Algunos de los libros del siglo XX para perfeccionar la medicina española
1. Los sabios médicos españoles
Los
libros aquí referenciados, y custodiados en la biblioteca del Hospital General
Universitario de Ciudad Real, son algunos de los manuales utilizados por los
estudiantes y profesionales en España durante la primera parte de la anterior
centuria: hasta el año 1950.
Las
vicisitudes históricas por la que pasaba la docencia y el aprendizaje de la
medicina en España, en aquel convulso periodo, fueron muchas, graves, o muy
graves, malas o muy malas. También es cierto que otros sucesos hicieron
progresar y avanzar al país. Desde la neutralidad durante la 1ª Guerra Mundial
hasta la entrada de España en la ONU, en 1955. Se sucedieron importantes
acontecimientos: la Guerra del Rif, o de Marruecos; el despegue de la 2ª
República, destrozado por la Guerra Civil y el franquismo; la 2ª Guerra Mundial
y la posguerra, con una polémica y dudosa neutralidad, hechos que también
afectaron a España. Y, por último, el triste periodo de la «autarquía, que se
pretendía vender como “progreso y desarrollo desde el interior”.
Un
periodo de convulsiones sociales y políticas: la huelga de 1917 en España. La
neutralidad, un tanto voluntaria, durante la I Guerra Mundial, que, por cierto,
sí fue beneficiosa para algunos especuladores capitalistas españoles,
abastecedores de alimentos (trigo fundamentalmente) y otros productos de
primera necesidad a los contendientes de la guerra. Sí, ¡¡a ambos
contendientes!! Dejando al país en una situación económica muy precaria, por no
decir calamitosa. Lo que dio pie a movimientos sociales que condujeron a la
huelga general de 1917. Otros hechos luctuosos, como la 2ª guerra de Marruecos;
el golpe de estado de Primo de Rivera; la «Dictablanda» de Berenguer, previa a
la instauración de la II República; la Guerra Civil española y el tiempo de
posguerra con la autarquía, la autosuficiencia que pretendía la dictadura
franquista.
Para
algunos historiadores la sanidad practicada durante el siglo XX tiene dos
características generales: la primera, el saber que se adquiere con la
epidemiología; y, la segunda característica, que la enfermedad pasa a ser
considerada, de algún modo, como un hecho social, “la medicina social, que es
la medicina al servicio de la sociedad… llevará a la socialización de la
medicina…” [1]. Podemos decir que
diversos estudiosos, desde posiciones ideológicas distintas, hablan en sus
estudios del “avance social”. Curiosamente, lo que nosotros hemos comentado al
inicio de este estudio: Meyerhoff, Sigerist, Guerra, Martí, etcétera, y la
«justicia social».
Desde
el comienzo del siglo los diversos gobiernos españoles, en distintos años,
legislaron acerca de la sanidad y la salud: Desde las reformas sociales de
Silvela en 1903; la Instrucción de
sanidad pública, un hito que permitió actualizar otras leyes posteriores; o
la ley de protección a la infancia, en 1904. La concesión del Premio Nobel a
Ramón y Cajal, en 1906. La creación del Instituto de Previsión para los seguros
sociales, voluntarios, en 1908 [2].
Durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) se produjeron algunas mejoras normativas para la sanidad, como el Reglamento de sanidad municipal, de 1925, entre otros desarrollos legislativos. La adhesión al Convenio Sanitario Internacional, de 1926. El seguro de maternidad como seguro social sanitario, de 1929, aunque solamente ofrecía protección a las trabajadoras [3]. En esta etapa se crearon interesantes instituciones sanitarias como la Escuela Nacional de Sanidad y el patronato de inválidos del trabajo (Navarro, 152); el Instituto técnico de comprobación de medicamentos, de 1927 [4]; el Instituto de Malariología; la Comisión de lucha contra el tracoma, o el Servicio Epidemiológico Central [5].
Al poco, en el periodo de la 2ª República española se iniciaron numerosas reformas en el ámbito sanitario del conjunto de la sociedad, la misma Constitución instituye que «el Estado prestará asistencia a los enfermos y ancianos y protección a la maternidad y a la infancia (art. 43).
En
el XVII Congreso Nacional de la Unión General de Trabajadores, celebrado en el
año 1932, el médico Sadí de Buen y Lozano fue el ponente del informe que
propuso la instauración “un Ministerio de Sanidad y del Seguro Obligatorio”[6].
Ley de coordinación sanitaria de 1934, con
asistencia pública a domicilio, centros primarios de higiene, servicios para la
higiene en el trabajo[7].
Marcelino Pascua defiende una organización socio-sanitaria para evitar gran
parte de las enfermedades, que pueden ser consecuencia de una deficiente
organización social [8].
Entre las figuras destacables para las mejoras sanitarias de este periodo se
pueden indicar a Gustavo Pittaluga, Carlos Cortezo, Ángel Pulido, Martín
Salazar o Amalio Gimeno, además de Marcelino Pascua, entre otros [9].
Federica Montseny, ministra de sanidad y asistencia social, seis escasos meses
entre 1936 y 1937, pero muy activos en acción social a favor de las clases
desfavorecidas: infancia, embarazadas, atención a los minusválidos, proyecto de
ley del aborto, etcétera.
La triste Guerra Civil truncó
todas las reformas, todos los proyectos. Aunque el franquismo, de forma
obligada, y quien sabe si interesada, se aprovechó de proyectos republicanos
como el Seguro Obligatorio de Enfermedad y otras instituciones que comenzaron
su andadura durante la II República.
Tras
la Guerra Civil siguió un convulso periodo de postguerra, de aislamiento,
conocido como “autarquía”. Durante un largo lapso, se designó como director de
Sanidad a José A. Palanca Martínez-Fortún, que permaneció en el cargo hasta el
año 1957. Se creó el Instituto Superior de Enseñanza e Investigaciones
Sanitarias. Se organizaron, de nuevo, las jefaturas provinciales de sanidad y,
tras el conflicto, se pusieron en marcha los Institutos Provinciales de
Higiene, más centros de asistencia en el ámbito rural (1940), “iniciados por la
república”, y una adaptación de la ley materno-infantil (1941)[10].
También en este tiempo de la autarquía se desarrolló una nueva idea de la época
de la República, la creación del Seguro Obligatorio de Enfermedad, en 1942,
siendo ministro de Trabajo, José A. Girón; y la Ley de Bases de la Sanidad
Nacional, en 1944. Etcétera.
A nivel intelectual, cultural recordemos que en una parte del
periodo se mueve en la llamada «Edad de Plata de la cultura, la ciencia y la
literatura», en el primer tercio del siglo XX. Cultura, ciencia y literatura
que Tuñón de Lara estudia desde 1868 a 1936. Una etapa en la que se inscriben
las generaciones del 98, del 14 y del 27, en la que destaca el pensamiento
crítico, científico, técnico y filosófico.
En resumen, la inquietud intelectual hispana de la etapa
es heredera de diversas, variadas e, incluso, contrapuestas fuentes y episodios.
A saber: el conservadurismo devoto de Marcelino Menéndez Pelayo; el Krausismo
español y la Institución Libre de Enseñanza [11]; el
Regeneracionismo [12];
la asimilación de la derrota de Cuba en el 98; el impulso de la «cultura
obrera»; el análisis de “España como problema”; la neutralidad en la Gran
Guerra; etcétera.
Las obras que esta primera
sección contiene abarcan el periodo entre 1929 y 1950. Contiene 15 libros, 16
autores, dos obras son colectivas. Las especialidades a que pertenece el saber
en el que profundizan estos volúmenes son fundamentalmente de Aparato
digestivo, Traumatología, Análisis clínicos y algunas son una mezcla de
especialidades.
La
administración sanitaria republicana desde 1931...
El gobierno de la coalición
republicano-socialista, nombró Director General de Sanidad al diputado
Marcelino Pascua Martínez, también organizó el sindicato médico de la UGT, fue
embajador, tras la guerra civil, exiliado fue jefe de la sección estadística de
la OMS entre 1948 y 1957(p. 6)
El M.º de Trabajo, Sanidad y Previsión
(1933) asumió la gestión sanitaria. Con el gobierno radical fue creado en 1935
el Instituto Nacional de Sanidad, integrando. Con el gobierno de la CEDA se
reformó. “Al triunfar el Frente Popular, en febrero de 1936 se volvió a la estructura clásica de Inspecciones
generales (Sanidad exterior, Sanidad interior, Instituciones sanitarias,
Servicios y Administración. Los distintos grandes problemas de la gestión de la
sanidad pública eran tratados mediante una serie de Servicios Técnicos…” (p. 7)
La tuberculosis en
la España franquista
El
franquismo, desde sus inicios, incluso durante la contienda civil del 36 al 39,
ya incluyó una amplia campaña antituberculosa. Se justificaba la organización
de un Seguro Obligatorio de la Tuberculosis. Pero el Seguro Obligatorio de
Enfermedad de 1941 terminó con este proyecto contra la Tuberculosis. A pesar de
ello, entre 1936 y 1951 se llevaron a cabo diversas campañas antituberculosas.
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| Portada del libro de 1934 |
¿La
sanidad de posguerra civil española? La patología digestiva en tiempos del
hambre
En cuanto a esta publicación
del año 1942 y otras similares en la misma década en España, ¿acaso se podría
decir que el hambre, durante la autarquía, favoreció las enfermedades
abdominales y, por ende, estimuló a investigar sobre la patología y las
enfermedades del aparato digestivo? Posiblemente sí, y esta pregunta es
acertada, aunque no hay que obviar a aquellas clases sociales que, pese a la
autarquía, no padecían enfermedades digestivas o abdominales, al menos por la
escasez de alimentos.
En este sentido hay autores que
dicen que «el régimen sabía gestionar el problema del abastecimiento,
repartiendo el hambre de forma discriminada entre sus apoyos sociales» [13].
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| La paradoja: «hambre» y estudio de las enfermedades del esófago |
Cáusticamente podríamos decir que el egoísmo de las clases populares era tal con el régimen, que no entendían que la grandeza del país venía de la mano de las cartillas de racionamiento, pues «alimentar a los españoles pareció ser algo secundario… de forma paradójica, las críticas condiciones socio-económicas vividas durante el primer franquismo, fueron un elemento más que contribuyeron a la solidez y continuidad del régimen…» [14].
[1] Navarro R. Historia de la sanidad en España. Barcelona: 2002; p. 135.
[2] Navarro 2002, p. 138-139.
[3] Navarro 2002, p. 150-151.
[4] Buhigas Cardó MR. Suñé Negre J. Bel Prieto E. La calidad de los
medicamentos fabricados industrialmente en España entre 1850 y 1950. Revisión
de los requerimientos de calidad establecidos para los medicamentos en la
legislación oficial durante este período. Ars
Pharma 2012;53(1):17-22
[5] Navarro 2002, p. 152.
[6] Huertas R. La concepción de los
servicios sanitarios en la 11 República. En Huertas E. y Campos R. (eds.), Medicina Social y clase obrera en España
(siglos XIX y XX); Madrid: 1992; p. 557.
[7] Marset
Campos P. Sáez Gómez JM. Martínez Navarro F. La Salud Pública durante el
franquismo. DYNAMIS. Acta Hisp. Sci.
Hist. IlIus. 1995; 15: 211-250; p.
218.
[8] Marset et all. 1995, p. 218.
[9] Marset et all. 1995, p. 216.
[10] Navarro 2002, p. 158.
[11] ILE, en la que prima lo educativo sobre lo económico, la creación
de escuelas sobre la reforma agraria (Tuñón de Lara M. Medio siglo de cultura española, Bruguera; Barcelona: 1982; pp.
55-56)
[12] Regeneracionismo: “… no es popular, pretende hacer bien al pueblo
sin contar con él” (Tuñón de Lara, Op cit.,
p. 61). O sea, como el «despotismo ilustrado» del siglo XVIII, pero que procede
la burguesía disconforme por la pérdida del imperio, no desde la monarquía
absoluta de la Ilustración.
[13] Arco
Blanco MA. «Morir de hambre». Autarquía, escasez y enfermedad en la España
del primer franquismo. Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea
2006; 5:241-258; p. 249.
[14] Arco 2006, 257-258






