(II) Renacimiento: los «dos padres» (promotores) de la bibliografía: Hernando Colón y Konrad von Gesner
«El libro ha superado la prueba del tiempo... el libro seguía ahí. Como dic Umberto Eco, pertenece a la misma categoría que la cuchara, el martillo, la rueda o las tijeras. Una vez inventados, no se puede hacer nada mejor.» (Irene Vallejo. El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo. 2019, 20)
Para esta serie de artículos (3)
sobre los amantes de los libros y la gestión de las bibliotecas con fondos
médico-sanitarios se han escogido a aquellos de cuyas obras teníamos un
más ágil y fácil acceso, del
amplio repertorio de bibliófilos que, a lo largo de la historia han recopilado
y coleccionado libros, han formulado o reformulado la organización de las
bibliotecas y, en el caso de las ciencias sanitarias.
En el episodio que nos ocupa hoy, señalaremos a otros
dos importantes bibliófilos, y considerados ambos como “promotores (padres) de
la bibliografía moderna”: el naturalista Konrad von Gesner, profesor y
bibliógrafo, que fue el inventor del lapicero. Y, de la misma época diremos
unas pocas ideas sobre el que también es señalado fundador de la bibliografía
moderna, Hernando Colón, el hijo del descubridor de América.
En el Renacimiento, “progreso” y
“avance”: dos vocablos que procuran «lo mejor» del ser humano
Sabemos que en el periodo del Renacimiento se engarzan estrechamente
tiempos Medievales y Modernos, y se produjeron notables innovaciones, se ven
las transformaciones culturales (el mundo de la Antigüedad volvió a ser
reconsiderado en todos los órdenes: se revisaron las obras literarias,
científicas y filosóficas, se observa con detalle y se cogen las ideas de la
arquitectura de aquel lejano tiempo, se aprehenden las enseñanzas artísticas.
Paulatinamente hubo cambios en las mentalidades, mudanzas sociales, políticas
y, también, económicas.
Estas
transformaciones, que podemos considerar, sin ninguna duda, “avances, progreso
y desarrollo”, se verán también reflejados en los libros sanitarios, tanto en
el orden médico-clínico como en el ámbito de la cultura de los cuidados,
ejercida por la incipiente enfermería, por ejemplo, la realizada por las
congregaciones religiosas (justo es reconocerlo).
Nos explica Jon Arrizabalaga que “El término «avance»
remite inmediatamente a «progreso», una idea tradicionalmente asociada a la
medicina, la ciencia y la sociedad del siglo XIX, por más que de ningún modo
sea exclusiva de ella, como ya hace casi cincuenta años (6 o 7 más) ilustró,
entre otros José Antonio Maravall…” (Arrizabalaga, 2013, 77).
Robert Nister (citado también por Arrizabalaga) nos recuerda
que: «… la perspectiva de progreso es usada, especialmente en el mundo moderno,
para sustentar la esperanza en un futuro caracterizado por la libertad, la igualdad y la justicia individuales…» (Nisbet, 1986). Otra de los
evidentes asuntos para el entendimiento del pasado que expresa Nisbet, es que
“… en la civilización occidental existe aparentemente la idea de que toda la
historia puede concebirse como el avance de la humanidad en su lucha por
perfeccionarse…” (Nisbet, 1986).
Propongo como reflexión que si unimos las ideas de
Arrizabalaga, Nisbet y Maravall al pensamiento de Erich Meyerhoff de la
historia y la bibliotecología (o sea, la ciencia de los libros) como agentes para la justicia social,
encontramos la “cuadratura del círculo en la representación de la vida del ser
humano”: progreso-historia, justicia-avance,
libros-libertad, desarrollo-cultura, ciencia-igualdad y justicia social e
individual. ¡¡Total, casi nada!!
En el caso de
España, con todas las contradicciones que queramos incluir, el reinado de
Carlos I fue de indudable progreso, pues continuó, y amplió, las
transformaciones y los cambios iniciados por sus abuelos, los Reyes Católicos,
así mismo, favoreció una “fecunda comunicación con Europa con notable
incremento de la actividad científica, especialmente en la promoción de médicos
de la corte imperial” (Riera Palmero, 2013).
La medicina y los libros en la época renacentista
¿Cambió la medicina con respecto
a la etapa anterior? Obviamente, sí, pese a que continuaron vigentes la
filosofía médica y la teoría de los humores de la Antigüedad, las doctrinas de
Hipócrates, los remedios de Dioscórides y la medicina de Galeno. Los médicos,
los intelectuales, los artistas y los sabios humanistas, como expresa Martí
Ibáñez, fueron
«… el fermento (que)
transformó el molde medieval de la literatura y el arte, aguijoneó la rebelión
contra el dominio del arabismo y los humanistas trataron de eliminar el
tradicional dogmatismo de Galeno, Aristóteles y Avicena» (Martí Ibáñez, 1962, 299).
El crecimiento
de la población, de alguna manera, demandaba una mejor atención
médico-sanitaria. Los nuevos descubrimientos geográficos permitieron a las
mentes inquietas, además de un conocimiento más amplio del planeta Tierra, un
ofrecimiento de nuevas soluciones en salud, principalmente en el ámbito
farmacológico, el saber de nuevas plantas medicinales como remedio a diversas
enfermedades. La inquietud mental favoreció nuevas investigaciones, nuevas
terapias, tanto quirúrgicas como terapéuticas y asistenciales.
Y, en relación
al tema que nos reúne hoy, señalemos, sobre todo, la importancia de la imprenta
de tipos móviles. Invención que permitió una amplia difusión del conocimiento, ya
fuera científico, literario, filosófico o de las ciencias médico-sanitarias. De
esta manera indicaremos algunos aspectos que, o bien ayudaron a la organización,
administración y gestión de los nuevos libros y/o se recopilaron importantes e
interesantes colecciones de libros sanitarios.
Con la
imprenta la producción de libros se multiplicó notablemente. La forma de
edición dejó de ser manual para ser mecánica y automatizada, más rápida,
económica, amplia y, si cabe decirlo, también más popular, expansiva hacia una
población erudita o profana, pero con deseos de absorber el conocimiento
recogido en los libros. El saber llegó a más gente y a un coste más barato.
Aun así, la elaboración
de libros manuscritos, de libros escritos e iluminados a mano, pervivió, y
ambos sistemas coexistieron. A su vez,
estimamos que aumentó, no solo el número de volúmenes en las bibliotecas (de
los reyes, de algunos nobles, y las monásticas, etc.) sino, además, se
incrementó el espíritu coleccionista de ciertos personajes, como el caso de los
bibliófilos que veremos a continuación.
Estas
publicaciones, y algunas más, forman parte indisociable del avance de la
sanidad en esta época para lograr una mejor preparación de los profesionales en
las necesarias relaciones entre médico-paciente, salud-enfermedad, saber
médico-terapia a aplicar, con el fin de obtener los mejores resultados para la
salud. Pues el progreso de las ciencias sanitarias ha de investigarse vinculado
a los cambios de la mentalidad materializados por gran parte de la sociedad en
la búsqueda de «la nueva concepción del Universo y del Hombre» (Riera, 2013,
52).
De la Época
Moderna en España, destacamos algunos libros (aunque existen muchos más y,
posiblemente, más renombrados y famosos) como el Retrato del Perfecto Medico
(1595), de Enrique Jorge Enríquez; el de Antonio Trilla, profesor de vísperas *
de la Universidad de Toledo, titulado Perfecto practicante y cirujano
(1679); el libro de los religiosos Obregones, Instrucción de los enfermeros
y consuelo a los afligidos enfermos… (1618); o Diálogos del médico y el
practicante (1764), de Manuel Fernández Barea.
(*)
Catedrático de vísperas: que da las
clases por la tarde, en contraposición al catedrático de prima que ofrecía sus
lecciones por la mañana.
Y
de la riqueza de los libros se percataron los bibliófilos que comentaremos a
continuación. Ellos vieron la necesidad, no solo de agrupar y coleccionar
libros, sino, además, las maneras de organizarlos para poder desarrollar
adecuadamente el conocimiento guardado en sus bibliotecas.
…………-----------………….
Hernando
Colón y sus libros (1488-1539)
Para el
historiador de la medicina López Piñero y la profesora Terrada la figura de
Hernando Colón es “uno de los fundadores de la bibliografía moderna… y el
primero que se planteó explícitamente las nociones básicas de información
científica” (Terrada y López Piñero, 1980, 231).
En su fama de erudito e
intelectual se le considera uno de los primeros bibliógrafos, motivo por el que
lo asociamos a Konrad von Gesner, no solo por la época en que vivieron, sino
porque ambos registraban, anotaban, incluso, catalogaban y compendiaban sus
colecciones.
Bibliófilo
interesado en la cultura, la filosofía, la ciencia y el pensamiento de su
tiempo, dedicó gran parte de su vida y su dinero a viajar para adquirir libros,
y más libros, y crear una de las bibliotecas más destacadas e importantes de
aquella época. Según Terrada y López Piñero (1980) “… la importancia de su
contribución radica en que no fue un mero coleccionista de libros, sino que
creó y organizó su biblioteca como un instrumento para el trabajo intelectual y
científico.
La biblioteca de Hernando Colón: ¿Colombina o
Hernandina?
La amplia colección de libros del 2º hijo del «Primer
Almirante de la Mar Oceana», fue el origen de la biblioteca conocida como
«colombina», aunque su propietario quería llamarla «hernandina», se encuentra
en la ciudad de Sevilla. Está compuesta, inicialmente, por más de 15.000
libros, entre manuscritos (los de su propio padre, Cristóbal Colón, libros que
heredó a la muerte del descubridor en 1506); incunables (o sea, libros impresos
con la nueva técnica de la imprenta antes del año 1500), y un amplio repertorio
de libros adquiridos, generalmente comprados, fuera de España, pues Hernando
viajó con frecuencia por Europa, precisamente, para comprar o adquirir libros.
Estos viajes de nuestro
bibliógrafo son una labor interesante, que ha sido objeto de investigación por
diversos expertos bibliógrafos como Guy Beaujouan y Carmen Álvarez, entre
otros.
Hernando Colón no es lo que tradicionalmente se llama
un bibliófilo. No colecciona libros en cuanto objetos preciosos; los adquiere,
al contrario, por la utilidad de su contenido. En esta Sevilla que llega a ser,
en la primera mitad del siglo XVI, un centro orgánico de la vida mundial,
quiere dotar a España, no sólo de una gran biblioteca, sino también de un verdadero
centro de documentación: según sus propias palabras, un «refujio -sic- donde los letrados puedan recurrir en
cualquier duda que se les ofresciere» -sic-. (Beaujouan, 199?, 48).
Cada libro en su estante
La organización que Hernando Colón diseñó para
sus libros, hace ya unos 500 años, es reconocida, incluso, en los criterios
científicos actuales. Posiblemente fue considerada muy interesante por
organizadores y promotores de bibliotecas de siglos posteriores, tanto en
Francia e Italia como en España; llegando, incluso, a tenerse en cuenta en los
estudios más recientes, como la Clasificación Decimal Universal (C. D. U.) y la
clasificación de Dewey para la catalogación de los libros en las bibliotecas
contemporáneas.
La
riqueza de los datos que constataba Hernando es muy interesante para el estudio
pormenorizado de todas sus adquisiciones. Así, anotaba las circunstancias que
consideró interesantes reflejar de cada una de las obras que obtenía: precio,
vendedor, lugar, fecha de la compra y otros detalles que al estudioso le pueden
resultar interesantes de reseñar.
Además
de inventariar cada libro, los organizó y dividió en tres grandes grupos con
fichas específicas para cada índice: alfabético, topográfico y documental. Así,
por ejemplo, en el Abecedarium A, contiene los datos de nombre del
autor, título de la obra y número de registro (Fuente: Institución colombina).
![]() |
Manuscrito de uno de los registros de la
biblioteca colombina. Biblioteca Digital Hispánica. BNE Mss. 18119. (página 1r.)
En esta imagen, la primera página del Registrum librorum, tenemos uno de los más claros
ejemplos de catalogación, registro y asiento de los libros de la biblioteca
colombina. Una forma muy novedosa en aquel tiempo, pues se pueden buscar las obras
de diversas maneras: por materias, alfabéticamente por autores, etcétera.
Desde los inicios de su afán
recopilatorio hasta los documentos del final de su vida (me refiero al
testamento) se aprecia
“… su talento como
bibliófilo. Se adelanta a su época y propone ordenar
los libros con el lomo hacia fuera, para poder apreciar el título de la obra y ordenar
alfabéticamente y por materias todas las obras, para facilitar el trabajo de
búsqueda… el
testamento es su mayor obra bibliófila... está dividido en dos partes: una en la que
escoge su sepultura y organiza su herencia, y la otra dónde refleja el reglamento
que ha de seguir su biblioteca… en esta segunda parte se
recogen todos los pormenores de la biblioteca: distribución, ordenamiento,
organización, recogida y compra de libros, sueldos, horas de trabajo, etc.”
(Fuente: Coleccionistas del pasado: la biblioteca colombina)
Otro sistema de búsqueda
que ideó este pensador a la hora de localizar la información es el conocido
como libro de los Epítomes, que es un método de organizar los resúmenes de los libros (Fuente: Institución colombina),
como en muchas bases de datos en la actualidad. De modo que el lector,
conociendo de antemano el resumen puede decidir si leer o no el libro en
cuestión, pues hay ocasiones en las que el título de una obra puede ser
sugerente y el contenido no responder a las expectativas o intereses del
lector.
El bachiller Juan Pérez fue
uno de los primeros bibliotecarios organizadores de la colección. Se trataba de
una persona de confianza de Hernando, que, a la muerte del patrón (léase
Hernando Colón), dio fin a la redacción de otras obras iniciadas años antes,
como el Itinerario o Cosmografía de España; el Diccionario latino
y la Memoria de dibujos y pinturas, obras que constituían un rico
complemento a la labor bibliográfica del propio promotor de la biblioteca (Fuente:
Institución colombina).
El fundador ambicionaba que
su proyecto de biblioteca fuera “para siempre”. En el Memorial que remitió al emperador Carlos I para la creación de la institución
anotó con precisión que se conservara su labor (Fuente: Coleccionistas
del pasado: la biblioteca colombina).
La ciencia
médica en la biblioteca colombina
Algunos de los libros de medicina llegaron a la
colección después de la muerte del bibliógrafo. Sabemos que dejó estipulado en
su testamento que el repertorio continuara ampliándose. De hecho, dotó
económicamente el proyecto para este fin, y la colombina fue enriqueciendo sus
fondos.
La
biblioteca bajo el término “medicina” recoge en la actualidad unos 845. La
tesis doctoral de Fernando Santos, presentada en 2019, señala cómo estuvieron
repartidos, o recogidos, los libros de medicina en la época de la fundación de
la biblioteca. De manera que indica el número del cajón correspondiente con la
cantidad de libros y manuscritos médicos que contenía cada uno, así como el
idioma en el que estaban escritos, ya fuera español, italiano, francés, alemán
o griego (Santos, 2019, 53).
Igualmente, Guy Beaujouan,
en los diversos estudios que hizo sobre los fondos bibliográficos de Hernando
Colón, anotó los detalles, que ya hemos comentado, y que el mismo Colón incluía
en la anotación de los libros, además de su identificación, la fecha y el lugar
de la adquisición o compra, como podemos apreciar en los siguientes ejemplos:
![]() |
| (Beaujouan, 199?, 56) |
Padua, abril 1531
![]() |
| (Beaujouan, 199?, 57) |
Un ejemplo del concienzudo asiento que Hernando
Colón realizaba con los libros que adquiría, lo tenemos en el siguiente apunte
del Registrum librorum, con el comentario
que hace de la obra Menor daño de la
medicina, de Alfonso Chirino de Cuenca (sabio del que ya hemos comentado
esta obra en uno de los capítulos anteriores). Registra en esta, llamémosle
ficha, el año de su publicación, 1506, véase en color rojo en el margen
izquierdo de la imagen. Es recogido con el número de registro 2084 +0·71·326.
![]() |
| página 9v. Registrum librorum |
[Transcripción]
2084 +0·71·326·
¶ [calderón]* Menor daño de Medicina, compuesto por (el)
maestro Alfonso Chirino.- Divídense en 8 partes: la 1ª comienza ,,como a todo varón enseñado.” La 8ª acaba: ,,el ombligo y es muy bnô (bueno).- Al
principio está la tabla de los capítulos en hoja i media. Al fin está el
testamento del autor: comienza:
,,Desseo de temporales” .- Es en fo. (folio) de 2 col. (columnas).-
Imprº (impreso) en Sevilla por Jacobo Cromberger alemán anno de 1506, a
30 de enero.- Costó en Salamanca 51 mrs. (maravedís).
(*) Calderón, o también llamado
antígrafo [¶ ] En la
escritura antigua servía para iniciar o diferenciar sentencias, oraciones o
párrafos dentro de un texto.
…………….------------------………………
Konrad von Gesner (el inventor del lapicero) (1516-1565)
Fue botánico, zoólogo, profesor, médico, cirujano, conocedor de varias
lenguas, tanto clásicas como de su época, (un
sabio del Renacimiento, un humanista). Escribió notables obras científicas:
como Historiae plantarum, Historiae animalium, en 5 volúmenes
(mamíferos, reptiles, aves, peces y serpientes); también el compendio
lingüístico Lexicon graecolatinum.
En 1545 publicó Bibliotheca universalis y, posteriormente, el Pandectarium sive
partitionum universalium, obras que los expertos consideran el «primer sistema de clasificación
bibliográfica». En tanto que lingüista escribió la magna obra Mithridates
sive differentiis linguarum tum veterum tum quae hodie apud diversas nationes
in toto orbe terrarum in usu sunt *.
(*)
Sobre las diferentes lenguas antiguas y actuales en las diversas naciones que
hay en toda la tierra (traducción aproximada.
Amplió los estudios sobre los animales con otras
publicaciones en las que se incluyen las imágenes de diversos y variados especímenes
que explica en los anteriores libros, así como publicaciones para completar la
fauna terrestre, los insectos: Historiae
insectorum. Imágenes de las aves, de los animales cuadrúpedos vivíparos y
ovíparos; además de un nomenclátor de la fauna de agua, ya sea mar, ríos y
lagos. Por cierto, todas estas últimas obras, Iconos y Nomenclátor fueron
escritas en varias lenguas como el latín, el italiano, el alemán, el francés,
el inglés, el griego y el castellano.
![]() |
| Retrato de Konrad von Gesner |
Fuente: https://wellcomecollection.org/works?query=h8kfjb2g&search=images
Gallery: https://wellcomeimages.org/indexplus/image/L0017768.html
Las plantas y la salud: El thesaurus
Evonymi philiatri
En la biblioteca de la Real Academia Nacional de Medicina de nuestro país
se han encontrado algunas de las joyas escritas por Gesner. Así, se referencia
el libro Thesaurus Evonymi Philiatri, De
Remediis secretis (El tesoro de Evonymus Philiatri)**, obra publicada en
Lyon en 1555, aunque su primera edición es del año 1552.
Libro que nos habla de remedios basados en los
principios activos de plantas y drogas, así como de las diversas técnicas de
destilación para obtener compuestos medicamentosos.
![]() |
| Portada del libro |
Fuente: RANM. Joyas de la
Biblioteca (vol. I). Real Acad. Nac. Medicina; Madrid: 2002; p. 68 y 69.
(**) Thesaurus Evonymi
Philiatri. Thesaurus: tesoro, en tanto que colección Euonymus: vegetal de los boneteros, que
tiene numerosas especies, desde planta de maceta hasta arbustos y árboles. Filiatri: amor al estudio de la
medicina.
Gesner, a este
elocuente polímata*** no lo hemos traído aquí en tanto que médico, sino como
bibliófilo, amante de los libros, además de ser considerado como el “padre de
la bibliografía” ****. Por otra parte, es apreciado como fundador de la
zoología. Como hemos indicado son notables sus aportaciones a esta ciencia;
siendo, así mismo, muy conocidas y esclarecedoras las ilustraciones que
acompañan sus escritos sobre la fauna que él estudia y explica.
Fue uno de los
botánicos más reputados del siglo XVI, con interesantes sus contribuciones al
campo de la agricultura (nunca mejor expresado “campo”). Así, los estudios
sobre el mundo vegetal ampliaron el saber sobre las plantas. Fue el primer
autor de un compendio de medicamentos en Suiza (Leu, 2018, 153). Como ejemplo
de este conocimiento señalamos el libro cuya imagen expusimos unas líneas más
arriba.
El legado de los
conocimientos que Gesner ofreció a la humanidad fue memorable. Así, son
relevantes sus colecciones y estudios sobre fósiles, minerales y plantas; los
dibujos e ilustraciones de animales de sus libros de Historia animalium.
Por último, se ha de
señalar la dispersión de sus colecciones, de plantas, libros y otras
curiosidades de ciencias, entre ellas la medicina, en diversas bibliotecas y
centros universitarios europeos (Leu, 2018, 155-156).
(***) polímata: Persona
con grandes conocimientos en diversas materias científicas o humanísticas
(Dicc. RAE).
(****) “Padre de la
bibliografía moderna”, lo llamó Jens Christian Bay (historiador y bibliógrafo),
bibliotecario de la biblioteca del Congreso de Estados Unidos y de la
Universidad de Chicago.
Temática
de sus colecciones
La colección de libros de Gesner abarca una
variada temática en la que destacan las obras científicas, principalmente de
medicina y farmacia, alrededor de cien títulos (unas fuentes indican 107 y
otras 93). Obras en las que se incluyen algunas de alquimia, balneoterapia,
psicología, veterinaria, iatromatemática*****, etc., componiendo un total
aproximado del 25 por ciento. También son destacables los libros teológicos
(41), textos filosóficos (28) y volúmenes de historia (23). Su colección de
libros tiene, además, está compuesta por otro tipo de obras de variada temática
como ciencia militar, de política y de leyes (Leu, 2018).
No faltan las obras de
Galeno ni de Hipócrates. De hecho, Gesner estudió las bases o fundamentos del
pensamiento de Galeno, y facilitó la publicación de las obras de este sabio del
siglo II. Contribuyó a la publicación latina en 1549 y la introducción
bio-bibliográfica a la edición en griego de Galeno, publicada en Basilea en
1562 (Leu, 2018).
Entre los libros médicos no
desdeña a los antiguos, como hemos apreciado, tampoco a sus coetáneos,
encontrándose, incluso, de autores medievales, pues el mundo árabe, con sus
traducciones, difundió por Europa los conocimientos médicos de la Antigüedad (Leu,
2018). En la época de Gesner era frecuente hallar textos sobre las epidemias de
la peste. Él mismo vivió en Zúrich una de estas epidemias, concretamente la de
1563 a 1566, enfermedad de la cual murió a los 48 años, en 1565 (Leu,
2018).
(*****) Iatromatemática:
también dicho astrología médica. La astrología fue un arte muy vinculado a la
medicina, sobre todo en tiempos antiguos y medievales.
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El infinito en un junco. La invención de
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