Introducción: ¿me será útil lo que voy a leer en estas páginas?
Decía Cicerón que «… sería quedarse en una niñez
perpetua el ignorar lo que se pasó antes de nosotros…».
(Font y Roura R. Las ocho épocas. Atlas
histórico-bibliográfico
de las ciencias médicas, p. IX)
Introducción: ¿será útil lo que voy a leer en estas
páginas?
-Ciertamente, no sé bien qué responderte. A lo mejor acierto
cuando te recomiendo un libro. Al menos sí que me gustaría, pero, ¿sabes?, la
lectura es algo tan personal como un perfume: a ti te encanta ese aroma, a
otras personas les puede gustar su fragancia, pero, siempre hay alguien a quien
no le gusta ese olor de las palabras escritas... También podría decir que se
leyera esta breve letanía del siglo XIV:
Letanía del libro. Luca da Penne, siglo XIV. Versión de Manuel Díaz y Díaz.
El libro y la historia de la sanidad
Ya hemos comentado en un episodio anterior algunas citas de
los historiadores de la medicina que hemos seguido. Traemos a colación, en este
caso, las palabras de otro experto historiador español de la medicina, también
del siglo XIX, Ramón Font y Roura, que en su obra plantea la importancia del
estudio de la historia de la medicina basado en los libros, cuando dice:
«... probada la utilidad o por mejor decir la necesidad
de conocer la Historia Médica, no nos será difícil el hacerlo con respeto a
la Bibliografía, o sea la parte histórica que trata de los libros y autores…
las obras escritas son un laberinto del que es difícil salir airoso, con el
galardón de una elección acertada. El conocimiento de los escritos
culminantes, la comparación de los mismos escritos; el examen de la conformidad
teórica, con la práctica o hechos brutos nunca dispuestos a engañarnos;
estas son las hebras del hilo conductor que debe guiarnos hasta las puertas de
los axiomas, o primeras verdades. Es de todo modo que la que la Bibliografía
nos presenta grande utilidad, enseñándonos que de todo tiempo los hombres
han podido cometer errores, y tanto más, cuanto más lejano es el siglo por
tener menos esperiencias -sic- de los que le precedieron.
«… sin historia no hay ciencia, es menester
estudiarla para no confundir revoluciones generales (se refiere a
revoluciones de tipo político) con los verdaderos progresos». * (Font y
Roura, 1845, IX)
(*) los subrayados son señalados por mí con la finalidad de
destacar estas ideas que ofrece Font y Roura.
A veces me pregunto si no habrá sido el libro uno de los
elementos externos que ha propiciado y favorecido el desarrollo, avance y
progreso de la especie humana, al menos en los últimos cinco mil años aproximadamente. Y la respuesta, en cierta medida, puede ser afirmativa, porque
hemos de reconocer que los libros guardan en su interior inmensas
posibilidades: desde mundos imaginados y fantásticos hasta acontecimientos
reales del pasado nunca sospechados, pasando por registros económicos,
sociales, políticos, culturales, artísticos, filosóficos, científicos, etcétera.
En este sentido, los hechos de tiempos antiguos, adecuadamente analizados,
ofrecen muchas y agradables sorpresas. Sorpresas admirables, reflejadas en los
libros antiguos, o bien, que serán escritas y registradas ahora en libros.
Obviamente, no queremos decir que los libros son lo único
que ha contribuido al crecimiento del ser humano. Pues entendemos que el
desarrollo de las cualidades físicas son previas y muy importantes durante la
prehistoria: como el aumento de la capacidad cerebral, para la comprensión de
los estímulos; el desarrollo de la vista como elemento de avance en el entorno; también que la variedad de los alimentos en la dieta amplió las posibilidades
de supervivencia; que la perfección de los sentidos y una mayor intensidad de
los sentimientos permitió al ser humano adaptarse mejor a diversos hábitats
(algunos muy adversos); sin olvidar el afán de superación personal, etcétera. Pero,
en el devenir de la historia de la civilización el libro podría ser nuevamente
estudiado como elemento externo que ayudó a la evolución humana.
Fíjense ustedes, las eras geológicas tienen una amplitud
temporal enorme en los diversos periodos. La prehistoria y la historia se inscriben
en el cuaternario, que es una parte, la última y más reciente, de las
eras geológicas. En la prehistoria los progresos se miden en mejoras técnicas,
adaptaciones al medio ambiente, pero las fases son de muchos o muchísimos años,
en ocasiones de cientos de miles de años. Pero, desde la invención de la
escritura y su registro, el avance de la humanidad se ha concentrado en unos
pocos miles de años.
Con los adelantos de los sistemas de comunicación y de
conocimiento, basados en la escritura y el libro, cada vez que se acortaban más
los ciclos de progreso y avance. Ya en el periodo histórico, cuando aparece la
escritura y se registran los hechos de un grupo, aquellos momentos en que se
ampliaba y transmitía entre los seres humanos cualquier tipo de conocimiento, ya
fuera filosofía, literatura o ciencia y técnica, el progreso de la humanidad (o
del grupo social que hiciere esa propagación) fue vasto y extraordinario.
Así, pasaron varios cientos, o miles de años, en los que las
anotaciones en tablas de arcilla (la escritura cuneiforme) recogieron el saber
(primero económico y administrativo, incluso legislativo), de modo que el
desarrollo fue formidable. Ocurrió algo similar con los registros en papiro.
Entre estos primeros libros, sobre tablas de arcilla, que
marcan el comienzo de la historia en las tierras de Mesopotamia, nos
encontramos libros médicos y sanitarios en las bibliotecas de Nippur (la más
antigua conocida), la de Ebla y la biblioteca de Asurbanipal, en Nínive.
Más adelante papiro y pergamino favorecieron la propagación
de la sabiduría. Sabiduría, en nuestro caso médica, que comenzó a irradiar
gracias a la filosofía clásica en occidente, desde los presocráticos de Mileto,
provocando a la reflexión y el estudio. Pues, el solo hecho de hacerse
preguntas y cuestionarse todo lo que componía la vida, ya constituyó un avance
respecto a la mentalidad del pasado inmediato, y llevó al nacimiento de las
ciencias y al desarrollo de las técnicas sobre la base del empirismo, de la
experiencia unida a la reflexión, dejando por escrito lo pensado, ideado,
experimentado y concluido. Así surgieron las “escuelas médicas”, no como
centros de estudio, sino como maneras de practicar la medicina; la escuela de
Crotona, con Alcmeón, o la escuela de Cos, con Hipócrates.
De manera que las experiencias, ahora sí reunidas por
escrito en rollos o volúmenes (que así se llamaron los “primeros documentos librarios”), permitió, pensémoslo por un momento, un progreso más rápido que el método de la
transmisión oral de los conocimientos.
Así mismo, el paso del rollo al códice (que es otra transformación,
«la 2ª revolución» de lo que denominamos “7 revoluciones del libro en los
textos sanitarios”) fomentó, en algunos cientos de años, la expansión de
creencias, saberes y nuevos conocimientos hasta la llegada del libro impreso.
Durante muchos años el libro fue primero manuscrito, con unas pocas copias, y
después impreso, con numerosos ejemplares.
En referencia al códice, señala el historiador francés Roger
Chartier* que “la invención del codex o códice sustituyó durante los primeros
siglos de la era cristiana a la forma previa del ‘libro’, es decir, a los
rollos de los hebreos, griegos y romanos. Sin embargo, la aparición del códice
no transformó la técnica de reproducción de los textos, siempre copiados a mano
antes de Gutenberg” (Peña Díaz, 2010, 3)
(*) Palabras de Chartier en una entrevista de Manuel Peña,
publicada en Alabe. Revista de investigación sobre lectura y escritura.
![]() |
| «Las 7 revoluciones del libro en los textos sanitarios» (Hipótesis de trabajo) |
Continuando nuestro relato, cada vez que se produjo un avance
en el mundo del libro, y junto a la divulgación del mismo, se producía una
ampliación del saber en la comunidad. Así, pienso en la llegada de la imprenta,
allá mediado el siglo XV (c. 1453), cuando la rapidez de la técnica superó a la
lenta elaboración de copias manuscritas, se redujo el tiempo y se aumentó el
número de copias. Estos hechos posibilitaron la difusión del conocimiento
científico, favorecieron el deleite y el placer de la lectura. De suerte que, con
cada mejora del libro, se precisaba menos tiempo para enviar los mensajes a un
mayor número de personas. Aquí fue muy importante, para nuestro tema de los
libros de sanidad, la propagación de la ciencia médica de la antigüedad y las
nuevas aportaciones, pues se pusieron en circulación las obras de los sabios
médicos que enseñaban esta ciencia en las universidades medievales, los llamados Estudios generales, como las de Montpellier, de Salerno, y las universidades españolas de Alcalá,
Salamanca, Toledo, etcétera. De modo que la publicación de libros médicos en
estas ciudades fue considerable.
Libro y lectura
Es cierto que hay que diferenciar entre la historia del
libro y la historia de la lectura, como señala Chartier. Pero, ambas
disciplinas están íntimamente ligadas en nuestro estudio.
La forma de acercarse a los libros, incluso de entender los
conocimientos que contienen son diferentes, es verdad; pero, sea mediante
lectura en silencio (yo leo para mí y aprendo), o sea lectura oral (alguien lee y
explica el saber de un libro, mientras otros escuchan, y aprenden), la comprensión de ese saber es lo importante, y precisamente la percepción de esa
sabiduría, escuchada o leída, es lo fundamental; ya sea con un volumen o un códice de la Antigüedad, ya con un
libro manuscrito medieval, o impreso del Renacimiento, o con un e-book
de los actuales; en definitiva el objeto, material o virtual, que guarda el
saber.
De manera que hoy en día, la investigación y la afición a
los libros y a la lectura, sea académica, profesional o de ocio y placer,
nos permite múltiples posibilidades de acercarnos a la ciencia y a la historia
de la sanidad, pues, como vuelve a indicarnos Chartier:
«El mundo digital multiplica… permite una comunicación
inmediata, de acceso a una inmensa cantidad de textos… Es evidente, pues, que
la revolución tecnológica actual ha transformado las relaciones entre el
lector, el texto y el autor. Para mí lo esencial reside en la transformación de
la relación entre fragmentos y obra. Por cierto, no ha sido con la revolución
digital cuando ha aparecido la lectura que fragmenta los textos y los
transforma en lugares comunes (como en el Renacimiento), en antologías de
extractos (como en el siglo XIX) o en libros de "textos escogidos"
(como en las clases del siglo XIX o XX). Y no es la primera vez que una lectura
discontinua puede elegir en un libro pasajes particulares. Pero en la cultura
del codex la materialidad del libro imponía al lector una percepción, si no una
lectura de la obra en su totalidad, coherencia, identidad» (Peña Díaz,
2010, 4)
El libro «… no va a morir como discurso, como obra cuya
existencia no está atada a una forma material particular. Los diálogos de
Platón fueron compuestos y leídos en el mundo en rollos, fueron copiados y
publicados en códex manuscritos y después impresos, y hoy pueden leerse en la
pantalla. Tampoco va a morir el libro como objeto, porque ese «cubo d papel con
hojas», como decía Borges, es todavía el objeto más adecuado a los hábitos y
expectativas de los lectores que entablan un diálogo intenso y profundo con las
obras que les hacen pensar y soñar…” (Chartier, 2007: 127-128)
Dos breves citas sobre libros médicos
![]() |
El “padre” de la medicina. Antigua Grecia, siglos V y IV
a.C.
|
![]() |
Sabio médico del siglo XII. Toledo.
Fuente: Pansier, Congregatio sive liber de oculis, tratado
primero, p. 87.
|
Con estas dos breves citas los sabios dejaron en la impronta
de la trascendencia y provecho del conocimiento de los libros antiguos, no
solamente para el saber científico de la medicina sino, también, para la
historia de la disciplina.
Bibliografía
-Cavallo G. Chartier R. et all. Historia de la lectura en
el mundo occidental. Santillana Ediciones Generales, S. L.: Madrid; 2004.
-Chartier R. La muerte del libro. Co-herencia 2007;
4(7): 119-129.
-Díaz Díaz MC. “El códice visigótico de la Biblioteca
Provincial de Toledo: sus ‘problemas literarios’. En VV. AA. Homenaje a
Antonio Tovar, Gredos: Madrid; 1972; págs. 105-114.
-Font y Roura R. Las ocho épocas Atlas histórico-bibliográfico
de las ciencias médicas, que comprende la Medicina, Cirugía, y Farmacia, con
los acontecimientos, obras, autores, sistemas, doctrinas, etc., pertenecientes
a dichas ciencias desde los tiempos fabulosos más remotos hasta el día.
Imprenta Ramón M. Indar: Barcelona; 1845.
-Hernández Morejón A. Historia bibliográfica de la
Medicina Española. Vol. I. Imp. de la Vda. de Jordán: Madrid: 1842.
-Pansier P. Congregatio sive libre de oculis. En: Collectio
Ophtalmologica Veterum Auctorum. Librairie JB Bailliere et Fils.: Paris;
1903. En: https://archive.org/details/b24869995/page/n6/mode/2up
-da Penne L. Códice misceláneo toledano (BPE de Toledo, MS.
381, Fol. 26 v.) BVPB20070008362.
-Peña Díaz M. Las revoluciones del libro y la lectura: del
códice al hipertexto. Entrevista con Roger Chartier. Álabe 2010; 1: 1-7.
(En: http://www.ual.es/alabe)




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