre otros José Antonio Maravall…” (Arrizabalaga, 2013, 77).

Robert Nister (citado también por Arrizabalaga) nos recuerda que: «… la perspectiva de progreso es usada, especialmente en el mundo moderno, para sustentar la esperanza en un futuro caracterizado por la libertad, la igualdad y la justicia individuales…» (Nisbet, 1986). Otra de los evidentes asuntos para el entendimiento del pasado que expresa Nisbet, es que “… en la civilización occidental existe aparentemente la idea de que toda la historia puede concebirse como el avance de la humanidad en su lucha por perfeccionarse…” (Nisbet, 1986).

Propongo como reflexión que si unimos las ideas de Arrizabalaga, Nisbet y Maravall al pensamiento de Erich Meyerhoff de la historia y la bibliotecología (o sea, la ciencia de los libros) como agentes para la justicia social, encontramos la “cuadratura del círculo en la representación de la vida del ser humano”: progreso-historia, justicia-avance, libros-libertad, desarrollo-cultura, ciencia-igualdad y justicia social e individual. ¡¡Total, casi nada!!

                En el caso de España, con todas las contradicciones que queramos incluir, el reinado de Carlos I fue de indudable progreso, pues continuó, y amplió, las transformaciones y los cambios iniciados por sus abuelos, los Reyes Católicos, así mismo, favoreció una “fecunda comunicación con Europa con notable incremento de la actividad científica, especialmente en la promoción de médicos de la corte imperial” (Riera Palmero, 2013).


La medicina y los libros en la época renacentista

¿Cambió la medicina con respecto a la etapa anterior? Obviamente, sí, pese a que continuaron vigentes la filosofía médica y la teoría de los humores de la Antigüedad, las doctrinas de Hipócrates, los remedios de Dioscórides y la medicina de Galeno. Los médicos, los intelectuales, los artistas y los sabios humanistas, como expresa Martí Ibáñez, fueron

«… el fermento (que) transformó el molde medieval de la literatura y el arte, aguijoneó la rebelión contra el dominio del arabismo y los humanistas trataron de eliminar el tradicional dogmatismo de Galeno, Aristóteles y Avicena» (Martí Ibáñez, 1962, 299).

El crecimiento de la población, de alguna manera, demandaba una mejor atención médico-sanitaria. Los nuevos descubrimientos geográficos permitieron a las mentes inquietas, además de un conocimiento más amplio del planeta Tierra, un ofrecimiento de nuevas soluciones en salud, principalmente en el ámbito farmacológico, el saber de nuevas plantas medicinales como remedio a diversas enfermedades. La inquietud mental favoreció nuevas investigaciones, nuevas terapias, tanto quirúrgicas como terapéuticas y asistenciales.

Y, en relación al tema que nos reúne hoy, señalemos, sobre todo, la importancia de la imprenta de tipos móviles. Invención que permitió una amplia difusión del conocimiento, ya fuera científico, literario, filosófico o de las ciencias médico-sanitarias. De esta manera indicaremos algunos aspectos que, o bien ayudaron a la organización, administración y gestión de los nuevos libros y/o se recopilaron importantes e interesantes colecciones de libros sanitarios.

Con la imprenta la producción de libros se multiplicó notablemente. La forma de edición dejó de ser manual para ser mecánica y automatizada, más rápida, económica, amplia y, si cabe decirlo, también más popular, expansiva hacia una población erudita o profana, pero con deseos de absorber el conocimiento recogido en los libros. El saber llegó a más gente y a un coste más barato.

Aun así, la elaboración de libros manuscritos, de libros escritos e iluminados a mano, pervivió, y ambos sistemas coexistieron.  A su vez, estimamos que aumentó, no solo el número de volúmenes en las bibliotecas (de los reyes, de algunos nobles, y las monásticas, etc.) sino, además, se incrementó el espíritu coleccionista de ciertos personajes, como el caso de los bibliófilos que veremos a continuación.

Estas publicaciones, y algunas más, forman parte indisociable del avance de la sanidad en esta época para lograr una mejor preparación de los profesionales en las necesarias relaciones entre médico-paciente, salud-enfermedad, saber médico-terapia a aplicar, con el fin de obtener los mejores resultados para la salud. Pues el progreso de las ciencias sanitarias ha de investigarse vinculado a los cambios de la mentalidad materializados por gran parte de la sociedad en la búsqueda de «la nueva concepción del Universo y del Hombre» (Riera, 2013, 52).

De la Época Moderna en España, destacamos algunos libros (aunque existen muchos más y, posiblemente, más renombrados y famosos) como el Retrato del Perfecto Medico (1595), de Enrique Jorge Enríquez; el de Antonio Trilla, profesor de vísperas * de la Universidad de Toledo, titulado Perfecto practicante y cirujano (1679); el libro de los religiosos Obregones, Instrucción de los enfermeros y consuelo a los afligidos enfermos… (1618); o Diálogos del médico y el practicante (1764), de Manuel Fernández Barea.

(*) Catedrático de vísperas:  que da las clases por la tarde, en contraposición al catedrático de prima que ofrecía sus lecciones por la mañana.

 

     Y de la riqueza de los libros se percataron los bibliófilos que comentaremos a continuación. Ellos vieron la necesidad, no solo de agrupar y coleccionar libros, sino, además, las maneras de organizarlos para poder desarrollar adecuadamente el conocimiento guardado en sus bibliotecas. 

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Hernando Colón y sus libros (1488-1539)

Para el historiador de la medicina López Piñero y la profesora Terrada la figura de Hernando Colón es “uno de los fundadores de la bibliografía moderna… y el primero que se planteó explícitamente las nociones básicas de información científica” (Terrada y López Piñero, 1980, 231).

                En su fama de erudito e intelectual se le considera uno de los primeros bibliógrafos, motivo por el que lo asociamos a Konrad von Gesner, no solo por la época en que vivieron, sino porque ambos registraban, anotaban, incluso, catalogaban y compendiaban sus colecciones.

             Bibliófilo interesado en la cultura, la filosofía, la ciencia y el pensamiento de su tiempo, dedicó gran parte de su vida y su dinero a viajar para adquirir libros, y más libros, y crear una de las bibliotecas más destacadas e importantes de aquella época. Según Terrada y López Piñero (1980) “… la importancia de su contribución radica en que no fue un mero coleccionista de libros, sino que creó y organizó su biblioteca como un instrumento para el trabajo intelectual y científico.

 

La biblioteca de Hernando Colón: ¿Colombina o Hernandina?

La amplia colección de libros del 2º hijo del «Primer Almirante de la Mar Oceana», fue el origen de la biblioteca conocida como «colombina», aunque su propietario quería llamarla «hernandina», se encuentra en la ciudad de Sevilla. Está compuesta, inicialmente, por más de 15.000 libros, entre manuscritos (los de su propio padre, Cristóbal Colón, libros que heredó a la muerte del descubridor en 1506); incunables (o sea, libros impresos con la nueva técnica de la imprenta antes del año 1500), y un amplio repertorio de libros adquiridos, generalmente comprados, fuera de España, pues Hernando viajó con frecuencia por Europa, precisamente, para comprar o adquirir libros.

Estos viajes de nuestro bibliógrafo son una labor interesante, que ha sido objeto de investigación por diversos expertos bibliógrafos como Guy Beaujouan y Carmen Álvarez, entre otros.

Hernando Colón no es lo que tradicionalmente se llama un bibliófilo. No colecciona libros en cuanto objetos preciosos; los adquiere, al contrario, por la utilidad de su contenido. En esta Sevilla que llega a ser, en la primera mitad del siglo XVI, un centro orgánico de la vida mundial, quiere dotar a España, no sólo de una gran biblioteca, sino también de un verdadero centro de documentación: según sus propias palabras, un «refujio -sic- donde los letrados puedan recurrir en cualquier duda que se les ofresciere» -sic-. (Beaujouan, 199?, 48).

 

Cada libro en su estante

La organización que Hernando Colón diseñó para sus libros, hace ya unos 500 años, es reconocida, incluso, en los criterios científicos actuales. Posiblemente fue considerada muy interesante por organizadores y promotores de bibliotecas de siglos posteriores, tanto en Francia e Italia como en España; llegando, incluso, a tenerse en cuenta en los estudios más recientes, como la Clasificación Decimal Universal (C. D. U.) y la clasificación de Dewey para la catalogación de los libros en las bibliotecas contemporáneas.

              La riqueza de los datos que constataba Hernando es muy interesante para el estudio pormenorizado de todas sus adquisiciones. Así, anotaba las circunstancias que consideró interesantes reflejar de cada una de las obras que obtenía: precio, vendedor, lugar, fecha de la compra y otros detalles que al estudioso le pueden resultar interesantes de reseñar.

              Además de inventariar cada libro, los organizó y dividió en tres grandes grupos con fichas específicas para cada índice: alfabético, topográfico y documental. Así, por ejemplo, en el Abecedarium A, contiene los datos de nombre del autor, título de la obra y número de registro (Fuente: Institución colombina).


                                       Manuscrito de uno de los registros de la biblioteca colombina.                                       Biblioteca Digital Hispánica. BNE Mss. 18119. (página 1r.)





            En esta imagen, la primera página del Registrum librorum, tenemos uno de los más claros ejemplos de catalogación, registro y asiento de los libros de la biblioteca colombina. Una forma muy novedosa en aquel tiempo, pues se pueden buscar las obras de diversas maneras: por materias, alfabéticamente por autores, etcétera.

    Desde los inicios de su afán recopilatorio hasta los documentos del final de su vida (me refiero al testamento) se aprecia

“… su talento como bibliófilo. Se adelanta a su época y propone ordenar los libros con el lomo hacia fuera, para poder apreciar  el título de la obra y ordenar alfabéticamente y por materias todas las obras, para facilitar el trabajo de búsqueda… el testamento es su mayor obra bibliófila... está dividido en dos partes: una en la que escoge su sepultura y organiza su herencia, y la otra dónde refleja el reglamento que ha de seguir su biblioteca… en esta segunda parte se recogen todos los pormenores de la biblioteca: distribución, ordenamiento, organización, recogida y compra de libros, sueldos, horas de trabajo, etc.” (Fuente: Coleccionistas del pasado: la biblioteca colombina)

   Otro sistema de búsqueda que ideó este pensador a la hora de localizar la información es el conocido como libro de los Epítomes, que es un método de organizar los resúmenes de los libros (Fuente: Institución colombina), como en muchas bases de datos en la actualidad. De modo que el lector, conociendo de antemano el resumen puede decidir si leer o no el libro en cuestión, pues hay ocasiones en las que el título de una obra puede ser sugerente y el contenido no responder a las expectativas o intereses del lector.

    El bachiller Juan Pérez fue uno de los primeros bibliotecarios organizadores de la colección. Se trataba de una persona de confianza de Hernando, que, a la muerte del patrón (léase Hernando Colón), dio fin a la redacción de otras obras iniciadas años antes, como el Itinerario o Cosmografía de España; el Diccionario latino y la Memoria de dibujos y pinturas, obras que constituían un rico complemento a la labor bibliográfica del propio promotor de la biblioteca (Fuente: Institución colombina).

    El fundador ambicionaba que su proyecto de biblioteca fuera “para siempre”. En el Memorial que remitió al emperador Carlos I para la creación de la institución anotó con precisión que se conservara su labor (Fuente: Coleccionistas del pasado: la biblioteca colombina).

 

La ciencia médica en la biblioteca colombina

Algunos de los libros de medicina llegaron a la colección después de la muerte del bibliógrafo. Sabemos que dejó estipulado en su testamento que el repertorio continuara ampliándose. De hecho, dotó económicamente el proyecto para este fin, y la colombina fue enriqueciendo sus fondos.

              La biblioteca bajo el término “medicina” recoge en la actualidad unos 845. La tesis doctoral de Fernando Santos, presentada en 2019, señala cómo estuvieron repartidos, o recogidos, los libros de medicina en la época de la fundación de la biblioteca. De manera que indica el número del cajón correspondiente con la cantidad de libros y manuscritos médicos que contenía cada uno, así como el idioma en el que estaban escritos, ya fuera español, italiano, francés, alemán o griego (Santos, 2019, 53).

            Igualmente, Guy Beaujouan, en los diversos estudios que hizo sobre los fondos bibliográficos de Hernando Colón, anotó los detalles, que ya hemos comentado, y que el mismo Colón incluía en la anotación de los libros, además de su identificación, la fecha y el lugar de la adquisición o compra, como podemos apreciar en los siguientes ejemplos:


(Beaujouan, 199?, 56)


        Padua, abril 1531

(Beaujouan, 199?, 57)



               Un ejemplo del concienzudo asiento que Hernando Colón realizaba con los libros que adquiría, lo tenemos en el siguiente apunte del Registrum librorum, con el comentario que hace de la obra Menor daño de la medicina, de Alfonso Chirino de Cuenca (sabio del que ya hemos comentado esta obra en uno de los capítulos anteriores). Registra en esta, llamémosle ficha, el año de su publicación, 1506, véase en color rojo en el margen izquierdo de la imagen. Es recogido con el número de registro 2084 +0·71·326. 


página 9v. Registrum librorum


[Transcripción]

2084 +0·71·326·

¶ [calderón]* Menor daño de Medicina, compuesto por (el) maestro Alfonso Chirino.- Divídense en 8 partes: la 1ª comienza  ,,como a todo varón enseñado.”   La 8ª acaba:  ,,el ombligo y es muy bnô (bueno).- Al principio está la tabla de los capítulos en hoja i media. Al fin está el testamento del autor: comienza:   ,,Desseo de temporales” .- Es en fo. (folio) de 2 col. (columnas).- Imprº (impreso) en Sevilla por Jacobo Cromberger alemán anno de 1506, a 30 de enero.- Costó en Salamanca 51 mrs. (maravedís).

(*) Calderón, o también llamado antígrafo [¶ ] En la escritura antigua servía para iniciar o diferenciar sentencias, oraciones o párrafos dentro de un texto.

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Konrad von Gesner (el inventor del lapicero) (1516-1565)

Fue botánico, zoólogo, profesor, médico, cirujano, conocedor de varias lenguas, tanto clásicas como de su época, (un sabio del Renacimiento, un humanista). Escribió notables obras científicas: como Historiae plantarum, Historiae animalium, en 5 volúmenes (mamíferos, reptiles, aves, peces y serpientes); también el compendio lingüístico Lexicon graecolatinum.

En 1545 publicó Bibliotheca universalis y, posteriormente, el Pandectarium sive partitionum universalium, obras que los expertos consideran el  «primer sistema de clasificación bibliográfica». En tanto que lingüista escribió la magna obra Mithridates sive differentiis linguarum tum veterum tum quae hodie apud diversas nationes in toto orbe terrarum in usu sunt *.

(*) Sobre las diferentes lenguas antiguas y actuales en las diversas naciones que hay en toda la tierra (traducción aproximada.

 

Amplió los estudios sobre los animales con otras publicaciones en las que se incluyen las imágenes de diversos y variados especímenes que explica en los anteriores libros, así como publicaciones para completar la fauna terrestre, los insectos: Historiae insectorum. Imágenes de las aves, de los animales cuadrúpedos vivíparos y ovíparos; además de un nomenclátor de la fauna de agua, ya sea mar, ríos y lagos. Por cierto, todas estas últimas obras, Iconos y Nomenclátor fueron escritas en varias lenguas como el latín, el italiano, el alemán, el francés, el inglés, el griego y el castellano.  


Retrato de Konrad von Gesner

Fuente: https://wellcomecollection.org/works?query=h8kfjb2g&search=images

 Gallery: https://wellcomeimages.org/indexplus/image/L0017768.html



Las plantas y la salud: El thesaurus Evonymi philiatri

En la biblioteca de la Real Academia Nacional de Medicina de nuestro país se han encontrado algunas de las joyas escritas por Gesner. Así, se referencia el libro Thesaurus Evonymi Philiatri, De Remediis secretis (El tesoro de Evonymus Philiatri)**, obra publicada en Lyon en 1555, aunque su primera edición es del año 1552.

Libro que nos habla de remedios basados en los principios activos de plantas y drogas, así como de las diversas técnicas de destilación para obtener compuestos medicamentosos.


Portada del libro

Fuente: RANM. Joyas de la Biblioteca (vol. I). Real Acad. Nac. Medicina; Madrid: 2002; p. 68 y 69.


(**) Thesaurus Evonymi Philiatri. Thesaurus: tesoro, en tanto que colección Euonymus: vegetal de los boneteros, que tiene numerosas especies, desde planta de maceta hasta arbustos y árboles. Filiatri: amor al estudio de la medicina.

 

                Gesner, a este elocuente polímata*** no lo hemos traído aquí en tanto que médico, sino como bibliófilo, amante de los libros, además de ser considerado como el “padre de la bibliografía” ****. Por otra parte, es apreciado como fundador de la zoología. Como hemos indicado son notables sus aportaciones a esta ciencia; siendo, así mismo, muy conocidas y esclarecedoras las ilustraciones que acompañan sus escritos sobre la fauna que él estudia y explica.

                Fue uno de los botánicos más reputados del siglo XVI, con interesantes sus contribuciones al campo de la agricultura (nunca mejor expresado “campo”). Así, los estudios sobre el mundo vegetal ampliaron el saber sobre las plantas. Fue el primer autor de un compendio de medicamentos en Suiza (Leu, 2018, 153). Como ejemplo de este conocimiento señalamos el libro cuya imagen expusimos unas líneas más arriba.

                El legado de los conocimientos que Gesner ofreció a la humanidad fue memorable. Así, son relevantes sus colecciones y estudios sobre fósiles, minerales y plantas; los dibujos e ilustraciones de animales de sus libros de Historia animalium.

                Por último, se ha de señalar la dispersión de sus colecciones, de plantas, libros y otras curiosidades de ciencias, entre ellas la medicina, en diversas bibliotecas y centros universitarios europeos (Leu, 2018, 155-156).

(***) polímata: Persona con grandes conocimientos en diversas materias científicas o humanísticas (Dicc. RAE).

(****) “Padre de la bibliografía moderna”, lo llamó Jens Christian Bay (historiador y bibliógrafo), bibliotecario de la biblioteca del Congreso de Estados Unidos y de la Universidad de Chicago.

 

Temática de sus colecciones

La colección de libros de Gesner abarca una variada temática en la que destacan las obras científicas, principalmente de medicina y farmacia, alrededor de cien títulos (unas fuentes indican 107 y otras 93). Obras en las que se incluyen algunas de alquimia, balneoterapia, psicología, veterinaria, iatromatemática*****, etc., componiendo un total aproximado del 25 por ciento. También son destacables los libros teológicos (41), textos filosóficos (28) y volúmenes de historia (23). Su colección de libros tiene, además, está compuesta por otro tipo de obras de variada temática como ciencia militar, de política y de leyes (Leu, 2018).

No faltan las obras de Galeno ni de Hipócrates. De hecho, Gesner estudió las bases o fundamentos del pensamiento de Galeno, y facilitó la publicación de las obras de este sabio del siglo II. Contribuyó a la publicación latina en 1549 y la introducción bio-bibliográfica a la edición en griego de Galeno, publicada en Basilea en 1562 (Leu, 2018).

Entre los libros médicos no desdeña a los antiguos, como hemos apreciado, tampoco a sus coetáneos, encontrándose, incluso, de autores medievales, pues el mundo árabe, con sus traducciones, difundió por Europa los conocimientos médicos de la Antigüedad (Leu, 2018). En la época de Gesner era frecuente hallar textos sobre las epidemias de la peste. Él mismo vivió en Zúrich una de estas epidemias, concretamente la de 1563 a 1566, enfermedad de la cual murió a los 48 años, en 1565 (Leu, 2018). 

(*****) Iatromatemática: también dicho astrología médica. La astrología fue un arte muy vinculado a la medicina, sobre todo en tiempos antiguos y medievales.

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Bibliografía

-Álvarez Márquez, C. El itinerario de adquisiciones de libros de mano de Hernando Colón. HID 30. 2003: 55-102.

-Arrizabalaga, J. Las aportaciones de Andrés Laguna al avance de la ciencia. En: Sacristán JA. Gutiérrez JA. (coord.). Andrés Laguna, un científico español del siglo XVI. Fundación Lilly y Unión Editorial; Madrid: 2013; pp.75-94.

-Beaujouan, G. Fernand Colomb et l'Europe intellectuelle de son temps. Journal des Savants. 1960; 4: 145-159.

-Beaujouan Guy. Manuscrits médicaux du Moyen Âge conservés en Espagne. En: Mélanges de la Casa de Velázquez, tome 8, 1972. pp. 161-221. doi : https://doi.org/10.3406/casa.1972.1057.                                                                                

En:  https://www.persee.fr/doc/casa_0076-230x_1972_num_8_1_1057

 -Beaujouan, G. Hernando Colón, adquiridor de manuscritos científicos: 47-59. (199??). En: institucional.us.es › revistas › rasbl › art_3.

-Colón, F. Registrum librorum don Ferdinandi Colon primi Almirantis Indiarum filii [Manuscrito]. Biblioteca Nacional de España. Biblioteca Digital Hispánica. Mss. 18119. En: http://bdh.bne.es/bnesearch/Search.do?

-Gesner, Conrad (1516-1565). Biblioteca Virtual de Filología Española. 

En:  https://www.bvfe.es/es/component /mtree/autor/9841-gesner-conrad.html


-https://www.juntadeandalucia.es/cultura/agendaculturaldeandalucia/evento/biblioteca-capitular-colombina-en-sevilla

-Institución colombina. Biblioteca colombina. Repertorios de Hernando Colon.

En: http://www.icolombina.es/colombina/index.htm

-Leu, Urs B. La biblioteca privada de Konrad Gesner. Titivillus. 2018; 4: 153-163.

-Martí Ibáñez, F. La epopeya de la medicina (versión en castellano de The Epic of Medicine. Potter; New York: 1962.

-Márquez de la Plata JM. Martín Riego M. La función didáctica de la biblioteca: la Colombina. Escuela Abierta 2005; 8: 57-96.

-Mateu Ibars, J. Hernando Colón. Una biblioteca excepcional, la de Hernando Colón (1488-1539) y la actual edición de su "Catálogo concordado". (Sevilla 1993). Boletín Americanista. 1994; 44: 220-226.

-Nisbet, R. La idea de progreso. Revista Libertas. 1986; 5 (sin paginar). En: www.eseade.edu.ar 

-RANM. Joyas de la Biblioteca (vol. I). Real Academia Nacional de Medicina; Madrid: 2002.

-Riera Palmero J. La figura de Andrés Laguna en la medicina del Renacimiento. En: Sacristán JA. Gutiérrez JA. (coord.). Andrés Laguna, un científico español del siglo XVI. Fundación Lilly y Unión Editorial; Madrid: 2013; 45-74.

-Santos de la Hera, Fernando.  El libro en la Catedral de Sevilla, siglo XVII. [Tesis doctoral] 2019. Departamento de Hª Medieval y Ciencias y Técnicas historiográficas. Universidad de Sevilla.

-Terrada Ferrandis, ML. López Piñero, JM. Historia del concepto de Documentación. Documentación de las ciencias de la información. 1980; 4: 229-249.

-Vallejo. El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo. Siruela; Madrid: 2019.

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jueves, 8 de octubre de 2020

Episodio 5. Bibliófilos para la gestión del libro médico y las bibliotecas, (I) Edad Media

(I) Edad Media: san Isidoro de Sevilla y Richard de Bury

 

«El libro simboliza el refinamiento de la civilización y la importancia concedida a los libros y la lectura se convirtieron en la clave de la formación de las generaciones futuras…»Ballester Añón R. y Balaguer Perigüell, E. En el nombre de los niños: la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (1803-1806). Asociación Española de Pediatría, ed.: Madrid; 2003; pág. 30)

 

Introducción

Los amantes de los libros y la gestión de las bibliotecas con fondos médico-sanitarios han muy sido importantes a lo largo de la historia. Bibliófilos que han recopilado y coleccionado libros, que han formulado o reformulado la organización de las bibliotecas, que han pergeñado tal o cual administración y préstamo de libros, etcétera. De la nómina de estos sabios hemos escogido 6, a cuyas obras teníamos un más fácil acceso. Creemos que son representativos del objetivo planteado en esta serie de artículos: uno para el Medievo, otro para la Época Moderna y, por último, otro para la Edad Contemporánea.

De la Edad Media se han escogido a san Isidoro de Sevilla y a Richard de Bury. Ambos religiosos y de mentalidad enciclopédica. Para la Edad Moderna se han elegido a Hernando Colón, “fundador de la bibliografía moderna”, y a Konrad von Gesner, profesor, naturalista suizo, que fue uno de los primeros eruditos en sistematizar la clasificación bibliográfica. Por cierto, se le atribuye la invención del lápiz. Para la Época Contemporánea se ha optado por el cirujano John Shaw Billings, creador de la biblioteca médica del ejército de Estados Unidos, que dio origen a la National Library of Medicine de Nueva York; y también al historiador de la medicina Francisco Guerra Pérez-Carral, que reunió, clasificó, catalogó, incluso restauró libros, en ambos casos vinculados a las ciencias médico-sanitarias. Reconocemos que existen otros afamados y, posiblemente, más destacados coleccionistas de libros y organizadores de bibliotecas del ámbito médico-sanitario, pero a estos que indicamos hemos tenido un más pronto y fácil acceso.

Hay bibliófilos y bibliógrafos anteriores, por ejemplo, Calímaco, gestor de la biblioteca de Alejandría, Hypatia y otros. Mas, para un artículo de las características que pretendemos ha sido obligatorio seleccionar solo algunos. En otro estudio se está analizando la creación y gestión de las bibliotecas en la Antigüedad clásica.

Intentaremos, de manera breve y concisa, dar noticias de los detalles de la organización de las bibliotecas que estos personajes idearon e inventaron, ofreciendo a los usuarios y lectores la mejor catalogación y organización para la lectura y el estudio, señalando los avances que aportaron a la bibliotecología. 

 

SAN ISIDORO DE SEVILLA

Nació hacia el 560, bajo el reinado de Atanagildo, rey visigodo, de Toledo. Durante su vida se sucedieron 12 reyes visigodos. Con Recaredo, en el 589, se produjo la formal conversión al catolicismo en el III Congreso de Toledo. Murió nuestro personaje el 636, cuando reinaba Sisenando. San Isidoro fue un sabio y erudito polímata,* teólogo y recopilador de obras de la Antigüedad, amén de sus reflexiones sobre la medicina.

Este personaje buscó, recopiló, clasificó y trasmitió todo el saber de la época Antigua que cayó en sus manos, lo organizó al detalle, haciendo fácil su consulta y estudio, nos comentan Bonilla y Delgado, citando a Quiles Sánchez. Numerosas obras de su colección y sus escritos forman parte de la biblioteca visigoda de la catedral de Sevilla.

El libro que hoy nos interesa es las Etimologías. Una gran obra enciclopédica en veinte libros. A lo largo de sus páginas nos vamos encontrando con múltiples explicaciones de conceptos, aclaraciones de aspectos teóricos, ejemplos de las aserciones que explica y escribe este autor sobre diversas ramas del saber, de ahí el epíteto que se aplica a este sabio: «polímata». De esta obra nos centraremos en los libros IV y VI, que hablan de medicina y de libros, respectivamente.

(*) Polímata: sabio en varias materias

 

Libro IV Acerca de la medicina

Este autor nos habla también de medicina en esta obra de las Etimologías, en concreto el libro IV. Tiene este apartado trece capítulos, en los que habla de un número importante de enfermedades, instrumentos utilizados en la ciencia médica, también incluye noticias sobre “medicinas, y los olores y ungüentos…” (Pérez, 1925, 22).

 

Origen de la medicina

A lo largo de la exposición que este clérigo hace de la medicina comenta y explica el saber que en la época de los visigodos había sobre esta importante materia de la salud. Expresa de manera breve, posiblemente muy didáctica, los conceptos y orígenes de este arte (o ciencia). Así, informa de que el dios Apolo ofreció esta destreza de la sanación y la curación a los primeros griegos, cuando dice que, entre los griegos se cree que el dios Apolo fue el inventor e impulsor de la medicina, que su hijo Esculapio aumentó el prestigio y eficacia de este arte. Mas, Asclepio (Esculapio) cayó en desgracia y fue prohibida la actividad de sanar y curar. Esta capacidad de curar se mantuvo oculta hasta que cinco siglos después cuando reinaba entre los persas Artajerjes, fue rescatada del olvido por el sabio griego de la isla de Cos, Hipócrates, cuya familia de médicos se dice que fue engendrada por el propio Asclepio, por tanto descendiente de Apolo.

 «Medicinae autem artis auctor ac repertor apud Graecos perhibetur Apollo. Hanc filius eius Aesculapius laude vel opere ampliavit.  Sed postquam fulminis ictu Aesculapius interiit, interdicta fertur medendi cura; et ars simul cum auctore defecit, latuitque per annos pene quingentos usque ad tempus Artaxerxis regis Persarum. Tunc eam revocavit in lucem Hippocrates Asclepio patre genitus in insula Coo» (En: https://elalmanaque.com/etimologias/medicina.htm.)

 

Teoría de los 4 humores

Explica en sentencias breves las teorías humorales del cuerpo, extraída de diversos libros antiguos de medicina. De modo que dice san Isidoro que las enfermedades proceden de los cuatro humores: la hiel, la sangre, la melancolía y la flema. Por estos humores hay salud o, en su defecto, hay enfermedad. Al aumentar uno de ellos, se altera la naturaleza y surge la enfermedad. Relacionados con los cuatro humores están los cuatro elementos: la tierra con la melancolía, el aire con la sangre, la cólera con el fuego y el agua con la flema. Así se conservan los cuerpos.

«Morbi omnes ex quattuor nascuntur humoribus, id est ex sanguine et felle, melancholia et phlegmate. Ex ipsis enim reguntur sani, ex ipsis laeduntur infirmi. Dum enim amplius extra cursum naturae creverint, aegritudines faciunt.] Sicut autem quattuor sunt elementa, sic et quattuor humores, et unusquisque humor suum elementum imitatur: sanguis aerem, cholera ignem, melancholia terram, phlegma aquam. Et sunt quattuor humores, sicut quattuor elementa, quae conservant corpora nostra». [En: https://elalmanaque.com/etimologias/medicina.htm.]

 

Las “escuelas”* médicas en la Antigüedad

De los diversos sistemas, tendencias o escuelas médicas recogemos las siguientes ideas y textos: a) la escuela metódica fue puesta en práctica por el dios Apolo, que enseñó la disciplina médica a su hijo Esculapio (Asclepio) y que desarrolló la escuela empírica. Recorriendo san Isidoro la historia informa que la medicina lógica, creando una escuela basada en los fundamentos filosóficos, que ocuparon la mente de los sabios de aquellos tiempos, fue inventada por Hipócrates de Cos.

(*) Entiéndase aquí escuela en el sentido de la manera de hacer las cosas, las terapias, los tratamientos, no en el sentido de formación académica.

 

Fragmento de las Etimologías, pág. 471
Fragmento de las Etimologías, p. 471.
  

(Traducción) 4. Sobre las tres escuelas de los médicos*

Así pues estos tres varones descubrieron otros tantos sistemas. El primero, la Medicina Metódica fue descubierto por Apolo: es el que actúa mediante remedios y conjuros. El segundo, la Medicina Empírica, es decir totalmente basada en la experiencia, fue hallado por Esculapio, que no se basa en las señales de los indicios, sino únicamente en los experimentos. El tercero, la Medicina Lógica, es decir racional, fue inventado por Hipócrates… (Etimologías, p. 474). (Versión de Mariano Arnal. En: https://elalmanaque.com/etimologias/medicina.htm.

 (*) Escuela, tendencia: de Haeresi = secta, tendencia.

 

LIBRO VI. De los libros y oficios eclesiásticos. (págs. 557-614)

Esquema sobre los géneros de las obras Etimologías, págs. 557-614

A lo largo de este 6º libro, san Isidoro explica, cuasi pedagógicamente, todo lo que tiene que ver con el mundo del libro, sobre todo aclara diversos conceptos, acerca de los géneros y tipos de obras, así como la materia o contenido que trata cada modelo o cada ejemplo. Así, el libro de las Etimologías, que es una auténtica enciclopedia es, para la historia de la organización de las bibliotecas, la clasificación de las mismas, la organización de materias, etcétera, es fundamental este libro, como señalan Bonilla y Delgado.

 

Estructura de la biblioteca isidoriana

Respecto a la estructura de la biblioteca de san Isidoro apuntan Bonilla y Delgado, citando a otros estudiosos de esta materia, que queda

 

 Instalada en la sede episcopal, en un lugar de hermosa y noble apariencia, tenía armarios adosados a las paredes y en ellos, tumbados sobre las baldas, reposaban los códices de pergamino. (Sánchez, 2009). Encima de los armarios, probablemente, se encontraba decorada con retratos de los escritores más ilustres de cada disciplina siguiendo la costumbre romana que ya también se utilizó en otras bibliotecas como la de El Escorial; pinturas a las que iban dedicadas unos dísticos insertados debajo de ellas. Son los llamados Versus in biblioteca, una colección de 27 poemas en dísticos elegíacos con un total de 104 versos conservados. De los 27 poemitas, 15 se refieren a la biblioteca, 9 a la farmacia y 3 al scriptorium. A pesar de que durante largo tiempo se dudó de la autoría isidoriana, en la actualidad ésta se tiene por segura. (Bonilla y Martínez)

 

Según estos autores los versos son una guía para apreciar la disposición y la colocación de los libros, volúmenes y códices de esta colección. De manera que  «… en primer lugar correspondía a los grandes Padres de la Iglesia, en segundo lugar a los poetas cristianos, a estos les seguían los historiadores, los juristas y los médicos». (Bonilla y Martínez)

 

Acerca de las diversas formas de presentar el texto, nos habla de varios tipos diferentes de libros, tomos o volúmenes, señalando la manera de escribirlos y las características tienen cada uno:

-Diálogo, plática entre dos personas… la plática precisa de otra persona.

-Tratado, amplia exposición de un solo tema… “El tratado va dirigido de manera especial a uno mismo”. ¿?

-comentarios reciben este nombre porque es como si dijéramos que están hechos «con la mente». ¿?

-Apología significa justificación: en ella suele responderse a quienes formulan acusaciones. Se basa únicamente en la defensa o en la negación…

-Panegírico es un disoluto y desvergonzado tipo de oratoria para alabanza de los reyes… reciben las adulaciones más embusteras”. ¿?

-Los libros de los fastos son aquellos en los que se describen los reyes o los cónsules…

-Proemium es el prólogo de una exposición… es el comienzo del libro… entre nosotros prefacio

-precepto lo que nos enseña qué debemos hacer o qué debemos evitar…

-La Parábola expone previamente una ficción plástica de un tema… se establece una comparación por la semejanza entre lo que se dice y el tema de que se trata.

-Problemaproposición, es una cuestión que contiene una incógnita que debe resolverse mediante una reflexión.

-Cuestión… se «inquiere» si algo existe, qué es, cómo es…

-Argumento… es un «argucioso invento» para probar algo…

-epístola a lo que en latín se dice «misiva»…

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RICHARD DE BURY (o Aungerville)

Obispo de Durham (1287-1345), fue un coleccionista de libros, cuyo fondo fue el germen de la biblioteca de la Universidad de Oxford. Su obra recoge, entre otros aspectos relacionados con la bibliotecología, una reglamentación para el funcionamiento de la biblioteca que se hizo en dicha institución, además de recopilar literatura científica del campo de la medicina*.

(*) Aunque también hay una razón, un poco más prosaica, para elegir a este bibliófilo del siglo XIV, y es que su obra Philobiblion la tengo en mi colección, tanto en versión inglesa online, como en la edición que la Junta de Castilla y León publicó en 2001.

 

Una de las primeras cosas que me sorprendió del obispo de Durham fue su disposición a adquirir libros, a aumentar su colección mediante compras, donaciones, regalos y, posiblemente, otros métodos…, en cualquier caso, obviando estos “otros métodos”, lo importante de esta colección de Richard de Bury es que fue el germen de la biblioteca de la Universidad de Oxford.

Este bibliófilo del siglo XIV escribió el célebre Philobiblion, una obra en la que se refleja su amor y su pasión por los libros. Esta obra, según nos señala Andrew Fleming en su estudio, tuvo un total de 12 publicaciones, desde su edición «príncipe», en el año 1473, hasta el año de la publicación de su estudio, en 1889 (Fleming, 1889, 35). En este sentido nos dice que “his master passion was his love of books —not for their outside, but their contents. To him they were the ‘sacred Love of vessels of wisdom’ and nothing less”, (su pasión principal fue su amor por los libros, no por su afuera (forma, o adornos), sino por su contenido. Para él eran (los libros) el "sagrado amor a los vasos de la sabiduría”, nada menos. (Fleming, 1889, 28).

 

«Comienza el prólogo del libro el amor por los libros llamado Filobiblion…» (Fleming, 1889, 37)

[Como reza al pie de la página: Edición príncipe, Colonia, 1473.]


 

 

Filobiblion: el manuscrito de la biblioteca de El Escorial

 

1ª página del manuscrito del monasterio de El Escorial (Madrid).


 El manuscrito de la biblioteca del monasterio de El Escorial, catalogado como J. II-25. Este manuscrito (creían que) se remontaba al siglo XIV, y se hace importante determinar su fecha exacta y el carácter de su escritura. Con la colaboración del “embajador en España”, el honorable J.L.M. Curry, se examinó el manuscrito sin concluir la exactitud de la fecha que se indica. Se realizó un posterior y más concienzudo estudio del manuscrito por Pascual Gayangos*, en representación del Museo Británico. Análisis para solucionar las dudas existentes y que dio como resultado que el manuscrito tiene características del siglo XV y, finalmente, es asignado “con cierta probabilidad” a esa centuria… el título del documento está cortado en la parte superior y es ilegible en algunos lugares

(*)  Gayangos, intelectual, profesor e historiador español que trabajó durante un tiempo en Gran Bretaña

(The MS. in the conventual library at the Escurial, catalogued J. ii-25. As the Escurial catalogue assigned this manuscript to the fourteenth century, the importance of determining its date and character was evident. By the aid of our former Minister to Spain, the Hon. J. L. M. Curry, an examination of the manuscript was secured, without disclosing anything in support of the fourteenth century date. A second and more minute examination was made at the Escurial under the supervision of Mr. Pascual de Gayangos, of the British Museum. The result of this examination is to dissipate any fourteenth century pretensions. There is confessedly nothing to go on but the character of the writing. This has the fifteenth century characteristics, and may be assigned with some probability to the middle part of the century. It is written on paper, in fairly clear style, and contains nine treatises, Philobiblon coming last (ff. 157-186 recto). The title of the MS. is clipped at the top and is consequently illegible in places.) (Fleming, 1889, 82).

[Transcripción del comienzo del texto]  

«Incipit libellus dictus philobiblon editus a fratre . . . praedicator[e ? ], sacrae paginae praeclarissimo professore, ad petitionem domini Ricardi dimelinensis * episcopi, in cujus persona ipse magister Robertus loquitur in libello praesenti».

»Incipit prologus in philohihlon Ricardi dimelinensis episcopi». (Fleming, 1889, 83)

(Traducción aproximada: Inicio del cuaderno llamado filobiblion editado (escrito?) por un hermano…(ilegible)… página sagrada dictada por el preclarísimo profesor, a petición de Ricardo obispo dunelmensis (de Durham), comentado (con comentarios) del maestro Roberto en charlas del presente libelo (cuaderno, trabajo, libro).

Comienza el prólogo en Filobiblion Ricardo obispo de Durham.)

(*) Dimelinensis = Dunelmensis = de Durham.

 

«Capítulo XIX. Reglamento para el préstamo de libros

»Siempre ha sido difícil contener a los hombres en los límites de las leyes sobre honestidad… traspasar esos límites que señalaron los antiguos… violar las leyes establecidas… hemos determinado un cierto modo de reglamentar el uso y préstamo de los libros que redunde en provecho de los estudiantes. En primer lugar, todos nuestros libros -de los que hicimos un catálogo especial- los entregamos… al Comité de estudiantes, que viven en Oxford… y a fin de que los libros se presten por algún tiempo a estudiantes y maestros, regulares o seculares de la Universidad de la susomentada (sic) ciudad y les sirvan de provecho para sus estudios, dispusimos el siguiente reglamento para su préstamo:

»… tendrán el derecho de prestar los libros para su lectura o estudio… que no se permita la salida de ningún libro del recinto de morada para copiarlo o transcribirlo [¿derechos de autor?]… los custodios considerarán con cuidado si existe más de un ejemplar; si es así, lo podrán prestar bajo caución [prevención, precaución, cautela; garantía o protección prestada a alguien…, DRAE],  que según su estimación, deberá sobrepasar el valor del libro… extenderán un recibo, en el que conste la signatura del libro prestado, la prenda dejada y los nombres del prestante y prestatario, así como la fecha del préstamo. Si, por el contrario, no existiera más que un solo ejemplar del libro solicitado, no lo prestarán a nadie [no prestable, consulta en sala]… El escolar que tuviera en préstamo un libro no podrá cederlo a ningún otro, a menos que medie el consentimiento de los susodichos custodios… [los bibliotecarios] Cuando los tres alumnos elegidos entren en funciones, prometerán, bajo juramento, observar esta reglamentación, y aquellos que reciben el libro prestado, jurarán igualmente que lo solicitan solamente para leer o estudiar…

»Cada año los bibliotecarios rendirán cuentas ante el director del establecimiento [memoria anual, auditoría]… tres inspectores -distintos de los bibliotecarios-, que examinarán el catálogo de los libros, contando los que faltan y las prendas que los representan… es necesario que el prestatario presente el libro al guardián, al menos una vez al año, y éste a su vez le mostrará su prenda. Si por azar se extraviara algún libro por muerte, hurto, incuria o fraude del prestatario, su procurador o el encargado de ejecutar su última voluntad pagará el precio del libro, recibiendo a cabio la prenda. Por último, si sucediera de cualquier forma que los guardianes obtuvieran beneficios [norma contra el lucro y la corrupción], los emplearán en reparación y compra de nuevos libros.» (Bury, 2001, 147-150.)

 

De los libros médicos de Richard de Bury

Entre otros notables libros médicos (Avicena, Averroes, etc.), la colección del obispo de Durham guardaba el conocido como Tegni Gallieni, como nos indica Fleming West en su estudio sobre Richard de Bury. «Tegni: Galen’s medical treatise, the τέχνη ιατρική, commonly called Tegni in middle ages» (Fleming, 1889, 124).

En la Biblioteca Digital Hispánica, de la Biblioteca Nacional de España, hemos localizado una copia de esta obra que círculo ampliamente por los territorios de Europa. En esta ocasión se trata de la versión de Ugo Benzi, también nombrado Ugo Senensis (de la ciudad italiana de Siena).

 

Portada de una de las copias que por Europa circulaban del libro de Galeno Tegni Gallieni. Incunable impreso en la imprenta de Boneto Locatello, Venecia, 1498.


 

 

 

Bibliografía

Bonilla Martínez E. y Delgado Romero M.  Biblioteca virtual Scriptorium Isidori Hispalensis. (Grupo de Trabajo Scriptorium Isidori Hispalensis. Aula de la Experiencia, Universidad de Sevilla). En: www.scriptoriumisidorihispalensis.org

 Bury R. Filobiblión. Muy hermoso tratado sobre el amor a los libros. [traducción de Sáinz de Robles Rodríguez, C.], Junta de Castilla y León. Consejería de Educación y Cultura; Salamanca: 2001.

Fleming West, A. The Philobiblion of Richard de Bury, Edited from the Best Manuscripts and Translated into English with an Introduction and Notes. Printed for the Grolier Club: New York; 1889.

Benzi, Ugo. Expositio Ugonis Senensis super libros tegni Galieni. Imp. Bonetus Locatellus; Venecia: 1498.

Pérez Llamazares J. Estudio crítico y literario de las obras de San Isidoro, Arzobispo de Sevilla, e influencia de las mismas en la reforma de la disciplina y formación del clero. La Crónica de León Editorial: León; 1925.

 Quiles, I. San Isidoro de Sevilla: biografía, escritos, doctrinas. Madrid: Espasa Calpe, 1965.

San Isidoro. Etimologías, edición bilingüe. [traducción de Oroz Reta J. y Marcos Casquero MA.], B.A.C.: Madrid: 2004.

---. Etimologías. [traducción de Arnal, M.] En: https://elalmanaque.com/etimologias/medicina.htm