lunes, 24 de marzo de 2025

Contemporaneidad. Formación continua en medicina (2)

 Algunos de los libros del siglo XX para perfeccionar la medicina española

1. Los sabios médicos españoles

 




Los libros aquí referenciados, y custodiados en la biblioteca del Hospital General Universitario de Ciudad Real, son algunos de los manuales utilizados por los estudiantes y profesionales en España durante la primera parte de la anterior centuria: hasta el año 1950.

    Las vicisitudes históricas por la que pasaba la docencia y el aprendizaje de la medicina en España, en aquel convulso periodo, fueron muchas, graves, o muy graves, malas o muy malas. También es cierto que otros sucesos hicieron progresar y avanzar al país. Desde la neutralidad durante la 1ª Guerra Mundial hasta la entrada de España en la ONU, en 1955. Se sucedieron importantes acontecimientos: la Guerra del Rif, o de Marruecos; el despegue de la 2ª República, destrozado por la Guerra Civil y el franquismo; la 2ª Guerra Mundial y la posguerra, con una polémica y dudosa neutralidad, hechos que también afectaron a España. Y, por último, el triste periodo de la «autarquía, que se pretendía vender como “progreso y desarrollo desde el interior”.

    Un periodo de convulsiones sociales y políticas: la huelga de 1917 en España. La neutralidad, un tanto voluntaria, durante la I Guerra Mundial, que, por cierto, sí fue beneficiosa para algunos especuladores capitalistas españoles, abastecedores de alimentos (trigo fundamentalmente) y otros productos de primera necesidad a los contendientes de la guerra. Sí, ¡¡a ambos contendientes!! Dejando al país en una situación económica muy precaria, por no decir calamitosa. Lo que dio pie a movimientos sociales que condujeron a la huelga general de 1917. Otros hechos luctuosos, como la 2ª guerra de Marruecos; el golpe de estado de Primo de Rivera; la «Dictablanda» de Berenguer, previa a la instauración de la II República; la Guerra Civil española y el tiempo de posguerra con la autarquía, la autosuficiencia que pretendía la dictadura franquista.

    Para algunos historiadores la sanidad practicada durante el siglo XX tiene dos características generales: la primera, el saber que se adquiere con la epidemiología; y, la segunda característica, que la enfermedad pasa a ser considerada, de algún modo, como un hecho social, “la medicina social, que es la medicina al servicio de la sociedad… llevará a la socialización de la medicina…” [1]. Podemos decir que diversos estudiosos, desde posiciones ideológicas distintas, hablan en sus estudios del “avance social”. Curiosamente, lo que nosotros hemos comentado al inicio de este estudio: Meyerhoff, Sigerist, Guerra, Martí, etcétera, y la «justicia social».

    Desde el comienzo del siglo los diversos gobiernos españoles, en distintos años, legislaron acerca de la sanidad y la salud: Desde las reformas sociales de Silvela en 1903; la Instrucción de sanidad pública, un hito que permitió actualizar otras leyes posteriores; o la ley de protección a la infancia, en 1904. La concesión del Premio Nobel a Ramón y Cajal, en 1906. La creación del Instituto de Previsión para los seguros sociales, voluntarios, en 1908 [2].

    Durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) se produjeron algunas mejoras normativas para la sanidad, como el Reglamento de sanidad municipal, de 1925, entre otros desarrollos legislativos. La adhesión al Convenio Sanitario Internacional, de 1926.  El seguro de maternidad como seguro social sanitario, de 1929, aunque solamente ofrecía protección a las trabajadoras [3]. En esta etapa se crearon interesantes instituciones sanitarias como la Escuela Nacional de Sanidad y el patronato de inválidos del trabajo (Navarro, 152); el Instituto técnico de comprobación de medicamentos, de 1927 [4]; el Instituto de Malariología; la Comisión de lucha contra el tracoma, o el Servicio Epidemiológico Central [5].

    Al poco, en el periodo de la 2ª República española se iniciaron numerosas reformas en el ámbito sanitario del conjunto de la sociedad, la misma Constitución instituye que «el Estado prestará asistencia a los enfermos y ancianos y protección a la maternidad y a la infancia (art. 43).

    En el XVII Congreso Nacional de la Unión General de Trabajadores, celebrado en el año 1932, el médico Sadí de Buen y Lozano fue el ponente del informe que propuso la instauración “un Ministerio de Sanidad y del Seguro Obligatorio”[6].

     Ley de coordinación sanitaria de 1934, con asistencia pública a domicilio, centros primarios de higiene, servicios para la higiene en el trabajo[7]. Marcelino Pascua defiende una organización socio-sanitaria para evitar gran parte de las enfermedades, que pueden ser consecuencia de una deficiente organización social  [8]. Entre las figuras destacables para las mejoras sanitarias de este periodo se pueden indicar a Gustavo Pittaluga, Carlos Cortezo, Ángel Pulido, Martín Salazar o Amalio Gimeno, además de Marcelino Pascua, entre otros [9]. Federica Montseny, ministra de sanidad y asistencia social, seis escasos meses entre 1936 y 1937, pero muy activos en acción social a favor de las clases desfavorecidas: infancia, embarazadas, atención a los minusválidos, proyecto de ley del aborto, etcétera.

    La triste Guerra Civil truncó todas las reformas, todos los proyectos. Aunque el franquismo, de forma obligada, y quien sabe si interesada, se aprovechó de proyectos republicanos como el Seguro Obligatorio de Enfermedad y otras instituciones que comenzaron su andadura durante la II República.

    Tras la Guerra Civil siguió un convulso periodo de postguerra, de aislamiento, conocido como “autarquía”. Durante un largo lapso, se designó como director de Sanidad a José A. Palanca Martínez-Fortún, que permaneció en el cargo hasta el año 1957. Se creó el Instituto Superior de Enseñanza e Investigaciones Sanitarias. Se organizaron, de nuevo, las jefaturas provinciales de sanidad y, tras el conflicto, se pusieron en marcha los Institutos Provinciales de Higiene, más centros de asistencia en el ámbito rural (1940), “iniciados por la república”, y una adaptación de la ley materno-infantil (1941)[10]. También en este tiempo de la autarquía se desarrolló una nueva idea de la época de la República, la creación del Seguro Obligatorio de Enfermedad, en 1942, siendo ministro de Trabajo, José A. Girón; y la Ley de Bases de la Sanidad Nacional, en 1944. Etcétera.

    A nivel intelectual, cultural recordemos que en una parte del periodo se mueve en la llamada «Edad de Plata de la cultura, la ciencia y la literatura», en el primer tercio del siglo XX. Cultura, ciencia y literatura que Tuñón de Lara estudia desde 1868 a 1936. Una etapa en la que se inscriben las generaciones del 98, del 14 y del 27, en la que destaca el pensamiento crítico, científico, técnico y filosófico.

    En resumen, la inquietud intelectual hispana de la etapa es heredera de diversas, variadas e, incluso, contrapuestas fuentes y episodios. A saber: el conservadurismo devoto de Marcelino Menéndez Pelayo; el Krausismo español y la Institución Libre de Enseñanza [11]; el Regeneracionismo [12]; la asimilación de la derrota de Cuba en el 98; el impulso de la «cultura obrera»; el análisis de “España como problema”; la neutralidad en la Gran Guerra; etcétera.

    Las obras que esta primera sección contiene abarcan el periodo entre 1929 y 1950. Contiene 15 libros, 16 autores, dos obras son colectivas. Las especialidades a que pertenece el saber en el que profundizan estos volúmenes son fundamentalmente de Aparato digestivo, Traumatología, Análisis clínicos y algunas son una mezcla de especialidades.

 

La administración sanitaria republicana desde 1931...

El gobierno de la coalición republicano-socialista, nombró Director General de Sanidad al diputado Marcelino Pascua Martínez, también organizó el sindicato médico de la UGT, fue embajador, tras la guerra civil, exiliado fue jefe de la sección estadística de la OMS entre 1948 y 1957(p. 6)

    El M.º de Trabajo, Sanidad y Previsión (1933) asumió la gestión sanitaria. Con el gobierno radical fue creado en 1935 el Instituto Nacional de Sanidad, integrando. Con el gobierno de la CEDA se reformó. “Al triunfar el Frente Popular, en febrero de 1936 se volvió a  la estructura clásica de Inspecciones generales (Sanidad exterior, Sanidad interior, Instituciones sanitarias, Servicios y Administración. Los distintos grandes problemas de la gestión de la sanidad pública eran tratados mediante una serie de Servicios Técnicos…” (p. 7)

 

La tuberculosis en la España franquista

El franquismo, desde sus inicios, incluso durante la contienda civil del 36 al 39, ya incluyó una amplia campaña antituberculosa. Se justificaba la organización de un Seguro Obligatorio de la Tuberculosis. Pero el Seguro Obligatorio de Enfermedad de 1941 terminó con este proyecto contra la Tuberculosis. A pesar de ello, entre 1936 y 1951 se llevaron a cabo diversas campañas antituberculosas.

Portada del libro de 1934

 


¿La sanidad de posguerra civil española? La patología digestiva en tiempos del hambre

En cuanto a esta publicación del año 1942 y otras similares en la misma década en España, ¿acaso se podría decir que el hambre, durante la autarquía, favoreció las enfermedades abdominales y, por ende, estimuló a investigar sobre la patología y las enfermedades del aparato digestivo? Posiblemente sí, y esta pregunta es acertada, aunque no hay que obviar a aquellas clases sociales que, pese a la autarquía, no padecían enfermedades digestivas o abdominales, al menos por la escasez de alimentos.

    En este sentido hay autores que dicen que «el régimen sabía gestionar el problema del abastecimiento, repartiendo el hambre de forma discriminada entre sus apoyos sociales» [13].


La paradoja: «hambre» y estudio
de las enfermedades del esófago


    Cáusticamente podríamos decir que el egoísmo de las clases populares era tal con el régimen, que no entendían que la grandeza del país venía de la mano de las cartillas de racionamiento, pues «alimentar a los españoles pareció ser algo secundario…  de forma paradójica, las críticas condiciones socio-económicas vividas durante el primer franquismo, fueron un elemento más que contribuyeron a la solidez y continuidad del régimen…» [14].



[1] Navarro R. Historia de la sanidad en España. Barcelona: 2002; p. 135.

[2] Navarro 2002, p. 138-139.

[3] Navarro 2002, p. 150-151.

[4] Buhigas Cardó MR. Suñé Negre J. Bel Prieto E. La calidad de los medicamentos fabricados industrialmente en España entre 1850 y 1950. Revisión de los requerimientos de calidad establecidos para los medicamentos en la legislación oficial durante este período. Ars Pharma 2012;53(1):17-22

[5] Navarro 2002, p. 152.

[6] Huertas R. La concepción de los servicios sanitarios en la 11 República. En Huertas E. y Campos R. (eds.), Medicina Social y clase obrera en España (siglos XIX y XX); Madrid: 1992; p. 557.

[7] Marset Campos P. Sáez Gómez JM. Martínez Navarro F. La Salud Pública durante el franquismo. DYNAMIS. Acta Hisp. Sci. Hist. IlIus. 1995; 15: 211-250;  p. 218.

[8] Marset et all. 1995,  p. 218.

[9] Marset et all. 1995,  p. 216.

[10] Navarro 2002, p. 158.

[11] ILE, en la que prima lo educativo sobre lo económico, la creación de escuelas sobre la reforma agraria (Tuñón de Lara M. Medio siglo de cultura española, Bruguera; Barcelona: 1982; pp. 55-56)

[12] Regeneracionismo: “… no es popular, pretende hacer bien al pueblo sin contar con él” (Tuñón de Lara, Op cit., p. 61). O sea, como el «despotismo ilustrado» del siglo XVIII, pero que procede la burguesía disconforme por la pérdida del imperio, no desde la monarquía absoluta de la Ilustración. 

[13] Arco Blanco MA. «Morir de hambre». Autarquía, escasez y enfermedad en la España del primer franquismo. Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea 2006; 5:241-258; p. 249.

[14] Arco 2006, 257-258


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jueves, 20 de marzo de 2025

Contemporaneidad. Formación continua en medicina (1)

 Algunos de los libros del siglo XX para perfeccionar la medicina española

(Libro) 

MEDICINA PARA EL ALMA.

Selección de libros médicos de la 1.ª mitad del siglo XX




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«Medicina para el alma»

Cuenta la historia relatada por Diodoro de Sicilia, escrita en el siglo I, que el filósofo Hecateo de Abdera, viajando por Egipto, hacia el siglo IV a.C., encontró un monumento del rey Osimandias (en realidad era Ramsés II, el Grande), en el que había la siguiente inscripción en uno de los aposentos: “Clínica del alma”, también se ha difundido como Medicina para el alma. Se interpretó como la biblioteca. En realidad, era una dependencia privada del faraón. Aun así, esta denominación se hizo extensiva a todas las bibliotecas. El debate y la controversia se la dejamos a los arqueólogos expertos, que con sus investigaciones nos aclararán si era biblioteca o la “sala de atención al Ka“ (lugar del cuidado del alma, o ψυχς ατρεον (psychés iatreíon) [1].

Por otro lado, aunque tenemos poca información de las bibliotecas: “casas de los libros”, eran los archivos; y “casas de la vida”, eran las bibliotecas [2].

Es palpable el reconocimiento de los bibliotecarios. Así mismo, las bibliotecas del Antiguo Egipto poseían, entre otras funciones guardar los escritos y normas rituales para la vida en el más allá del faraón; archivar documentos, tenían un scriptorium y funcionaban también como centro de enseñanza de la escritura y otras materias[3].

 

san Isidoro, versos de la biblioteca


Presentación y Estudio preliminar: libros médicos, antiguos y nuevos, historia y justicia social

Estimado y curioso lector de libros, del pasado de la sanidad y la historia, el bibliotecario Erich Meyerhoff “sugirió la visión de la historia (de la sanidad) y la bibliotecología como un medio para lograr la justicia y la igualdad social” [4].

Henry Sigerist señaló el camino que algunos historiadores posteriormente siguieron. Así, en el caso de la historia médica, el objetivo era la asistencia sanitaria universal en forma de medicina socializada[5]. Y esta ciencia: la historia de la medicina llegó a ser vista cada vez más como un arma en la lucha por la justicia social.

Meyerhoff sabía que el estudio del pasado y de los libros no eran los fines en sí mismos, sino los medios que han de ser utilizados para un fin más elevado: la igualdad y la justicia de toda la sociedad. Y la historia, cuyo significado es recordar, identificarse y compartir es una plataforma para impulsar a la humanidad a un futuro mejor y más equitativo para todos [6].

Antes se pensaba, o se “aceptaba anecdóticamente”, que los historiadores de esta disciplina debían ser únicamente los médicos, pero muchas preguntas requieren la contribución de los historiadores (“answers require the input of historians”) (Greenberg). Historiadores, sociólogos y otros investigadores y científicos sociales, no precisamente sanitarios, aunque sí comprometidos con la sanidad.

La principal contribución de Sigerist fue llevar a la arena de la opinión pública en los Estados Unidos, la participación y el compromiso del gobierno con la justicia social (durante el periodo, llamado New Deal del presidente Roosevelt). Pero, acerca del cómo y del porqué estas medidas se quedaron cortas, así como qué aspectos serían mejorables para los tiempos venideros “son las preguntas que aún están sobre el tablero. Y, como se ha apuntado antes, requiere la participación de historiadores, antropólogos, sociólogos, etcétera[7].

Con estas premisas al comienzo de este ensayo queremos destacar la importancia que tiene el pasado de cualquier materia, y de la sanidad en particular, para el entendimiento y la adecuada visión del futuro de la humanidad. Insistimos: es preciso el estudio del tiempo pasado de cualquier ciencia para que avance y progrese adecuada al ritmo que la sociedad le requiere y le demanda beneficios sociales. Procuraremos pues, en este momento, una aproximación a parte de la literatura médico-científica del siglo XX.

Desde el proyecto DALS (De Antiquis Libris Sanitate) tenemos la intención y la posibilidad de un fácil acercamiento. Se mostrarán algunos de los fondos analizados para el conocimiento y bien común de los interesados, sean sanitarios o no.

Se irá configurando, de este modo, un pequeño, pero curioso e interesante, fondo documental que sirva para futuras investigaciones en el campo del pasado de las disciplinas médico-sanitarias y asistenciales custodiadas en la biblioteca del Hospital General Universitario de Ciudad Real.

Algunos estudios del siglo XIX, en el campo del pasado de la medicina, muestran su compromiso con la historia del ser humano y con la comunidad, donde la asistencia sanitaria avanzó laboral y socialmente, aunque fuera a ritmo de la beneficencia pública o privada y la propia justicia social. Se pueden apuntar en esta reflexión biblio-histórica algunos de los historiadores de la medicina por su compromiso, ya humano, ideológico y ético con la profesión y con la explicación de la historia: Font i Roura, Giné i Partagás, Hernández Morejón, o Chinchilla.

Pero, vamos a implicarnos con el tiempo reciente, con el siglo XX: John Shaw Billings y William Osler, ambos a caballo entre los siglos XIX y XX, con un amplio trabajo en ambas centurias. Serán tenidos en cuenta, los trabajos de historiadores más cercanos, como el italiano Luca Borghi; y los españoles comprometidos sanitaria y socialmente, que hubieron de exiliarse en 1939 e hicieron progresar las prácticas médicas y la historia de la medicina en el extranjero, Félix Martí Ibáñez y Francisco Guerra Pérez-Carral.




Esta exposición es un grupo de libros de nuestra biblioteca, de los muchos que se utilizaron en la primera parte del siglo XX para aumentar y profundizar en el conocimiento de las  terapias, técnicas, tratamientos, diagnósticos y pronósticos médico-sanitarios que se debían aplicar a los pacientes y enfermos de nuestra tierra. Y digo bien, pues muchos de ellos fueron donaciones para la formación, asesoramiento y ejercicio de nuestros profesionales sanitarios.

Una formación dirigida a la atención y asistencia sanitarias de la colectividad, a la sociedad, a la que se ha unido el término, “justicia”, no como un adorno, sino como una finalidad ética y moral, tal y como aluden Meyerhoff y Sigerist. En tanto que actitud de unos profesionales comprometidos con el progreso y la expansión de la asistencia sanitaria.

Y con los libros y el trabajo de los profesionales se ha de reivindicar el papel del hospital en la lucha contra la enfermedad, toda clase de enfermedad. También el orgullo de haber luchado contra la pandemia del covid 19 y haber colaborado a una justicia social más equitativa y una mayor “ecuanimidad”, como señalaba William Osler. Porque sabemos que se ha colaborado muy activamente, tanto en el tratamiento del SARS-Cov2 y en su prevención, poniendo todas las vacunas que han sido precisas para proteger y salvar a la población.

Los profesionales de los libros también han colaborado, en la medida de sus posibilidades, a buscar y distribuir la información que ha sido requerida para atajar esta dichosa enfermedad.

Sigerist o Meyerhoff, Osler o Guerra, Giné o Martí, cualquiera de estos historiadores podría escribir esa parte de la historia de la sanidad que corresponde a los profesionales de nuestro hospital, el problema es que todos fallecieron hace años.

 

El periodo de tiempo: 1900-1950

Dijo Martí Ibáñez para esta parte del siglo XX: «… el mundo se sumergió en la noche escarlata…»[8], en este sentido señala la 1ª Guerra Mundial, la Revolución rusa, la 2ª Guerra Mundial, incluso la Guerra de Corea (1950), además de otros procesos bélicos, algunos de ellos buscando la conquista o reconquista de la libertad (“la gran cruzada por la libertad”); en el caso de España, la Guerra del Rif (1911-1927)[9]. La tristísima Guerra Civil (1936-1939) y la dolorosa posguerra con el penoso periodo de la autarquía.

¿Por qué hablamos de tantas guerras? Primero, por la etapa de este estudio; y segundo, porque la medicina, querámoslo o no, progresó durante los períodos bélicos[10]. En los tiempos de paz también, es cierto, pero aquí está la larga «noche escarlata», que decía Martí Ibáñez.

No obstante, nos recuerda el mismo autor que «el siglo XX fue testigo de una brillante pirotecnia de inventos…»[11]. Arranca, pues, con fuerza la centuria, según comenta el también historiador de la medicina Cárdenas Arévalo es de un extraordinario progreso médico. Es un tiempo en el que se va imponiendo lenta, pero inexorablemente “la observación clínica”; un gran grupo de años en los que se asientan con firmeza las bases de la “Medicina de Estado… con una amplia difusión del saber médico (junto a) la interrelación entre las experiencias y conocimientos clínicos y los hallazgos de laboratorio… la difusión de la información… la bibliografía médica…” [12].

Para este historiador la Gran Guerra (1ª Guerra mundial) modificó muchos de los pensamientos políticos y de las nociones sociales. Digamos que el desarrollo de la medicina, con soporte financiero en la investigación científica y técnica, con una adecuada disciplina política lleva a la medicina social, pensando, levemente, en cooperación y solidaridad internacional.

En los estudios realizados por los historiadores para el siglo XX podemos entresacar muchas ideas que nos acercan a ese concepto de la medicina social: Cárdenas nos habló de la medicina como ciencia social; Sigerist de la medicina pública y la importancia social de la atención primaria y la organización sanitaria desde la órbita estatal; Martí Ibáñez de la medicina como ciencia social “basada en los métodos de las ciencias naturales y dedicadas a prevenir la enfermedad, rehabilitar al paciente y estimular la salud…” [13] .

En los primeros meses de 1918, incluso sin finalizar la guerra se reconsideran los modelos de instrucción, docencia y aprendizaje de la medicina, pues el gran cúmulo de conocimientos de la disciplina impedía acaparar todo el saber y las diversas especialidades, técnicas y procedimientos para los diagnósticos y tratamientos. Además, “ya el médico es también promotor de la salud…” [14].

Si echamos la vista atrás, a nuestro pasado reciente, se podrá apreciar lo mucho que se ha avanzado. Haciendo sentir un significativo grado de satisfacción por haber conquistado territorios a la enfermedad en beneficio de la salud de la sociedad en general.

Decía Martí que “la medicina que hoy se hace en los laboratorios (referida ya la segunda mitad del siglo XX), como en el siglo pasado (el XIX) en los hospitales, en la Edad Media en las bibliotecas, se ha vuelto más técnica…” [15]. Pero, estando conformes con las palabras de este historiador, es fundamental el cuidado de los enfermos junto a la cama y con la anamnesis, que hace el profesional.

Voy a más y pregunto: ¿dónde adquiere conocimientos el personal sanitario para sus tareas? La teoría se obtiene en los libros y en las revistas de la biblioteca, aunque esta sea virtual u on line; y la destreza práctica se alcanza en la cabecera del enfermo, observando y escuchando sus palabras y sus lamentos.

 

 Preguntas y reflexión sobre el libro de medicina

Podríamos llamar a estos libros “legado bibliográfico-médico de la primera mitad del siglo XX en la biblioteca”; o “libros antiguos, o fondo antiguo en la biblioteca”; pero no sería correcto, pues libro antiguo se refiere hasta el principio del siglo XIX. Es una definición un tanto ambigua, pues muchas bibliotecas consideran el «fondo antiguo», y no prestables, libros publicados hasta 1960. Entonces, ¿cómo los podríamos nombrar? Pues, sería correcto «BIENES DOCUMENTALES DE LA 1ª MITAD DEL PASADO SIGLO (en la biblioteca del HGUCR)»; ya que “los libros forman parte de la comprensión jurídica del bien documental…” [16].

 

¿Qué me da la lectura del libro?

¡Vaya preguntita! Pues, tal vez conocimiento del pasado, por si fallan los sistemas actuales, pues, además, lo tradicional, lo antiguo, lo que ya ha pasado puede ser una sabiduría alternativa.

El libro agita el cerebro para cimentar los conocimientos de ahora. En este sentido, decía Theodor Billroth que “solo los hombres (y mujeres) que conocen el arte y la ciencia del pasado tienen la capacidad de progresar en el futuro” [17].

Un libro ayuda a comparar buenas terapias (antiguas o recientes) con otros tratamientos mejores (de ahora o de antes): «ni todo el tiempo pasado fue mejor, ni todo lo del tiempo presente es superior». Uno de los aforismos de Osler sobre el libro decía: “el que estudia medicina sin libros navega en un mar desconocido, pero el que estudia medicina sin pacientes no va a navegar en absoluto” [18].

Nos preguntamos con curiosidad histórica e interés didáctico si sería interesante aumentar la formación de los profesionales de la salud hablar de los libros antiguos.

Honestamente estimamos que puede ser muy productivo el impacto de este conocimiento en la educación médico-sanitaria. Hablar de todos los hechos del pasado que han hecho progresar y avanzar en el saber para la recuperación de la salud del ser humano y salir con bien de la enfermedad, ya sean terapias, fármacos, terapias, artilugios para el diagnóstico, etcétera.

El libro ayuda a estrechar las conexiones de las neuronas y hace pensar para diagnosticar, pronosticar, tratar y recetar. O sea, echa una mano para curar.

Uno de nuestros historiadores del siglo XIX, Font i Roura escribió: «…la bibliografía nos presenta grande utilidad… sin historia no hay ciencia…»[19]. ¿Conocía Font la obra del filósofo Inmanuel Kant? Tal vez sí. Fijémonos en palabras de Kant: “Sin historia de la ciencia, la filosofía de la ciencia está vacía, sin filosofía de la ciencia la historia de la ciencia está ciega y sin historia, sin filosofía de la ciencia, el saber científico es manco…” [20].

 

¿Dónde encuentro el remedio que no veo?       (Diálogo entre sanitarios)

-¿Qué se hace cuando no se encuentra una solución rápida?

-Pues, se puede recurrir a la literatura científica, presente o anterior.

-¿Cómo de anterior?

-Un tratamiento de hace unas décadas, o unas centurias, puede ser eficaz, fácil, sencillo, incluso barato y beneficioso. ¡Ahí está! 

-Por otro lado, el libro saciará tu curiosidad, te hará reflexionar al comparar métodos, procedimientos o terapias actuales o antiguas; y, cuando te halles en una encrucijada, puede haber varios tratamientos para esa dolencia que estás valorando y curando, te puede ayudar a aplicar el método más apropiado para tu paciente…[21].





Objetivo

En este breve catálogo para el siglo XX se mostrarán algunos de los libros que se guardan en la biblioteca del hospital, dentro del ámbito cronológico que proponemos para este estudio, desde 1914 hasta el año 1950. Con el ánimo de incentivar la investigación, fortalecer la formación y llevar a los profesionales sanitarios el saber antiguo y otros conocimientos de tiempos pasados en diagnósticos y terapias que se realizaron para la cura de enfermedades y dolencias, y, siempre, en beneficio del conjunto de la sociedad.

El conocimiento y la sabiduría contenidos en los libros, canalizados adecuadamente por las habilidades y la pericia de los sanitarios ayudan a reparar, conservar y, si cabe, aumentar, la salud de la sociedad. El pueblo, como beneficiario de la historia, lo es también de los avances y progresos pasados y actuales de las ciencias médico-sanitarias.

Este estudio pretende ser una forma amena de acercarse al saber de antes, que ayudó a las diversas especialidades sanitarias a construir su historia sobre los firmes cimientos de la experiencia y la difusión de su sabiduría.


Material y método

El libro, cualquier libro, es considerado por la UNESCO como un instrumento privilegiado para cumplir sus objetivos de promover la paz y la comprensión entre las culturas mediante «la libre circulación de ideas por la palabra y la imagen…»[22].

Con lo que llevamos dicho, imagínense la importancia que tienen los libros médico-sanitarios para la sociedad si esta consideración la unimos a lo dicho y escrito por Henry Sigerist, Erick Meyerhoff, Félix Martí Ibáñez y Francisco Guerra Pérez-Carral y otros historiadores de la medicina y bibliófilos. Sería un “puntazo”, socialmente hablando.

Se trata de una breve colección de libros donados a la biblioteca, que configuran una muestra de libros para la salud, publicados durante los primeros cincuenta años del siglo XX entregados a los sanitarios españoles, así profesionales como estudiantes.

De las diversas posibilidades para la presentación de este catálogo se han valorado varias. Se podía haber configurado por décadas, pero hubiera quedado un tanto descompensada la estructura, pues el número de libros de cada una de las décadas es, ciertamente, muy variable, aunque predominan los publicados entre los años 1930 y 1950. Se podrían haber organizado por especialidades, pero encontraríamos algunas materias un tanto abultadas y otras, en cambio, con una representación escueta o nula. También tropezaríamos con un problema al ser, alguno de los libros, una mezcla, mixtura o híbrido de dos o más especialidades. Se ha optado, finalmente, por fijar tres grandes secciones por autores: Sección primera, sabios españoles; Sección segunda, sabios alemanes; y Sección tercera sabios de otras nacionalidades, en este caso franceses, italianos y otros que publicaron la obra original en inglés, aunque fueran de otra nacionalidad. Dentro de cada sección, obviamente, se establecerá el orden cronológico de la publicación del libro, independientemente de la especialidad que represente.

En cada una de las secciones se intentará ubicar los libros en el contexto histórico general o de la medicina, así como la aportación al progreso y, sobre todo, al beneficio de la salud y la sociedad.

Para esta ocasión se ha diseñado un tipo de ficha sencilla, que incluimos con cada uno de los libros, y que aportan información al proyecto global De Antiquis Libris Sanitate (Sobre los libros antiguos para la salud).  


De las materias o especialidades

Materias o especialidades recogidas en este catálogo abarcan desde cirugía, traumatología, rayos X (o como se decía también: roentgenología), digestivo, análisis clínicos y laboratorio, terapéutica, neumología o, incluso, medicina preventiva.


 De los autores

Dividido el trabajo en secciones, según el origen de los autores: la sección primera corresponde a autores españoles. Las 15 obras recogidas para esta sección tienen 18 sabios, aunque hay que señalar dos obras colectivas, que elevarían el número de autores.

La sección segunda, recoge 16 obras de 27 eruditos alemanes. De estas obras 7 son colectivas.

En la tercera sección se han recogido 11 obras, una de ellas de carácter colectivo y otra en lengua italiana. Con 12 autores, hemos de significar que hay 5 expertos autores franceses; 2 italianos; y 5 en inglés, de estas últimas un autor es de origen húngaro y otro de origen alemán (cuya obra fue escrita originalmente en inglés).

Desde diferentes opciones vitales, ya sean ideológicas, intelectuales, políticas o económicas, en España hubo, en este periodo de estudio, un vaivén de la ciencia y la cultura. Después, incluso, anclada en posiciones involucionistas (tras la guerra civil), se leyeron y estudiaron obras de científicos e intelectuales extranjeros, eso sí, con el correspondiente filtro de la censura institucional del gobierno.


De las editoriales de libros médicos en España

Fue en la 2ª República española cuando se puede hablar de “política del libro”, aunque en la década anterior ya se ofreció a los autores la gestión de las traducciones y el registro de la propiedad intelectual en las Cámaras Oficiales del libro[23].

En el periodo de la autarquía la alarma “por el efecto contaminante de las traducciones no provenía de obras científicas” [24], aunque se puede apreciar que disminuyeron, en un tercio aproximadamente, con respecto a décadas anteriores.

Algunos editores durante aquel tiempo pretendieron, ante el Instituto Nacional del Libro Español, “la supresión del visado de traducciones”[25]. Y, aunque hubo rigurosidad para conceder estos visados, las traducciones de libros científicos continuaron, en menor medida, pero lograron mejorar la precaria ciencia de aquel tiempo, entre 1939 y 1959.

El análisis de las publicaciones editoriales de libros médicos en el periodo propuesto, dividido por décadas, arroja el siguiente resultado o resumen:

-Labor S. A.

·Años 20 (2); ·Años 30 (4); ·Años 40 (9);    Total (15)

-Salvat S. A.

·Años 20 (0); ·Años 30 (0); ·Años 40 (9);      Total   (9)

-Manuel Marín, editor

·Años 20 (2); ·Años 30 (2); ·Años 40 (0);    Total   (4)

-Otras 14 editoriales de varias ciudades españolas publicaron 1 libro médico cada una, de los recogidos en este estudio para el periodo propuesto, entre 1900 y 1950.

 

Por último, estimado lector, te presento unos poquitos libros y un poquito del tiempo en el que surgieron y dejaron el saber para la salud de «su presente» y de nuestro presente. Espero que tu curiosidad se vea satisfecha con estas páginas.



[1] Pedraza Gracia MJ. Reyes Gómez F. Atlas Histórico del Libro y las Bibliotecas. Síntesis; Madrid: 2016; pp. 83-84;  véase también en: http://www.antiquitatem.com/cuidado-del-alma-biblioteca-alejandria/.

[3] Pedraza y Reyes 2016, p. 84.

[4] Greenberg SJ. Medical History: as it was; as it will be. J Med Library Assoc. 2020; 108(1): 143-146.

[5] Greenberg 2016.

[6] Greenberg 2016.

[7] Cf. Greenberg 2016.

[8] Martí Ibáñez F. La Epopeya de la historia, 1962

[9] En este conflicto del Rif también estuvo implicado parte del tiempo el imperio colonial francés hasta que en 1912 se acordaron las respectivas áreas de influencia.

[10] Véase lo comentado más delante de este estudio en las páginas 89 y 109.

[11] Martí Ibáñez 1962.

[12] Cárdenas Arévalo J. Historia de la medicina. 2001. En: http://www.cardenashistoriamedicina.net/capitulos/es-cap11.htm, pp. 1-2

[13] Martí Ibáñez 1962

[14] Cárdenas 2001, p. 12

[15] Martí Ibáñez 1962

[16] Alegre Ávila JM. Evolución y régimen jurídico del Patrimonio Histórico. Tomo I, Mº de Cultura; Madrid: 1994; p. 257

[17]  Borghi 2018, pp. 20-21

[18] William Osler quotes. ThinkExist.com. En: https://thinkexist.com/quotes/william_osler/.

[19] Font i Roura R. Las ocho épocas. Atlas histórico bio-bibliográfico de las ciencias médicas. Impr. Ramón M. Indar; Barcelona: 1845

[20] Cárdenas Arévalo 2001, p. 6

[21] Perdón por escribir esta reflexión en forma de diálogo. Pensemos por un momento que muchos libros, antiguamente, incluso libros de teoría y de ciencia médica, se escribían de esta manera: un diálogo entre un sabio y un aprendiz.

[22] Idea tomada del libro de Pérez-Bustamante citando los principios de la UNESCO.

[23] Rodrigo Echalecu AM. La política del libro durante el primer franquismo [Tesis doctoral], Facultad de Geografía e Historia, UCM; Madrid: 2016.

[24] Rodrigo Echalecu 2016.

[25] Rodrigo Echalecu 2016.